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Los saldos de la mezquindad

  • Camilo Kawage

1.- La perspectiva que se pretende proyectar sobre las Fuerzas Armadas Mexicanas atenta contra los valores de la Patria que nos son consustanciales e intenta socavar principios básicos de la convivencia. Presentar al Ejército y a la Marina como escuela de criminales irresponsables, que matan sin preguntar a inocentes entregados, acusa la siniestra intención de medrar con la tragedia, y de ganar simpatías con la vileza del descaro. Esa estrategia se revertirá muy pronto contra sus perpetradores, porque es demasiado obvia la intención como para ocultar los intereses que buscan beneficiarse de la maldad. La infamia no prevalece, en especial porque la entraña de los mexicanos se arraiga justamente en el alma de su Ejército, nunca en el rostro inhumano de los asesinos.

2.- Tragedia es que a esta hora de México las pandillas de traficantes de drogas, de gasolina, de influencias, de terror, merezcan más compasión de los medios que deberían asumir la función de contribuir a la cohesión para bien, que las fuerzas del orden encargadas de preservar la paz y que son pilar de la unidad nacional y que en aras de un fugaz golpe de taquilla desvirtúan la voluntad, la convicción y la razón de vivir bajo un pacto social que nos hemos dado los mexicanos bajo este techo. Tragedia es pensar que nos debemos hacer a ese estado de cosas, y pensar que no pasa nada, cuando la división y la disolución social amenaza ese derrotero.

3.- Duele el solo pensamiento de que ese atentado contra la entraña de nuestra Nación provenga de una mente consciente. Parece demasiado ingenuo atribuir a un solo instinto la atrocidad de acusar al Ejército –o a uno solo de sus soldados- de un artero homicidio en plena emboscada urdida por sicarios profesionales con premeditación, alevosía, ventaja y traición contra los militares, e imputar a éstos, a priori, todas las violaciones imaginables a los derechos humanos de los cobardes que los emboscaron, y los mataron además. Por qué de los soldados muertos nadie habla.

4.- Pero a la vista de la patología recurrente que acusa la única persona que se apresura a sacar provecho de la tragedia que ha enlutado hogares de soldados de México, y por lo tanto el hogar de los mexicanos y puesto que es el único que parece beneficiarse del ludibrio, podría no resultar tan descabellado confirmar que la “humana primavera”, el pontífice de nuestros destinos, el imán del presente, tenga que ver con esa infame campaña de apología del delito y redención del crimen de la delincuencia organizada, y el consiguiente pertinaz y taladrante descrédito al núcleo de la vida mexicana que son sus Heroicas Fuerzas
Armadas.

5.- En esa lógica de destrucción pavloviana, se sigue que si la Suprema Corte de Justicia, las Cámaras del Congreso, el Banco de México, la educación pública, el sistema de seguridad social, los valores de la familia y hasta el Escudo Nacional, son instituciones funestas para la organización del país, las Fuerzas Armadas representan solo una más “de las que se van al diablo”. Y la democracia únicamente es válida si los mexicanos eligen a su sacra imagen para que les dicte el pensamiento. Tragedia, pues, es que tal propaganda mezquina y letal, haga eco de ese verdadero plan maestro de aniquilar todo aquello que nos merece respeto.

6.- Tragedia es que no se escuchen voces de coherencia y racionalidad que den un asomo de confianza para que la sociedad pueda creer que existe un futuro libre, sensato y verosímil que es bien distinto del veneno que nos quiere devorar para saborearse las cenizas.

camilo@kawage.com