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Los hombres apoyan… Las mujeres orientan

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

“El pasado está escrito en la memoria, y el futuro está presente en el deseo”

Carlos Fuentes
A los hombres hay que orientarlos, siempre hay que hacerlo, porque la verdad es que no son muy… Qué decir muy, nada buenos en las artes amatorias. Debemos encaminar las cosas, comentaba una amiga, a golpe de mimosas… Mejor dicho, a sorbo…

Las demás reíamos. Solo había un varón en la mesa, y la verdad es que ni hacía por defenderse, la escuchaba divertido. Era la más respetable del grupo, hablando de edad. Ni más ni menos.

El caballero de la reunión, supongo que se pensó en un concierto de Paquita “La del Barrio”, y se dijo, para qué meterme en líos. Vamos a ver qué son capaces de decir en mi presencia, como si no estuviera. Es más, casi se esfumó. Es lo que siempre nos gusta, respecto a leer diarios o documentos ajenos, de las novelas también, entrar y habitar mundos que normalmente nos son extraños, aquellos a los que no pertenecemos y solo a veces o momentáneamente, podemos al menos ser escuchas, lectores, cómplices… Con suerte y se nos permite más. ¿Se imaginan?

De las mujeres, nadie nos atrevimos a contradecir a Sandra, la que hablaba de la importancia de orientar a los varones. Pero, ¿realmente todas pensábamos que así era? ¿Esa había sido nuestra experiencia? ¿Teníamos tanta?

Días después, le comentaba lo ocurrido a un caballero de la noche, así le gusta a él nombrarse. -¿Será que sí, que a los varones habrá qué orientarlos?, inquirí.

-Bueno, me respondió como resorte y con toda naturalidad: Nosotros las apoyamos…, y agregó, contra el muro, contra el sillón, contra lo que se pueda.

Primer punto de acuerdo: Tanto las féminas como los varones pensamos en tener sexo.

Segundo punto: En un grupo de mujeres, nosotras somos las dominantes y las que dirigimos. En un grupo de hombres, ellos son quienes lo hacen.

Es por eso que el título de este texto es: Los hombres apoyan…, las mujeres orientan. Definitivamente, si lo vemos en frío, encontramos que no existe posibilidad de entendernos entre unos y otras. La supremacía, y no la equidad, pareciera la norma.

Y si así fuera, solo por discutir, ¿en qué, mis queridas mujeres, les gustaría la supremacía? Si se tratara de que nosotras fuéramos las que la tuviéramos. Me atrevo a decir que no la queremos, pero de eso nos ufanamos en las charlas entre amigas.

Los hombres se toman con más humor nuestras bromas al respecto, sobre todo si estamos en un grupo mixto. Ni caso que hacen. Sin embargo, percibo que las mujeres nos sentimos más ofendidas y respingamos.Pero, ¿por qué? Porque los varones son más seguros de sí mismos que nosotras, independientemente de si existe o no la necesidad de orientarlos. Esto no viene de ayer, es algo ancestral contra lo que tenemos que ir avanzando, debemos ir haciendo mutar a nuestros genes y mostrarnos más divertidas, menos gruñonas, más seguras de nosotras mismas, más conocedoras de nuestros atributos y habilidades. Burlarnos incluso, el humor es el gran aliado.

De cualquier manera, si la mujer no tiene ni idea de cómo sentir y generar placer en una relación sexual, bien puede aprender y volverse experta si el varón la orienta y agregaría también, si ella desea. Y si el varón es malo en la cama, puede ir adquiriendo destrezas si la mujer lo apoya; incluyo el agregado, siempre y cuando, él desee. Si ninguno sabe, también pueden formarse juntos…

Eso sí, si pasado un tiempo razonable estos aprendizajes no dejan satisfechos a ambos, pues hay que cambiar. Si las entrañas no se mueven, si el cuerpo no arde, si el corazón no se agita, si la búsqueda por generar espasmos no impera, no perdamos el tiempo, no vale la pena. Recordemos que somos finitos y que llegamos al mundo a disfrutar y ser felices.

Para todas nosotras, platicándolo después, ya sin Sandra y sin nuestro amigo escucha, resultó que no solo nos gusta recibir placer, sino también otorgarlo. Nos gusta lograr que el cuerpo del otro arda y es la pausa la que lleva a ello, la pausa y la arremetida, el control en el descontrol. La pregunta, la caricia, la urgencia que también puede funcionar, pero siempre y cuando sea sabia, sea biunívoca.

Somos primitivas. Ha llegado la primavera, y todo aquello que nos habita, controla o desboca nuestros impulsos.

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