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Los representantes de casilla

  • Juan Antonio García Villa

El Consejo General del INE deliberó si en la reciente elección para gobernador de Coahuila los candidatos del PRI y del PAN rebasaron el tope de gastos de campaña, de manera que pudiera proceder la anulación de dichos comicios. Según se dijo, en tal rebase fue determinante el gasto que ambos candidatos hicieron para pagar a sus representantes de casilla.

Los representantes de casilla son ciudadanos acreditados ante éstas por los partidos y candidatos contendientes, para vigilar el correcto desarrollo de la jornada electoral en los sitios de votación.

Ante la generalizada desconfianza que caracteriza a las elecciones en México, dichos representantes de casilla son absolutamente indispensables. En caso de no nombrarse, el fraude es seguro. Así lo prueba sobradamente la experiencia de décadas.

En algunos países esta figura del representante de casilla les sorprende, pues les resulta inconcebible que a los honorables ciudadanos designados por la autoridad electoral para recibir la votación les pase siquiera por la cabeza cometer fraude alguno. Pero en nuestro país no es así. De ahí la necesidad de tener alguien de confianza, sea militante o no del partido que lo designe, para que vigile el debido desarrollo de la votación y su escrutinio.

El único partido que en México puede darse el lujo de no designar representantes ante las casillas, o al menos así fue durante  siete décadas, es el PRI. ¿Por qué? Porque casualmente la Mesa Directiva de cada casilla solía estar integrada por su respectivo Comité Seccional en pleno. Salía sobrando pues tener  representantes, que desde luego también acreditaba para redondear mejor sus operativos encaminados a burlar la voluntad de los votantes.

Cuando se adoptó el método de insaculación (sorteo) para designar a los directivos de las casillas, las cosas empezaron a cambiar. Pero luego vino el desaliento ciudadano que ha hecho que numerosas personas ya no acepten esta carga cívica, y el PRI está de regreso con esta que ha sido su tradicional trinchera de defraudación electoral. Lamentablemente, así están las cosas.

En el campo de la oposición, en particular por lo que hace a Acción Nacional, la realidad ha sido totalmente distinta. Durante muchos años numerosos ciudadanos no aceptaban representar a este partido en las casillas, porque no se atrevían por temor a las represalias, que a veces eran brutales: cláusula de exclusión en los sindicatos, pérdida de derechos agrarios en el área rural, abusivas inspecciones fiscales y un largo etcétera.

Cuando la gente, agobiada por tantas crisis, empezó a perder el miedo, la oposición pudo tener una mejor y más completa cobertura de representación en las casillas. Tanto en esta nueva etapa como en la anterior, es donde personalmente he visto los mayores testimonios de gallarda heroicidad cívica. Por supuesto sin paga alguna. Al contrario, muchas veces apoyándose con recursos de su propio peculio. Los mercenarios no actúan así. Por ello, sorprende sobremanera que haya quien afirme que Acción Nacional paga a sus representantes de casilla.

Esta cuestión debe ser explicada a la opinión pública. Si se trata de un gasto simplemente imputado por la autoridad electoral aunque no se realice, debe buscarse un mejor criterio porque no parece justo que así nada más una persona con sentido cívico y de servicio pase a ser considerado mercenario.