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Los misterios de Onán

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

  • Mujeres en busca de Sexo
  • Celia Gomez Ramos

Me comentaba una amiga, dijo que para darme letra para un cuento, que un perrito al que ella atiende los fines de semana, uno que está la mayor parte del tiempo en el abandono y encerrado, se dedica en su soledad extrema a la masturbación constante. Me platica ella, que trata de hacerlo reconsiderar con explicaciones muy humanas, cuando lo mira, pero que no por ello, el perrito -“El gordillo” le llama-, refrena sus impulsos y su satisfacción.

Bien entiende ella, o lo intenta, que tiene este perro terrenal tan pocas alegrías ahí encerrado, que ¿cómo no dar rienda suelta a la caricia, no obstante sea para su muy animal autogratificación?

Pues de ahí…, a los misterios de Onán, solo hay un paso. Al fin que animalitos somos.

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“¡En breve, muy en breve, me pertenecerás!… Y lo que te descubrirá no serán tus pasos, sino las palpitaciones de tu corazón…”, escribió Sören A. Kierkegaard a Cordelia en Diario de un Seductor (publicado por primera vez en 1843). Desde luego, como sus textos tenían destinatario, la primera frase no se refería a la autosatisfacción, pero ¿acaso no suena emocionante?

Latir –palpitar, imaginó el danés-, vibrar más fuerte, de dentro hacia fuera. ¿Qué tal que la masturbación ya no es únicamente para la soledad, sino también para la compañía? Autoerotismo, para que el otro reconozca lo que nos conforta, nos place, nos estimula. ¡Qué edificante!

Onán no se sentiría defraudado por ello, ni menos saludable. ¿Cuántas veces hemos recurrido a ella?,¿cuál fue la primera ocasión que lo hiciste?

Mira, mírate a ti mismo provocándote placer / Huele, huele en los umbrales del deseo / Profundiza, profundiza en los recovecos y en los hundimientos / Saborea, saborea el poder reconocerte / Disfruta, disfruta la sentencia suprema: Vida / Avanza, avanza por los caminos de la concupiscencia / Toca, toca el fuego enérgico de la piel, inúndate con su humedad / Siente, siente la sangre correr internamente presionando las venas / Gozo, gozo incrustado en mi carne ardiente / Descubre, descubre tus emociones y entrégate a sentir / Escribe, escribe en tu mente tu deseo / Dibuja, dibuja las necesidades de tu cuerpo / Memoriza, memoriza las huellas, esas cicatrices que te encienden / Emprende, emprende el recorrido al éxtasis / Verbaliza, verbaliza cada significado del ritual / Tiembla, tiembla indomable a tu ascensión alada / Grita, grita al alcanzar la satisfacción plena / Atrévete, atrévete a darte placer y a emanciparte.

Sin embargo, esta es la primera vez que quiero que me veas, no quiero que me toques, pero sí que te desnudes frente a mí, y poder observar tu cuerpo, desentrañar tus cambios a través únicamente de mi mirada.

Yo me desnudaré y te mostraré cómo me gusta, cómo puedo llegar al clímax, cómo puedo tocarme, cómo lo hago para sentir. Tú sólo mírame, paso a paso, como si estuvieras estudiándome, aprendiendo de mí.

Al tenerte frente a mí, me doy cuenta que no soy tan natural, pues tú me importas. Sin saber por qué, comienzo a actuar. No es que no sienta, pero es que al tenerte como testigo respondo diferente, soy otra. Recreo mis curvas al imaginarlas tocadas, rozadas por ti, recorriéndolas, aunque soy yo quien las recorro, quien las avanzo, quien llevo mis manos a mi boca y me chupo los dedos para después caminar con ellas por mis senos, regresar a mi rostro; nuevamente los senos, como si fuese vaivén. Me veo como quiero verme y me veo en ti como quiero que me veas. Entonces sigo acariciando mi cuerpo, mis flancos, para llegar en algún momento a mi ombligo y bajar con ambas manos hacia mis labios, separarlos, tocarlos…, jugar con ellos y frotarlos con mis dedos, el índice y el medio, doblando mis piernas, mirándote repentinamente, cuando nunca te he dejado de mirar, y que observes mis ojos incendiados, con fuego, iluminados de lujuria.

Y ahora, ahora enséñame tú cómo lo haces, cómo te reconfortas a ti mismo. ¿Me darás ese placer?
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