imagotipo

Los Mexicanos vivimos menos / Resplandores / Benjamin González Roaro

  • Benjamín González Roaro

De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) los mexicanos vivimos cinco años menos que la población de los países que forman parte de este organismo.

En efecto, México tiene la esperanza de vida más baja. El promedio es de 80.5 años, el de los mexicanos es de 74.6, así que somos el país menos longevo.

Existen factores de índole cultural, alimenticio y de salud pública que explican esta situación. Por ejemplo, Japón, España y Canadá son las naciones con la esperanza de vida más alta: 83.4; 83.2 y 80.5 años, respectivamente.

En México una de las causas atribuibles a esta situación radica en el tema de la obesidad. Tenemos la segunda tasa de obesidad más alta –después de Estados Unidos– ya que uno de cada tres adultos es obeso y este problema tiene su origen, en gran medida, en los malos hábitos de alimentación (los mexicanos consumimos importantes cantidades de comida chatarra y bebidas endulzadas) y a la vida sedentaria que favorecen el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y distintos cánceres entre la población de diferentes edades.

Otro aspecto que la OCDE también asocia directamente con la baja esperanza de vida es la deficiente calidad de la asistencia sanitaria. Desafortunadamente, aquellos pacientes que ingresan a hospitales por males como ataques cardiacos, asma o diabetes no cuentan con una buena atención médica; esta situación también impide hacer frente al problema del envejecimiento de la población y al creciente número de personas que padecen una o varias enfermedades crónicas.

El hecho de que los mexicanos tengamos esta esperanza de vida, es consecuencia del conjunto de déficits que se requieren superar en el campo de la salud. Las carencias y limitaciones en términos de infraestructura y presupuesto, entre otros, que hoy impiden contar con servicios de calidad, así como la ausencia de programas eficaces en materia de prevención provocan que la población viva menos años. Desafortunadamente ésta es nuestra realidad.

El presupuesto destinado a salud es un factor clave para revertir la situación actual. Si bien la OCDE reconoce que desde el año 2012, el gasto público para salud en México se ha incrementado mucho más rápido que en la mayoría de los países de la OCDE; también señala que el gasto en este rubro, por persona y como porcentaje del PIB, sigue siendo inferior respecto a los demás países, excepto Turquía.

Lo cierto es que en el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2016, que el Poder Ejecutivo entregó a la Cámara de Diputados a inicios del mes de septiembre, la Secretaría de Salud registra un descenso de 6.7 por ciento en su Presupuesto al pasar de 139 mil millones, este año, a 129 mil millones.

Comprendemos que en un contexto de ajustes económicos, el Gobierno está obligado a un ejercicio transparente, racional y eficaz del gasto, pero cuando está a la vista la manera en que la obesidad, la diabetes o los padecimientos cardiacos impactan a la población, no puede haber duda respecto hacia dónde concentrar los esfuerzos.

Por otro lado, la sociedad tiene una gran responsabilidad. En las manos de los hombres y mujeres de este país se encuentra una buena parte de la solución, al modificar sus  hábitos alimenticios e intentar una vida lo más saludable posible. La gente tiene que cuidarse.

El Estado debe garantizar servicios de salud de calidad, pero una sociedad responsable también debe hacer mucho por sí misma.