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Los símbolos importan hasta que importan / Federico A. Ling Sanz Cerrada

  • Federico Ling Sanz

En México parece que los símbolos no importan. O al menos no importan hasta que importan. Me explico: pasan muchas cosas todo el tiempo y las señales políticas, diplomáticas y culturales que nuestro país envía están allí, disponibles para quien las quiera entender; sin embargo, la mayoría de las ocasiones para nadie es importante. Pero lo que tenemos que preguntarnos realmente es si los símbolos, los signos y las señales sirven de algo o son solamente elementos decorativos de nuestra sociedad y nuestra política. Barrunto que es lo segundo hasta que importa más lo primero. Vamos por partes.

Pongamos algunos ejemplos: el primero que se me viene a la mente es la condecoración que hizo el titular del Ejecutivo federal al rey de Arabia Saudita hace unos días, durante su gira por Medio Oriente. Le otorgó el Águila Azteca (la máxima distinción que hace el Estado mexicano a alguien). Casi nunca se publicita lo suficiente a quiénes se concede esta medalla y las razones por las que se hace (ni tampoco quién toma la decisión y por qué razones, o cuáles son los motivos ulteriores y trascendentes del beneficiario y los méritos de su contribución que lo hacen digno de tal honor). ¿Por qué en esta ocasión sí llamó la atención del público? Porque el rey de Arabia Saudita ha sido criticado por la comunidad internacional y, por ende, resulta paradójico que el Gobierno mexicano lo condecore. Los símbolos importan hasta que importan. No antes. Pero no debería ser así.

Otro ejemplo sería el caso de “El Chapo” Guzmán y toda la pantomima que tanto dentro de México como afuera se ha hecho del caso. ¿Cuál es el impacto real de la captura del narcotraficante en términos de reducir la inseguridad, la violencia o el crimen organizado? Poco o ninguno (dicho además en palabras del propio Guzmán: “cuando yo me vaya no va a cambiar nada”). Entonces, ¿de qué sirve capturarlo y volverlo a encarcelar en la misma prisión de donde se fugó? Sirve porque los símbolos importan y la señal que se quiere enviar es que nadie debe estar fuera del alcance de la ley.

Ahora bien, para hablar en sentido positivo, un ejemplo que se me viene a la mente es la visita del papa Francisco. ¿La gira papal va a resolver los problemas de México? No. Ya lo dijo el Pontífice, y afirmó que su visita servirá para confrontar a los mexicanos con sus propios problemas para que los resolvamos. Pero los símbolos importan, y quien no lo crea, que le pregunte a todos aquellos que esperan con ansias la visita del jerarca.

Lo que trato de decir es que debemos prestar más atención a los signos y símbolos con los que nuestro país comunica sus valores, sus principios y su cultura. Y debemos estar enterados de ello y darles importancia desde antes que se vuelvan polémicos o incongruentes. No lo digo solamente para los ciudadanos, sino especialmente para todos aquellos a cargo de administrarlos. Por ejemplo, que los encargados de decidir quién debe recibir la condecoración del Águila Azteca tomen en serio su papel y lo hagan con pleno conocimiento de las consecuencias y los méritos; pero también es un llamado a los ciudadanos para que no dejemos que los signos sustituyan la realidad. Los símbolos son muy importantes, pero es más importante que estén alineados con la realidad y con lo que queremos comunicar de la realidad. De otro modo corremos el riesgo que nuestros signos más preciados no importen, hasta que realmente importen, pero como meros pretextos.

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

@fedeling