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Lo que natura no da, titulación no lo presta

  • Salvador del Río

  • Salvador del Río

Fue presentada ante el Senado la iniciativa para una Reforma Constitucional que establezca como requisito para ser diputado tener como mínimo  una licenciatura. Un congreso de licenciados o de doctores, se pretende, un gobierno tecnocrático y discriminatorio.

Las Cámaras Legislativas, para ser verdaderamente representativas en un régimen democrático como al que nuestro país aspira, deben estar integradas por todos los sectores y todos los segmentos de la población. La condición primordial para ser diputado no es la posesión de un título sino el compromiso con los intereses de la comunidad. Un grado universitario no es garantía de esa condición ni mucho menos de la entrega honesta y decidida al servicio de la comunidad que se espera de un legislador.

Ningún cargo de elección popular requiere del cumplimiento del requisito de titularidad académica, incluido el de Presidente de la República. Adolfo Ruiz Cortines carecía de un título universitario y fue un presidente con un gran sentido de la defensa de nuestra soberanía y de los intereses superiores del país. Lázaro Cárdenas y los generales revolucionarios, sin título universitario construyeron las instituciones que hoy rigen al país. En cambio, el grupo de Los Científicos de la época porfirista no impidieron la injusticia y la desigualdad de la dictadura.

Pretender que solo una licenciatura o un doctorado garantizan la eficiencia y la capacidad de un servidor público es un error. Ejemplos de una formación autodidacta abundan en la historia. Rodrigo Gómez, uno de los más brillantes directores del Banco de México, creador de la modernidad de esa institución, confesaba no haber cursado sino hasta el cuarto año de primaria. La autoformación, en una gran cantidad de casos, es reconocida por las instituciones de educación superior y por la propia autoridad con otorgamiento de títulos profesionales y autorización para ejercer una profesión en casos de conocimientos adquiridos a lo largo de una carrera.

La iniciativa que pretende instaurar en las Cámaras Legislativas solo a las capas de la meritocracia, de aprobarse, dejaría fuera del Congreso a representantes de sectores como el campesino, el obrero o el popular, muchos de cuyos miembros tienen un conocimiento mucho más amplio y profundo  de los temas que ahí se tratan que algunos profesionales titulados. El proyecto dejaría fuera también, por ejemplo, a los jóvenes que al cumplir 18 años acceden al derecho de ser diputados según la reforma  que disminuyó la edad requerida para ese cargo de elección popular en 1973.

No ocurre así con actividades específicas que requieren la titularidad. Un médico no puede encargarse de la construcción de una carretera ni un ingeniero llevar la defensa en un proceso judicial. Pero ese médico o ese ingeniero sí pueden –y hay muchos casos ilustrativos- ser diputados o senadores y abordar en las Cámaras del Congreso los más variados temas. Con la iniciativa presentada se pretende salir al paso de lo que se considera una falta de preparación en la generalidad de los representantes en las Cámaras Legislativas, una lamentable ignorancia, se dice, de la técnica parlamentaria y de los temas que ahí se abordan. Tales carencias, que se observan por igual en profesionales o no, son suplidas, en México y en muchos otros países por los sistemas de asesoría y de orientación que tanto los partidos políticos como las propias Cámaras tienen para apoyar las tareas de los legisladores.

La iniciativa presentada por la senadora panista, Sonia Rocha Acosta  debe ser desechada en el debate que en torno a ella ha comenzado. Un título no estorba, es deseable, pero no indispensable para servir al país.
Srio28@prodigy.net.mx