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Los seguidores de Trump / Razón de Estado / Joaquín R. Narro Lobo

  • Joaquín Narro Lobo

Cada día que pasa se hace más real la posibilidad de que Donald Trump se haga de la candidatura republicana para la presidencia estadunidense. A partir de un discurso radical que criminaliza lo mismo a los migrantes mexicanos que a cualquier creyente del islam, Trump ha logrado unificar a buena parte de los ciudadanos norteamericanos en torno a la creencia de recuperar “la grandeza de América” mediante un Gobierno fuerte que pretende considerar a los diferentes como enemigos mortales. El verdadero problema no es, sin embargo, Donald Trump, sino los millones de seguidores que se identifican con una visión llena de odio y racismo.

Recordemos el inicio de la radicalización del discurso de Donald Trump y expliquemos porqué pensamos que lo preocupante del caso no es Trump, sino quienes piensan como él. El conflicto detonó a finales de febrero del año pasado a raíz del triunfo de Alejandro González Iñárritu, en la ceremonia de entrega de los Oscar, cuando el director mexicano se alzó como ganador en las categorías de “Mejor Director” y “Mejor Película” por la cinta Birdman. A través de su cuenta de Twitter, el empresario norteamericano señaló lo siguiente: “Los Oscar fueron una gran noche para México y por qué no lo sería, ellos están desgarrando a esta nación más que cualquier otra” y “No paraba de subir y subir. ¿Qué está haciendo? ¿Se va a ir con todo el oro? ¿Tan buena es? Yo no he escuchado eso”.

Pero estos no fueron los primeros tuits controversiales publicados por Trump. Un par de días antes, el magnate arremetió contra Barack Obama, al señalar “Los Oscar fueron una triste broma, muy parecida a nuestro presidente. ¡Tantas cosas están tan mal!” Unas semanas antes, sin embargo, el propio Trump reconocía a la modelo mexicana y ganadora del certamen Miss Universo 2010, Ximena Navarrete, como una de las mejores en este campo, al señalar en la misma red social lo siguiente: “Gran trabajo, todos estamos orgullosos de ti – una de las MEJORES de todos los tiempos.” Incluso, meses antes de todo esto, en mayo de 2014, Donald Trump criticó ácidamente la política económica y comercial de Estados Unidos, pues señaló que Obama provocaría un caos en las finanzas públicas por el nuevo Plan de Salud, bautizado como Obamacare, en oposición al crecimiento económico que México estaba teniendo y que podría convertirlo en “la próxima China” por su “fenomenal” capacidad para la producción de bienes de consumo.

Donald Trump no es político, sino un empresario cuyos intereses están en sus inversiones y que declara no necesariamente lo que piensa, sino lo que le conviene. Si el muro que tanto ha dicho que levantará a lo largo de la frontera con nuestro país se lo encargaran a alguna de sus empresas constructoras, a Trump le daría igual que el dinero se pagara con capital mexicano, estadunidense o ruso. El problema, sin embargo, es que su discurso ha polarizado a la sociedad norteamericana y ha sacado a relucir lo peor de nuestros vecinos. Me preocupa mucho Trump y su visión de odio, resentimiento y racismo, pero más me preocupan esos millones de seguidores que viven todos los días comportándose al pie de la letra de ese discurso terriblemente fascista.
* joaquin.narro@gmail.com     Twitter @JoaquinNarro