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Los muertos | Pasos de Diamantina | Lorena Avelar

  • Pasos de Diamantina: Lorena Avelar

Antes que todo, el Sol, aparece por el horizonte y dora las pestañas, necio y persistente, las calles juegan a conglomerarse de todo, una bulla fascinante de múltiples nacionalidades y extremos, curiosidades y alrededor las ofrendas.

Los muertos hablan con la voz  sin tiempo desde las nostalgias y los sentimientos de los que se han ido y los que se irán. Aquí no hay más santos que nuestros muertos los que han dejado el cansancio de sus pasos y secado las corrientes del llanto.

Los muertos vagan entre nosotros como un estigma grabado en nuestros cuerpos; por eso me sobrecoge el entierro, porque se llevan con ellos una parte nuestra, con polvo, piedras y abrojos; luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos derramados hasta el sarcasmo.

Los muertos son voces que nos persiguen en secreto sobre el férvido deseo del agónico amor que ya expira en la penumbra coronada por el ruido punzante de las manos que estrujan los madrigales y las tumbas de frío mármol y concreto.

Los muertos son una extraña mezcla de polvos cerúleos y ambarinos en el cielo que ora oculto y, cubre su desnudez azul entre jirones de nubes,  más claros y obscuros.

Cuento los segundos antes de que empiece a llover y se lave el sollozo que increpa mi egoísmo de los que descansan en lo eterno. Sé que un día estaré por aquí durmiendo y vagando con Pasos de diamantina en espíritu entre los vivos y muertos.

/arm