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Lo que quieren Obama y los Castro / Rosamaría Villarello

  • Rosamaría Villarello

El cierto escepticismo del avance de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba proviene principalmente de aquellos que desearían que las cosas hubiesen cambiado de un día para otro.

Ello a pesar de que casi en un siglo, 90 años para ser más exactos, no había habido la visita de Estado de un presidente estadunidense a la isla caribeña y el restablecimiento de las respectivas embajadas después del rompimiento producido por la Revolución Cubana. Tan es así, que siguen saliendo miles de cubanos hacia el país del norte, muchos de ellos a través de México, por el temor de que continúen las restricciones para viajar o porque de cualquier forma no se quieren quedar.

La visita de Barack Obama y su familia a Cuba acentuará el deseo de perseguir el sueño americano; pero los que quieren quedarse, sobre todo los defensores los derechos humanos, la disidencia y la oposición al régimen castrista, ven la oportunidad de que se aceleren los cambios que les darían la oportunidad de alcanzar otro sueño: la construcción de otro sistema.

El desbloqueo del comercio, petición bandera del régimen de la revolución, no tardará mucho en verse reflejado en realidades; una prueba podría ser la liberación del dólar o el hecho mismo de que jugadores profesionales, sobre todo beisbolistas, puedan cotizarse en el mercado norteamericano, principalmente; lo que evitaría, por un lado, la deserción de los jugadores que salen de su país a enfrentarse con otros equipos y por otro, el negocio que representa.

Hay otros aspectos que tendrían que ponerse en una balanza, en cuanto a los beneficios del viaje de Obama y sus repercusiones, que tienen que ver con un compromiso en el que El Vaticano se ha comprometido y es en materia religiosa, en particular a la profesión católica; sobre todo después de la visita pasada de Francisco y su intervención en el acercamiento de los dos países. La visita del Presidente a la Catedral tiene ese significado especial y no solamente en cuanto a la libertad de cultos.

El tema de los presos políticos, sobre todo porque es de ida y vuelta pero no solo a los de nacionalidades estadunidense y cubana, sino en cuanto a los que hasta ahora subsisten en Guantánamo por ser considerados terroristas que participaron sobre todo en los ataques en 2011. Este último ha sido uno de los compromisos de Obama desde que llegó al poder hace más de siete años y que los Castro han insistido particularmente, pero ambas partes por diferentes razones.

Lo que no estuvo en la agenda bilateral fue la de devolver a la soberanía cubana la base, la de Guantánamo, lo que no ocurrirá. Para Estados Unidos su conservación es estratégica y para Cuba también es, pero en el sentido de que con la normalización de relaciones, estará pensando en un nuevo convenio del finiquitado en 1903, el que seguramente ya no verán los Castro; tal vez en un futuro muy lejano.

Por cierto, ¿habrá habido algún encuentro secreto de Obama con el Comandante?