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Los taurinos estamos de luto

  • ¡Clic!: Guadalupe Vergara

Escultor de fama internacional, Humberto Peraza Ojeda nació en Mérida, Yucatán, el 4 de diciembre de 1925. Cumplió 90 años, siempre en contacto rodeado de amigos, coleccionistas y admiradores de su obra, única en su género taurino, entre otros temas y dimensiones: estatura de Lázaro Cárdenas, en el Eje Central, cerca de Río de la Loza. Agustín Lara de la calle, sombrerete en Madrid, réplica en Polanco y Joaquín Amaro, general de División, fundador del Ejército Mexicano a la entrada del Campo Marte. Maestro de varias generaciones de artistas, enseñó historia del arte en varias universidades, catedrático más de 50 años en la UNAM, seis veces ganador de concursos de escultura, más de una docena de medallas de oro y reconocimientos, sumando más de 60 diplomas. Sobrepasó con mucho más de 100 piezas talladas, 50 óleos y siete mil esculturas fundidas en bronce. Docenas de libros donde aparece parte de su obra, dos documentales de cine, muchas horas como comentarista de arte en TV, conferencias y tratados, uno de ellos “La Tauromaquia de Peraza”. Ante todo mexicano, ejemplo de cortesía y gentileza, como todo yucateco, la grandeza de su carácter es la grandeza de la raza Maya, realzado en él como una concesión y síntesis. Figura de primer orden entre los grandes artistas

Humberto Peraza, aficionado práctico

Durante más de 20 años, aunque también “anduvo en la legua” en pueblos de Michoacán, Jalisco y Nayarit. Se retiró de los ruedos, donde otros personajes con los que partió plaza se cuentan Mario Moreno “Cantinflas”, Rafael Solana y su paisano Jorge Barbachano. Una de esas tardes en el Toreo de Cuatro Caminos, con lleno hasta la bandera, toros de San Mateo y las reinas que dieron vuelta al ruedo saludando, las estrellas Kim Novak, Silvana Pampanini, Christian Martell, Sonia Furió, Kitty de Hoyos y Lilia Prado. Con fructíferos 90 años partió satisfecho dejando una huella y vacío muy difícil de igualar. Aquí en la Monumental Plaza México, donde fue asistente del maestro Alfredo Just, creador de las esculturas que la adornan y rodean, “El Encierro” de la entrada por donde sueñan salir en hombros todos los toreros.

GUADALUPE VERGARA, Humberto Peraza y Humberto Flores.

GUADALUPE VERGARA, Humberto Peraza y Humberto Flores.

Rodolfo Rodríguez “El Pana” volvió a hacer la legua

Orgulloso tlaxcalteca, torero y hombre, como en sus inicios, el traslado en su féretro desde Guadalajara a Tlaxcala se alargó más de seis horas, pues la carroza se quedó sin gasolina en el trayecto a Toluca y luego… se descompuso. De las ocho de la noche del pasado viernes, cientos lo esperaban en el Auditorio Municipal, lo que sucedió a las cuatro de la mañana del sábado donde se multiplicaron las guardias de honor, que iniciaron los comités de la Asociación de Matadores, Paco Doddoli, Alfredo Gutiérrez, obvio, hubo cante y poesía. Bendición del párroco local al ataúd, el pésame a la familia. Todos y cada uno se sentían como “El Pana” los hizo sentir especiales en su convivencia, anécdotas, historia, frases célebres: “Toreaba uno por hambre, para luego comprarle una casa a la madre. Ahora venden la casa de la madre para torear”. “Siempre hay una lucecita al final de ese túnel negro y largo que va de las tardes de ostracismo a las tardes de triunfo”, filosofía de un personaje, un romántico del toreo y de la vida. Amigos de la infancia y los de la legua de este torero, que también ahora logró un entradón, la democracia, como es la fiesta de los toros, maletillas, matadores, novilleros, ganaderos, comunicadores, artistas, estuvieron ahí firmes para darle la despedida, respeto y cariño se trasmitía. Eran las cuatro de la tarde, cuando la caravana se dirigió a la plaza de toros Monumental de Apizaco, que desde hace seis años lleva su nombre, también con lleno total de los aficionados que corearon a una voz ¡torero-torero!, en los medios del ruedo un tapete típico, foto del espada rodeada de flores. Así entró el féretro, a la hora taurina. Dos vueltas al ruedo, otras después de la misa y de ahí a la Basílica de Apizaco, con impresionante cortejo en el paseo principal de esa tierra. La calandira tirada por un caballo blanco, flores, claveles, bolillos como adornos. Salvador Solórzano, Rafaelillo y El Califa, apoderado, compadre y mozo de espadas acompañando. Breve parada y oraciones. Para siempre en la carroza, a la cremación en las afueras de Apizaco, escoltado por cientos de personas camino al cerro de La Malinche. A unos pasos de la vía el tren “La Bestia” se encontró con la procesión fúnebre, retumbaron las trompetas varias veces avisando el arribo del torero al final de su camino. La Sinfónica de Tlaxcala que acompañó la misa igual junto al féretro todo el tiempo con la música, pasos dobles, los clásicos. Eran las siete de la tarde. El torero ha muerto. Su leyenda queda ahí, “El Pana”, un heterodoxo del toreo exponente junto con Silverio Pérez y Manuel Capetillo de la tradición taurina mexicana. Una vida dedicada al toreo, un personaje que hizo que le atribuyeron el piropo de “Brujo de Apizaco”, pues se decía que embrujaba con su arte, que pisó todos los terrenos de la vida, los prohibidos y también llegó a la huelga de hambre. Despertó las emociones más puras y hondas que el toreo es capaz de generar también ya en su final, en España y Francia donde lo arropó el artista Morante de la Puebla en diferentes carteles, plazas de primer nivel. Descanse en paz Rodolfo
Rodríguez “El Pana”.

RODOLFO RODRÍGUEZ “El Pana”.

RODOLFO RODRÍGUEZ “El Pana”.

De las buenas noticias, en las ventas de Madrid dio cátedra el dr. Vázquez Bayod

Jefe de los Servicios Médicos de la Plaza México, dictó interesante exposición, en una sala de la monumental de toros madrileña. “Manejo prehospitalario del torero traumatizado”, el médico fue acompañado en el presídium por el dr. Máximo García Padrós, su homólogo. Rotundo éxito Vázquez Bayod, quien como siempre pone en alto en nombre de México donde goza de especial afecto y reconocimiento por su experiencia, generosidad y entrega como todo taurino que se respete.

México celebra a uno de sus destacados arquitectos

Don Teodoro González de León cumplió cabalmente 90 años de dad. La imagen urbana de nuestro país no podría concebirse sin su presencia. Entre sus obras destacan el Auditorio Nacional, el Museo Tamayo y el de Arte Contemporáneo y el MUAC, las embajadas mexicanas de Alemania y Guatemala, últimas décadas en nuestra fisonomía capitalina. Arquitecto que desde siempre ha hecho del arte su prioridad de vida. De niño, vivió frente a la Casa Azul de Diego Rivera y Frida Kahlo, donde observó su proceso de construcción; amigo de Octavio Paz, Pablo Neruda, Juan O’Gorman y Juan Soriano. Es conocido también por ser dueño del acervo de música clásica contemporánea más grande del país. Festejando los 90 años de vida del arquitecto, se realizan homenajes en diferentes recintos y se reeditará el libro OBRA Reunida/Collected Works, publicado por la revista Arquine y esta semana se realizó una mesa de debate en torno al festejado, con participación de Juan Villoro, Aurelio Asiain, Jesús Silva Herzog y Miguel Adriá, entre otros, y la semana próxima 15 de junio se realizará otra en el Museo de la Ciudad de México, conformada por artistas plásticos que reconocen trayectoria y obra de este gigante de las obras, símbolo de la ciudad, con la mente muy clara y planeando siempre nuevos proyectos. ¡Enhorabuena señor arquitecto Teodoro González de León!… Nos veremos más tarde… que el cielo los juzgue…