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Lo que Jorge Mario nos dice a través de Francisco / Sutilezas / Yolanda de la Torre V.

  • Yolanda de la Torre Valdés

Por séptima ocasión, un Sumo Pontífice de la Iglesia católica distingue a México con su visita, siendo nuestra nación una de las más concurridas en tiempos modernos por los jerarcas católicos. En principio, Juan Pablo II nos visitó en cinco ocasiones, la primera en 1979, la segunda en 1990, la tercera en 1993, la cuarta en 1999 y la quinta en el 2002. Tras su fallecimiento en abril de 2005, el papa Benedicto XVI lo sustituyó y visitó México en marzo de 2012, tal fue la sexta ocasión. Si bien Benedicto XVI hoy es Papa emérito tras su renuncia en 2013, lo sustituye en vida el argentino Jorge Mario Bergoglio, quien se ha hecho llamar papa Francisco y nos visita en este 2016, trayendo un mensaje interesante, un atractivo carisma y una alegría que ha venido a exaltar al pueblo de México, ávido de momentos para sonreír.

El papa Francisco es un particularmente interesante Pontífice de origen Jesuita, con una visión de la vida y de la sociedad que hace que su mensaje, además de penetrar profundo en las conciencias, pueda tener diferentes lecturas, todas congruentes, y por supuesto aleccionadoras, como hemos visto en varias de las frases clave pronunciadas durante su estadía en México.

Apenas el lunes en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, expresó: “La precariedad, la escasez, el no tener lo mínimo nos puede desesperar, nos puede hacer sentir una angustia fuerte ya que no sabemos cómo hacer para seguir adelante, y más cuando tenemos hijos a cargo. La precariedad no solo amenaza el estómago, y eso ya es decir mucho, sino que puede amenazar el alma, nos puede desmotivar, sacar fuerza y atentar con caminos o alternativas de aparente solución pero que al final no solucionan nada”. Se trató de una sola expresión en la que hace ver cómo la precariedad se ha traducido en descomposición del tejido social de México, induciendo desesperanza aprendida, llevando a nuestros jóvenes a optar por el camino de la delincuencia y a tener una sociedad con posibilidades escasas de desarrollo.

Allá mismo, en Chiapas, el Papa dijo lo siguiente: “El mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita a ustedes. Los jóvenes de hoy, expuestos a una cultura que intenta suprimir todas las riquezas, características y diversidades culturales en pos de un mundo homogéneo, necesitan que no se pierda la sabiduría de sus ancianos”.

Se trata de otra lúcida expresión que nos llama a recuperar nuestra esencia humana, a reconocer y enriquecernos como especie con base en diferencias que nos complementan y que no deberían descartarnos. Volvernos un mundo homogéneo es pretender que todas y todos pensemos igual y cabe indicar que donde todos piensan igual, ninguno piensa mucho.

Casi recién llegado a México, en plena homilía en la Catedral Metropolitana, el papa Francisco señaló: “En ese amanecer, Dios se acercó y se acerca al corazón sufriente pero resistente de tantas madres, padres, abuelos que han visto partir, perder o incluso arrebatarles criminalmente a sus hijos”.

Se trata de una frase que llega muy profundo en una sociedad como la nuestra en la que hay diferentes grupos que han vivido mucho dolor por diferentes y siempre muy humanas circunstancias, nos llega a todos, pues finalmente nadie se puede sustraer del dolor de otros, al que difícilmente podremos llamar “dolor ajeno”

Es así que ha transcurrido la visita del jerarca de la Iglesia católica a México, como una especie de lección constante de cómo asumir con sabiduría la vida, algo que va mucho más allá de la mera religión, algo que nos une y reúne como seres humanos.
* Senadora por el Estado de Durango

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@yoladelatorre