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Los otros mexicanos / Francisco Fonseca N.

  • Francisco Fonseca

Secuestros, homicidios, delitos financieros y patrimoniales, conflictos de interés, ajustes de cuentas, marchas, plantones de encuerados, protestas de tianguistas, corrupción, acompañada siempre de su fiel amiga, la impunidad, etcétera, etcétera. Es el México de estos días, digo, de estos lustros, de mi México que tanto se ha agotado y vive ya cansado y avejentado. La ciudadanía ya no entiende, no sabe; más bien no quiere entender lo que ocurre y prefiere voltear la mirada hacia lo menos grotesco que son la televisión, hoy digitalizada, y los espectáculos. Distraerse, tratar de divertirse y de que su familia se distraiga aunque sea por momentos. Y eso siempre y cuando no se vaya usted a comer a un buen restaurante y de pronto le sorrajen tres tiros en la cabeza a alguien de su familia.

No debemos extrañarnos. Hace casi 80 años, en junio de 1936, un sicario entró al conocido Café de Tacuba y le disparó un solo balazo mortal al famoso licenciado Manlio Fabio Altamirano, político, gobernador electo de Veracruz, quien cenaba acompañado de su familia. Se dijo entonces que los causantes fueron los ricos terratenientes de su Estado. Algún famoso político veracruzano fue favorecido, tanto que su carrera, a partir de ese balazo, fue en ascenso. Exactamente igual ocurre hoy en día. No hay nada nuevo bajo el sol.

Todos los días escuchamos que México vive un momento histórico. No creo que esa sea la verdad. Nada de las tristezas que relatan acompasada y acordemente los medios de comunicación son históricas; son simples penas y angustias que nos han dejado los regímenes de las tres últimas décadas, acompañados de su corte de delincuentes y hampones bajo el lustroso manto del político socarrón y vende patrias, los otros mexicanos. No hay un suceso que no se fundamente en otro anterior; hay políticos que creen guiar la historia, pero hay otros que reaccionan de acuerdo a como los obliga la realidad.

¿Y qué se hace? ¿Quién hace algo? ¿Quién responde por todo lo que pasa ante nuestros ojos como un eterno e inacabable carrusel macabro? Nada ni nadie. “Laissez faire, laissez passer; dejar hacer, dejar pasar”.

Pero en estas líneas mi intención es, además de promover en el lector qué pensar o cómo juzgar la realidad que vivimos, es manifestar que, en lo personal, me encuentro en un nivel de saturación tal que quizá ya no quiero que me digan o que me expliquen desde las diferentes posturas lo que pasa en el país.

Y es que esta reacción de mi parte se debe a que hace ya algunos años he cuestionado la capacidad que tenemos los seres humanos para radicalizarnos. Con un afán de tener, intentamos hacer “mío” lo que en realidad es “nuestro”, y eso pasa también con la política. Hoy encontramos un México dividido, un país que ante la poca credibilidad de los actores políticos busca de una forma u otra tener afinidad con alguno de ellos aunque sea el “menos peor”.

Hoy debe preocuparnos que seamos capaces de darnos cuenta que el otro tiene derecho a creer y pensar como quiera, sin etiquetar a la persona con comentarios como: “se entiende que es de izquierda”, o por el contrario, con alusiones como “bueno es que a estos capitalistas de derecha no les importa el pueblo”.

Necesitamos gobernantes cercanos al pueblo, que piensen soluciones a largo plazo y no para los siguientes seis meses. Ya llevamos varios años en este tenor y ya es más que justo que México, mi México se enderece, se levante y se sacuda el aletargamiento en que lo han postrado los otros mexicanos.
pacofonn@yahoo.com.mx