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Los Trescientos y algunos más / Carlos González Gamio

  • Los Trescientos: Carlos González Gamio

  • Ese México que no volverá
  • Historia de la colonia Condesa
  • El arquitecto que vio el futuro

En estos días que nos visitan muchos provincianos, les voy a platicar que visiten la colonia Condesa con sus bistrós, tienditas y boutiques “nice”, antros para jóvenes “hipsters” y demás fauna citadina. El arq. Luís Ibarra cumplió la encomienda de buscar los antecedentes de la colonia Hipódromo y de sus creadores llevó la batuta en el desayuno del Club de Industriales, indicando que buscó con sus maestros apoyado en sus libros y compañeros
constructores urbanos.

Y con vista al Parque España tomó nota de lo referido por el maestro Varo. El artista que al modelar las cabelleras de sus clientes de la colonia, le refirieron muchas de sus andanzas por el rumbo.

Pudo comprobar que la idea original fue del arq. José Luís Cuevas. Brillante estudiante de la Universidad de Harvard y residente largo tiempo en Inglaterra que como discípulo del arq. Ebenezer Howard en el Reino Unido, y sus realizaciones tomó el concepto de Ciudad Jardín.

Con la voluntad de traer a nuestro México esas experiencias, vio los terrenos de la Hacienda de la Condesa entre la calzada de Tacubaya y la entonces también calzada de
Insurgentes.

Que en aquellos días estaban dedicados a terrenos de sembradura. Por el año de 1920, cuando el presidente Obregón emprendió obras para ordenamiento y crecimiento sustentable de la capital mexicana.

Ampliación del tendido de vías eléctricas para tranvías, pues como requisito indispensable para el desarrollo eran: existencia y funcionamiento de maneras fáciles para llegar, para establecerse y salir al trabajo.

El arq. convenció a los adquirientes de la masa de tierra para fraccionarla, don José de La Lama don Raúl A. Basurto, con quienes por esos días también era inversionista don Raúl Bailleres, padre del Premio Belisario Domínguez Alberto Bailleres.

Aceptaron el proyecto de aprovechar el anillo del Hipódromo de la Condesa, ubicado en parte del predio. Los amplios camellones, a cuyo costado corrían los jamelgos. Para el goce de los socios del original Jockey Club, que comenzó a principios del siglo XX y dejó de funcionar, al centro del círculo diseñó el Parque México, también de nombre Parque San Martín, superficie de más de 81 mil metros cascadas y lago en medio. Para los fines empresariales dejó franja entre el parque y el óvalo del Hipódromo, en la que lotificaron para construcciones privadas.

Lo comprendido entre las avenidas Ámsterdam, al exterior, y avenida México, en circuito menor. Como ejes paralelos a Insurgentes trazaron las avenidas Nuevo León y Tamaulipas, entre ellas Insurgentes y avenida Chapultepec la calle de Sonora.

Y también el Parque España menor que el Parque México, pero también sembrado de árboles como las
avenidas de la colonia.

Comenzaron la construcción de casas, menores, de 400 metros con jardín y para una sola familia, predominó el Art Noveau muy de moda de inspiración francesa para todo el mundo.

La mayor parte de casas y edificios fueron a cargo de los famosos desde entonces, por su trayectoria innovadora en el urbanismo nacional, de los ingenieros Francisco Serrano, Juan Segura; de éste queda el edificio Ermita de la Fundación Mier y Pesado, en la calzada de Tacubaya, principio de la avenida Revolución, que por los años 30 conformaba completa unidad, en restauración de la proporción humana  Contara con todas las funciones y servicios como los negocios, teatro cine, comercios, habitaciones, oficinas, la industria, la educación, la
administración, con parques públicos y jardines privados.

De la estirpe del ing. Serrano, su hijo, el arq. Francisco Serrano también marca la ciudad y la nación con
nuevas obras.

Entre ellas, el edificio El Pantalón en Santa Fe, otra zona de crecimiento urbano, sustentable.

La conclusión es que, la obra señera del arq. José Luís Cuevas tuvo hermosa y útil manifestación con el trazo de la colonia Hipódromo-Condesa, en lo que ahora es parte céntrica de
la ciudad.

Para bien, la experiencia británica y las enseñanzas Harwardianas plasmadas en Inglaterra desde el inicio edilicio surgido a raíz de la expansión del Imperio Británico surgimiento del parlamentarismo del siglo XIX, cuyos ejemplares han sido mantenidos intactos hasta la fecha. En Hyde Park las casas con jardines al frente y atrás, todas las calles arboladas, amplios espacios públicos en aquella ciudad tan invadida por la neblina, como que los primeros anteojos contra el sol, su color lo denominaban “humo de
Londres”.

Aprovechando la frecuencia de precipitaciones pluviales, el campo de la zona metropolitana propiamente es un gran jardín, los arquitectos paisajistas lo diseñaron, lo ejecutaron
y persiste.

En torno a los Palacios de Gobierno y en los grandes señores Lores, empresarios, dueños de los negocios en las lejanas colonias así se ven hasta la morada de los reyes que antes fueron también emperadores de la India.

Entre nosotros, esas vivencias fueron importadas y aprovechadas por los grandes empresarios de La Lama y Basurto que sabiamente combinaron el desarrollo razonado del crecimiento de la ciudad, que supieron aprovecharlo para incrementar su capital con jugosas ganancias muy justificadas, porque tuvieron utilidades con el fraccionamiento y la venta de
los terrenos.

Al mismo tiempo que brindaron a los adquirientes la posibilidad de tener casa propia, conforme a razonables costos y que dieran bienestar a
los habitantes.

La proporción en las casas entre las áreas verdes y partes construidas, la anchura de calles de mínimo 20 metros. Avenidas de anchura mayor con camellones también sobrados que albergan todavía bancas de cemento con forro de azulejo y todo ello en medio de prados de pasto verde y grandes árboles.

Fresnos y jacarandas que ahora tienen más de medio siglo y dan sombra y frescor, calidad de los pavimentos de concreto, acabados claros, que han resistido el paso de los años, a pesar de que fueron hechos para recibir menor afluencia de vehículos, coches y camiones de máximo cinco toneladas de peso. Líneas de tranvías que corrían todo Insurgentes, con descanso en la Glorieta de Miravalle, tranvías también por la próxima avenida Chapultepec, que iban desde el centro con terminales en Mixcoac y Coyoacán, conectados con los destinados a Tlalpan, al Desierto de los Leones, tradición conservada para disfrute del turismo en la montañosa ciudad de San Francisco California, El Cable-Car.

Tenemos que reconocer que don José de la Lama dejó aspectos relevantes de excepción a través de su larga vida, más de 80 años, siguió
trabajando hasta el último día.

No perdió lucidez ni voluntad, supo poner orden en el crecimiento urbano y aprovecharlo para ganar dinero, intervino en la colonia del Valle, fraccionada parcialmente sin terminar. Multiplicó fraccionamientos menos extensos, pero también correctamente trazados Insurgentes-Mixcoac y próximos a ellos.

Por 1939 inició con don Raúl Basurto el fraccionamiento Polanco, también con espacios amplios para calles, parques y jardines.

Proyectado para amplias residencias de clase alta, muchos jardines con más tierra para los espacios verdes y menos metros para construcción, con predominio de cantera rosa labrada por las artísticas manos de nuestros operarios, que dejaron en la piedra motivos vegetales alrededor del parque. Todavía dejando espacio entre Reforma y las casas.

Lo que hoy tiene abundancia de árboles, frente a lo que por esos días era el Campo Marte, hoy Casino Militar, donde acudían a jugar Polo el general presidente don Manuel Ávila Camacho con Poncho Rincón Gallardo, su tío el marqués de Guadalupe, los hermanos Gracida, el entonces coronel Antonio Nava Castillo y viajantes de visita también aficionados al deporte de los reyes.

Para el bien común, dejó don José de la Lama huella perdurable. Compró el Rancho La Esperanza y con él hizo el Parque de La Lama entre Insurgentes de la bajada del Puente sobre el Río, que fue un límite citadino.

Por su cuenta, don José de la Lama lo mantuvo en perfectas condiciones. Sembró, podó y cuidó el arbolado que lo cubría. Todo lo mantuvo hasta
su muerte.

Selectivamente permitía visitarlo a su grupos de amigos. Cubría una necesidad primordial, pues en la zona solo había un parque pequeño en la colonia del Valle por donde ahora está Nuestra Señora del Concreto.

La especulación urbana mutiló el parque y otro desarrollador, don Manuel Suárez, adquirió los terrenos. Actualmente están hechuras suyas, el Polifórum Siqueiros. Hotel convertido en oficinas y departamentos y
comercio de tiendas.

Cumplió don José de La Lama el deber que impone la Iglesia Católica a sus feligreses, utilizar la riqueza adquirida para practicar la beneficencia y
la magnificencia.

Nuestros Trescientos… y… algunos más tienen entre ellos magnates semejantes. De abundantes escarcelas no todos, destinan al bienestar social. Que cunda el ejemplo.

Y hasta los próximos 300… y… algunos más…