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Los conflictos que persisten, aún en fin de año / Poder Nacional / Javier Oliva

  • Javier Oliva Posada

Londres. Desde luego que estas fechas no deben prestarse sino para desear buenos momentos, mejoras en la calidad de vida y sobre todo: paz. Pero precisamente para alcanzarla, hay que partir de lo que sucede y por qué sucede, antes de tratar de resolver los complicados y dilatados problemas, a partir de voluntades que por bien intencionadas que sean, son del todo insuficientes para atender las causas de la violencia e inestabilidad.

Por ejemplo, en Afganistán, la lucha entre facciones del islamismo radical, se extiende ahora, hasta la frontera con Irán. El repunte del Talibán para confrontar a las primeras evidencias del Estado Islámico en aquella parte del país deja en claro que la llamada “guerra sin fin” le hará honor a esa denominación por lo menos durante varios años más. Un Gobierno sin estructura, con notables presiones militares e insurgentes, sin el control del territorio soberano, propicia además de la pobreza, la migración por miles hacia destinos como Europa o el Sudeste Asiático.

Otro tanto podemos observar en Irak. Si bien el Estado Islámico de Siria y Levante ha perdido, según fuentes especializadas como Jane’s, hasta un 17 por ciento del territorio bajo su control, eso no implica por supuesto, que la paz comience a reinar. Ahora viene el proceso de negociación entre las partes y saber si el presidente de Siria, Bashar al-Assad, permanece o no en el poder, es un asunto crítico. Pero para llegar a este punto, también faltarán varios años, antes de que se pueda afirmar con responsabilidad que el Estado Islámico ha sido derrotado y reducido.

El terrorismo extiende sus capacidades destructivas hacia varios escenarios que antes le quedaban distantes tanto en lo geográfico como en lo cultural; la expresión más notable, han sido los atentados durante 2015 en París. En enero y noviembre pasados, fuimos testigos de acciones que cambiarán incluso, el texto de la Constitución de Francia, para ampliar las facultades de las autoridades en la conducción de situaciones de crisis o severos desajustes al orden público. También en los Estados Unidos, se anunció el miércoles en Washington, que el pase de todos los pasajeros por el escáner será obligatorio. Adiós a la privacidad como argumento filosófico de la libertad, ante las reales amenazas a la seguridad en los aeropuertos.

Fuera de la tendencia terrorista de orientación islámica, en otras partes de mundo, tampoco la violencia cesa su depredación sobre los sistemas sociales. Michoacán, Tamaulipas y Guerrero, han sido muestra desafortunada de asesinatos colectivos en donde, para variar, la presencia del Ejército Mexicano, la Fuerzas Aérea Mexicana y la Armada de México, ha sido exigida tanto por la sociedad como por las autoridades civiles locales. Las mediciones del Gobierno discrepan de las de organizaciones sociales y de especialistas en la materia; sin embargo, lo cierto, es que las expresiones de violencia derivadas de la actividad delincuencial allí están y no ceden. El problema radica en que el enfoque, como desde el sexenio anterior sigue siendo la respuesta reactiva y la puesta en marcha de uno tras otro, de nuevos operativos.

Tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido y en otras naciones, los enfoques sobre las razones antropológicas, estructurales y coyunturales de la violencia, están abriendo nuevas rutas de estudio y análisis para su solución o al menos, para su contención. No está de más, atender desde México esas propuestas, aunadas a las que desde nuestro país generemos. La cuestión es, reconocer las limitantes de lo aplicado hasta ahora.
javierolivaposada@gmail.com