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Locos por el dinero / Paul Krugman

  • Paul Krugman

En este año de Trump, la tierra se agita por la estridencia de los lamentos de comentaristas políticos, desgarrándose las vestiduras y clamando: “¿Cómo puede estar pasando esto?”. Sin embargo, unas pocas almas valientes están dispuestas a susurrar la horrible verdad: Muchos votantes apoyan a Donald Trump porque en efecto coinciden con sus ideas.

Esta no es, sin embargo, una columna sobre Trump. Es, más bien, sobre el senador Ted Cruz, quien ha surgido como el candidato favorito de la élite del Partido Republicano (GOP) ahora que han implosionado alternativas menos desagradables.

En cierta forma, esto es un suceso bastante notable. Esto porque Cruz ha afirmado posiciones con respecto a temas cruciales que son, para no ponernos demasiado exigentes, una locura. ¿Cómo pueden respaldarlo republicanos de la élite?

La respuesta es la misma para Cruz y la élite que para Trump y la base: prominentes republicanos apoyan a Cruz no a pesar de sus posiciones de política, sino debido a ellas. Pudiera no gustarles su estilo, pero coinciden con su sustancia.

Esto es cierto, por ejemplo, cuando se trata de la beligerante postura de Cruz con respecto a política exterior. Republicanos de la cúpula pudieran hacer un gesto de dolor ante la predilección del candidato por hablar sobre “bombardeo de alfombra” o su selección de un notorio intolerante antimusulmán y teórico de conspiraciones como uno de sus asesores.

Sin embargo, tanto Jeb Bush como Marco Rubio eligieron equipos de política exterior dominados por la misma gente que orilló a Estados Unidos a la debacle de Irak, y no aprendieron nada de la experiencia. Sé que no fui el único observador que vio esas alineaciones y pensó: “Ellos, de hecho, serán recibidos como liberadores”.

Y después está un tema cercano a mi corazón: política monetaria. Pudiera sorprenderle enterarse de que pocos de los temas sobre los que escribo inspiran tanta pasión… o tanto correo con comentarios de odio. Además, es un tema con respecto al cual Cruz ha trazado una posición distintiva, pronunciándose por el regreso al patrón oro.

Esto es, en caso que se lo estuviera preguntando, una posición bastante extrema entre economistas. Cuando se preguntó a integrantes de un gran panel bipartidista sobre política económica, administrado por la facultad de negocios de la Universidad de Chicago, si un patrón oro sería una mejoría con respecto a acuerdos actuales, nadie dijo que sí.

De hecho, muchos economistas creen que un destructivo enfoque sobre el oro jugó un importante papel en la proliferación de la Gran Depresión. Además, la obsesión de Cruz con el oro es una de las razones para creer que él haría incluso más daño económico en la Casa Blanca del que causaría Trump.

Así que, ¿cómo pueden republicanos de la élite – personas que han denunciado a Trump en parte debido a que alegan que él promueve terribles políticas económicas – estar apoyando a un candidato con perspectivas tan extremas? La respuesta es que muchos de ellos también están ahí, en el extremo.

Esto no siempre fue verdad. Apenas en 2004, economistas de la administración Bush elogiaron el mismo tipo de activismo estratégico que un regreso al patrón oro se supone que debe prevenir, declarando que la “política monetaria agresiva puede contribuir a acortar y atenuar una recesión”. Sin embargo, los republicanos prominentes de estos tiempos, viviendo en su propio universo intelectual cerrado, son una raza muy diferente.

Consideremos, para nada como un ejemplo arbitrario, al representante Paul D. Ryan, el presidente de la cámara baja y discutiblemente el líder de facto de la cúpula republicana.

Como he apuntado en diversas ocasiones, Ryan es fundamentalmente un timador con respecto a su tema distintivo, la política fiscal. De manera incidental, por lo que vale, Cruz ha sido relativamente honesto bajo los estándares de su partido con respecto a este tema, declarando abiertamente su intención de aumentar impuestos que afectan a los pobres y la clase media, incluso al tiempo que los abate para los ricos.

Sin embargo, Ryan parece ser un verdadero creyente con respecto a la política monetaria; el tipo de verdadero creyente cuya fe no puede sacudirse por evidencia apuntando a lo contrario. Han pasado ya cinco años desde que él acusó a Ben Bernanke de estar yendo en pos de políticas inflacionarias que “degradarían” al dólar; si el creciente dólar y la menguante inflación que siguieron le ha dado pausa alguna vez, él no ha dado señal alguna de eso.

Pero, ¿cuál es exactamente la naturaleza de su fe monetaria? La misma que la naturaleza de las creencias de Cruz: Ambos hombres son devotos de Ayn Rand, incluso si Ryan ahora intenta restarle importancia a su admiración bien documentada hacia Rand.

En un punto dado, Ryan se puso bastante específico con respecto a sus raíces intelectuales, declarando que él siempre regresa al “discurso de Francisco d’Anconia sobre el dinero” – uno de los interminables monólogos en el “Menospreciado Atlas “ de Rand – “cuando pienso en política monetaria”. Y ese discurso es un himno al patrón oro y una denuncia a la impresión del dinero por considerarla inmoral.

Aquí la moral es que no debería tomarnos por sorpresa la voluntad de la cúpula republicana de formarse detrás de Cruz. Sí, Cruz se presenta como un forastero, y ha logrado ganarse notablemente muchos enemigos personales. Pero, aunque sus ideas de política son extremas, reflejan el mismo extremismo que permea a la élite del partido.

No hay un solo moderado, o para lo que es igual, personas sensatas, en ninguna parte de esta historia.