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Los Duarte

  • Raúl Carrancá y Rivas

César Duarte, gobernador que fuera de Chihuahua, y Javier Duarte, que lo fuera de Veracruz, comparten algo más que el apellido, a saber, el escándalo y la presunción (hecho que la ley tiene por cierto sin que aún sea probado y también suposición, indicios, señales) de diversos delitos como enriquecimiento ilícito (inmoral en grado superlativo), abuso del poder y complicidad con la delincuencia; siendo el enriquecimiento ilícito el escándalo mayúsculo en el caso de ambos, por cierto prófugos de la justicia. Escándalo que ha rebasado las fronteras de México y que nos señala como país en que abunda y sobresale la corrupción. Desde luego el Ministerio Público indaga e investiga lo que hicieron, pero no es suficiente aunque sí necesario pues lo contrario favorecería descaradamente la impunidad.

Ahora bien, al margen -que no en contra- de las implicaciones políticas de lo anterior, lo verdaderamente grave es que se tenga que investigar, procesar y sentenciar aquello que nunca debió suceder. Por supuesto que la investigación es imprescindible pero siempre pensamos, aparte de ella, en la imperiosa necesidad de evitar hechos de esa naturaleza. Se trata aquí nada menos que de la prevención de los delitos, tema vital y que sigue siendo uno de los fundamentos del Derecho Penal. Sin embargo y en los casos de que me ocupo, faltó algo de la mayor relevancia y que es el que debe ser un currículum impecable, sobre todo moralmente hablando y relativo a las acciones pasadas y presentes de las personas en cuanto a su obrar en su vida individual y colectiva. Existen lo bueno y lo malo, lo positivo y lo negativo, que van quedando registrados en la historia de todas las personas. ¿Cómo es posible entonces que los partidos elijan y escojan, en calidad de candidatos a cargos de elección popular, a gente no calificada en lo moral? El escándalo empieza allí por la presencia de complicidades, acuerdos y componendas o transacciones censurables o de carácter inmoral. Lo evidente es que el ejercicio político se ha enturbiado, manchado y denigrado en un elevado índice. ¿La causa? La selección de candidatos sin previa depuración. Al respecto yo creo que el Instituto Nacional Electoral (INE) debería ser más exigente, o bien la ley que lo rige, porque sin darle tantas vueltas al asunto centrémonos en un punto neurálgico, que es el siguiente: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo”, dice el artículo 39 de la Constitución. ¿En tal sentido es concebible siquiera que la expresión humana, formal y política de esa soberanía, o sea, el servidor público, evada o soslaye su responsabilidad moral? En el Título Cuarto de la Constitución las responsabilidades son únicamente políticas y penales. ¿Pero puede haber acción política o bien acción que lleve a la comisión de un delito sin una precedente naturaleza inmoral? Y conste que en este terreno hay siempre indicios, antecedentes, sospechas fundadas. En lo que se pone mucha atención es en los historiales de trabajo, de escalafón laboral, incluida la llamada “experiencia”. ¿Y la “experiencia” moral si cabe el término? ¿Dónde queda? Los Duarte son sin duda alguna un ejemplo de lo que no debe ser y de lo que es, por desgracia, el resultado funesto de una omisión imperdonable generadora de delitos que comprometen al país y obviamente a quienes los seleccionaron. ¿Y los que votaron? ¿Y su soberanía? Burlada, engañada, frustrada, desvanecida su esperanza en una democracia real. ¿El remedio? Que el Instituto Nacional Electoral y el Congreso de la Unión tomen conciencia de lo anterior.
@RaulCarranca

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