imagotipo

Los mohicanos de París, nueva versión / Numerados

  • Camilo Kawage

  • Los mohicanos de París, nueva versión
  • Camilo Kawage Vera

1.- De avatares de corte literario se halla plagado nuestro presente, y el género novelesco que pasa de la aventura al terror con repentinos brotes románticos evoca con frecuencia renglones clásicos que se vuelven proverbio. El caso del senador que medio volteó la espalda al partido que le dio vida en la política; en el que creció y cobró talla de singular y refinado operador, y que le confió buena parte de su suerte y en quien estaba depositado el rescate del PRD, ha recordado la frase ya intemporal de Dumas padre en su inolvidable novela “Los mohicanos de París”, cherchez la femme con un ligero retruécano, a buscar la lana. Porque le medio volteó la espalda, mas no la mano, que tiene aún bien estirada a las generosas prerrogativas que su cargo confiere.

2.- Tendría toques de comedia si no fuera dramático un caso de serpenteo en que un político de significancia propia da al traste no solo con su bien ganado prestigio, sino con los estertores de un partido en peligro de desaparecer y que ha sido –tal vez sin proponérselo- factor de equilibrio entre los extremos. El trayecto del PRD de la explosiva y novedosa rebelión de los inconformes priístas que le dio origen; la afanosa búsqueda de su identidad –dejar de ser semejanza de Cárdenas, luego juguete de su propio victimario, luego herramienta de sus tribus, luego representar una izquierda funcional y civilizada-, hasta el ingrato desahucio en que lo han dejado, merecía otra suerte.

3.- Porque vaya que era un partido fuerte; para cualquier entidad política surgida bajo el designio de la subversión y el derrotero del golpismo pacífico, pasar de depósito de fracasos con ánimo de venganza y disfraz de fervoroso afán patriótico a almácigo de talentos progresistas y propositivos, el PRD ha dado constantes pruebas de resistencia y espíritu de sobrevivencia. A pesar de haber aupado a solo dos candidatos presidenciales en su historia, ha sido fuente centrífuga de inquietudes joviales, hasta que ya no tan joviales se han dado a la fuga.

4.- Tal vez en su genética se encuentra el propio destino del PRD; ni sus fundadores ni sus líderes le han imbuido la noción de lealtad, convicción y respeto que una agrupación política requiere para subsistir. No ha generado un sentido de pertenencia ni apego institucional –les ha de parecer anticuado-, que afirme y arraigue a sus cuadros, más que servirse, exprimirlo a su límite y botarlo. Después del pronunciamiento de Barbosa –que al estilo del atamán de su nueva vocación ya estrenó compló-, y que en cualquier parte se llama traición, su dirigencia queda en el dilema de reconocer a sus prófugos con el dineral que le cuestan, o quedarse sin grupo en el Senado, con todo y la heroína de Padierna.

5.- Justo esa falla en las lealtades es la que el arrebatador de serpientes hace suya para sublimar a su audiencia. Puesto que todos los que no se le rindan son corruptos cómplices de la mafia en el poder, hace su caldo gordo con la pepena que se deje. Extraño caso de este decidor que convoca a la unidad nacional por la vía de exacerbar la división y la desunión; del desprecio y la degradación de aquel que se le oponga, pero eso sí, con unas ínfulas de demócrata y libertador que ni sus pares de Venezuela se atreverían. Menos mal que la señora Barrales tiene ya su invitación a dar el salto, sumar a su causa y salvarse, ella y su partido, de las llamas del infierno.

6.- No han entendido esos adalides que México necesita una izquierda seria, coherente y capaz; que el PRD se acercaba a ese rango y lo están destruyendo, sin una opción de remplazo. Hasta el ave fénix termina por cansarse.
camilo@kawage.com