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Los demonios andan sueltos

  • Catalina Noriega

No hace falta ser brujo para adivinar que la inseguridad crece, como lo reconoció Peña Nieto. Ni quien se salve ni quien no comente horrorizado, que a fulanita la asaltaron y a perenganito le vaciaron la casa.

Lo declaró en la reunión de la Conago (Conferencia Nacional de Gobernadores), a la que fue para pasar la estafeta a Miguel Ángel Mancera, que al fin se sale con la suya. El minidesgobernante de la Ciudad de México, está convencido de que, el “honroso” encargo acabará de lanzarlo a la silla embrujada del 2018. ¡El que no lo conozca que lo compre!

Fue la despedida de otra joya de las que “alumbran” las entidades, el morelense, Graco Ramírez. Se deshicieron, como es su insana costumbre, en abrazos, en discursos demagógicos y en “compromisos”, que jamás cumplen.

Ramírez, a quien la vox pópuli acusa de cuanto hay, sugirió se hiciera un Código de Ética para estos insignes ejecutivos. Tendría que empezar por aplicárselo a su persona y colaboradores que lo rodean, incluido su diligente hijastro (Rodrigo Gayoso), mandamás local del PRD. Buenos para el jarabe de pico y pésimos para ejercer sus obligaciones.

Trepados en su Olimpo, jamás vieron las trapacerías de sus homólogos de Veracruz, de Chihuahua, de Sonora, de Nuevo León y demás sátrapas que arramplaron con los dineros de las arcas. Tampoco les hizo mella la queja de la población, azotada por el hampa.

Las organizaciones de la sociedad civil, alertan sobre el incremento de los delitos. “Semáforo Delictivo” se refirió al primer trimestre del año y tan solo las ejecuciones subieron un 70 por ciento. El robo a negocios, un 47.

Bastaría con la denuncia de lo sucedido en el kilómetro 96, de la carretera de San Martín Texmelucan (Puebla), donde una familia circulaba en horas de la noche. Los detuvo una banda. Violaron a la esposa y a la hija de 14 años. Asesinaron de un balazo a su chiquito de dos años y golpearon al padre, quien estaba imposibilitado de defenderlos. Dicen fue para robar una triste camioneta. ¿Se puede creer en una violencia injustificada, de esos calibres?

En la misma entidad, a los dos días, se dio una balacera en la que murieron diez personas, cuatro de ellos militares. Se atribuyó a cuestiones de robo de combustible.

En Reynosa, Tamaulipas, los zafarranchos se hacen cotidianos; en 48 horas, a pesar de haber “Código Rojo”, contabilizaron nueve muertos. Recién llegó el nuevo gobernador, García Cabeza de Vaca, con la boca llena de palabrería. O se ubica, o Tamaulipas seguirá como siempre estuvo, bajo la férula priísta.

En la Ciudad de México, donde se vive “como en Jauja” -de acuerdo a su inoperante mandamás-, encuentran el cadáver de una mujer en la UNAM, hallazgo deplorable para la máxima casa de estudios.

En un par de balaceras, seis muertos (Mercado de Sonora y Plaza Meave), entre otros homicidios que se procuran hacer pasar como inexistentes. Del asaltadero en la vía pública y el robadero a casas habitación, ni hablar: in crescendo.

¿Y la gloriosa Conago, sirve de algo? Para alimentar los sueños de opio, de los diosecillos que la conforman. Poco hacen por profesionalizar a sus policías, estudiar las causas de esta escalada de violencia yelaborar planes y programas, estrategias que devuelvan la tranquilidad a la población. Cuando el agua les llega al cuello, le pegan un grito a la federación, para que les mande más “elementos” de las Fuerzas Armadas y la Policía Federal.

Vivir en la incertidumbre, no es vida. Ocupados en la electoritis, los de la Conago ni se enteran.

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