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Los días

  • Pasos de Diamantina: Lorena Avelar

El cielo amanece oculto, invoca y cubre su desnudez azul, pero yo solo quiero verte o sentirte respirar, desdoblarme, advertir cómo se moja la calle y escribir un poema que pueda publicar.

Los días pasan, nunca se quedan, reverberan en mi cabeza contando los segundos. Contengo la respiración para no ahogarme con tanto suspiro muerto, por tanta ausencia, por los sollozos y la impotencia de estar lejos.

Los días saltan los baches y, sin paracaídas, ondean banderas de aventura. Días que vuelan fugitivos, verdes, azules y grises, naranjas, violetas, blancos, solo blancos y blancos solo negros, de todos y de ninguno, de soñar entre realidades o de sufrir calamidades. Días sin calendario, del optimismo y lo eterno, de marcadas conciencias por lo bello y lo sincero, de ilusiones pintadas en lienzos, de música e instrumentos, de trenes a todo trapo y caballos a trote, de profundas grietas cauterizadas en manos de amores excelsos.

Los días prefieren nubes y otros noches, días de frio o de calor, de proyectos, de encuentros fortuitos, de estrenos y finales, de flores y males, de vidas y muertes, de cantos y señales, de viajes y lenguas, culturas y artes. Hay días para todo y, al mismo tiempo, para nada.

Los días sueñan, duermen, ríen, lloran, inundan lo que amas, y los amaneceres reclaman el mundo, acaban en un instante y a veces merece la pena quedarse, a veces tienes de todo y a veces lo das por nada. A veces te imagino a mi lado y, a veces, no importa qué hagas, pues sigo aquí viendo pasar los días en que a veces eres tú y otras yo, y con Pasos de diamantina, anhelo los días para los dos.