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Los claroscuros de la jornada electoral

  • Carlos Carvallo

Carlos Carvallo

Este 5 de junio se comprobó una vez más que a pesar del hartazgo que distintos estudios de opinión declaran hacia el sistema de partidos, las elecciones continúan siendo un mecanismo democrático concurrido para definir, de manera pacífica, la renovación del poder político en México.

La jornada electoral del pasado domingo, en la que estuvieron convocados a las urnas 37.3 millones de mexicanos, cifra que supera a la población total de Venezuela y Canadá, tuvo claroscuros.

La luz: se instaló el 99.98 por ciento de las 68 mil 28 casillas aprobadas. La sombra: actores políticos irresponsables que se autoproclamaron vencedores con datos de encuestas de salida sin esperar los resultados oficiales. La luz: niveles de participación cercanos al 60 por ciento en Hidalgo y Oaxaca además de 58 por ciento en Zacatecas. La sombra: campañas políticas carentes de propuestas. La luz: ciudadanos que saben usar su voto para premiar o castigar a los gobernantes. La sombra: poca capacidad de los candidatos para reconocer las derrotas.

Más allá de las acusaciones entre los actores de todos los colores, de un debate corto de miras y de la aparente depresión de algunos analistas y medios de comunicación, la ciudadanía estuvo por encima de los políticos y decidió acudir a las urnas.

Sin embargo, nada de esto habría sido posible sin el esfuerzo y la dedicación de más de 476 mil ciudadanos, equivalente a casi cinco veces el aforo del Estadio Azteca, quienes fueron capacitados por 13 mil 690 trabajadores contratados por el Instituto Nacional Electoral (INE) para contar el voto de sus vecinos el pasado 5 de junio.

Gracias al Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), que en algunos Estados, como es normal, avanzó más rápido que en otros, al día siguiente de la elección se tenía un claro panorama que contribuyó a la tranquilidad y estabilidad política.

El PAN ya sea de manera individual o en alianza, con datos preliminares, ganó siete de las 12 gubernaturas en disputa: Aguascalientes, Chihuahua, Tamaulipas, Durango, Quintana Roo, Puebla y Veracruz. El PRI obtuvo el triunfo en cinco: Hidalgo, Oaxaca, Sinaloa, Tlaxcala y Zacatecas.

En la Ciudad de México, Morena confirmó ser la primera fuerza política, pues de los 60 diputados electos para integrar la Asamblea Constituyente, tendría 22 contra 19 del PRD y en un lejano tercer lugar Acción Nacional con siete. Solamente un candidato independiente, Ismael Figueroa Flores, tendrá la oportunidad y la responsabilidad de influir en la redacción de la nueva Constitución que regirá la vida de los capitalinos a partir del 5 de febrero del 2017.

Cuatro Estados de la República Mexicana, después de varias décadas, dejarán de ser gobernados por el PRI: Durango; Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz. Estos datos reflejan dos cosas, la primera: que los ciudadanos, a través de su voto, son quienes deciden la permanencia de las fuerzas políticas en el poder, o en su caso, la alternancia. Y la segunda: que se trata de elecciones competidas y auténticas, porque de otra manera no habría cambios de partidos en los gobiernos locales.

Estas elecciones, como todas, tienen luz y sombras, pero la mejor noticia para todos es que se confirma la vía pacífica e institucional para renovar el poder en México.
*Periodista. Asesor del Consejo General del INE