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Los Trescientos y algunos más / Carlos González Gamio

  • Los Trescientos: Carlos González Gamio

  • Las familias de antaño
  • Como han cambiado los tiempos
  • Proliferan hijos únicos

El jueves pasado tocó la reunión mensual del legendario club de golf Chapultepec, ahí donde los amigos de la infancia persiguen una pelotita, ahora que ya no están en la edad de perseguir a una muchachita de buen ver y mejor tocar.

Crucé la gran puerta de cristal junto a Carlos Cortina y su numerosa prole. De las pocas familias de más de seis hijos que quedan en la actualidad. Hoy las parejas no desean más de dos hijos. Creo que hay algo más que una cuestión económica, es alguna cuestión de toma de conciencia, algo cultural.

Años atrás, las familias en la Ciudad de México eran prolíficas. Alejandro Galindo, cineasta de altos vuelos y creador de verdaderas joyas de nuestra cinematografía urbana plasmó en su película “Una familia de tantas” el claro ejemplo de cómo eran las familias de entonces.

Abundaban las familias de 12 y 13 hijos-o más-que guardaban hacia los padres, siendo éstos, niños o mayores, el más absoluto respeto y veneración, tanto así que era costumbre besarles la mano en señal del más acendrado amor filial.

Y si las familias allá por los años 40 eran numerosas fue porque los tiempos lo permitían. La clase alta (los ricos) vivían en grandes residencias en la colonia Roma, en la Juárez o en la San Rafael; que disponían de muchas y amplias habitaciones, y que contaban además con soleados espacios interiores, en los que las nanas y nodrizas atendías con dedicación y esmero a la numerosa familia. Algunas familias numerosas de estirpe fueron los Sánchez Colín, los Pasquel, lo Suarez ,los Barroso o los Uribe.

Los de la clase media -que efectivamente lo era, no una clase partida a la mitad, como lo es hoy- solían alquilar casas solas en las novedosas privadas de la época, o en las nuevas colonias que iban surgiendo en la ciudad y que contaban con no menos de cuatro recámaras, espaciosa sala y amplísimo comedor en el que no faltaba la larga mesa para doce comensales, y que las más de las veces era insuficiente para que toda la familia estuviese presente llegando el momento de recibir los alimentos. Unos se sentaban primero a la mesa y otros después, y siempre presidida ésta por los progenitores y animada por las risas y la alegría de los múltiples hermanos.

Y en las viejas vecindades del centro, de Peralvillo, de la colonia Guerrero, de Tepito, de Tacuba y Tacubaya habitaban los más amolados, cuyos cuartos, aunque breves de espacio eran de techos muy altos, por lo que generalmente solían habilitarse tapancos, para que la numerosa “pipiolera”,-pues el matrimonio seguía procreando hijos- tuviera
espacio para dormir.

Las familias eran numerosas porque la época lo permitía, porque las rentas eran baratas y porque el salario alcanzaba casi para todo. Las familias eran numerosas porque entonces la idiosincrasia del capitalino, y del mexicano en general, aceptaba el consejo de que “todos los niños que trae la cigüeña vienen con su torta bajo el brazo”. Por ello la mujer año con año estaba “de encargo” (como las viejas escopetas, siempre cargada) independientemente de que los cánones religiosos sentenciaban que “lo que Dios nos mande será
bienvenido”.

En las incipientes cocinas de entonces-habilitadas únicamente con bracero, y éstos con muchas hornillas, para que en ellas ardiera el carbón vegetal, la preparación de los alimentos para una familia numerosa se tornaba fatigosa… ¡Imaginen dar de comer tres veces al día a 12 hijos más el padre y la madre, sin olvidar a la sufrida criadita que era la encargada de las agotadoras tareas hogareñas, entre ellas el lavar, planchar y tallar con jabón y zacate de hilo los amplios peroles, ollas panzudas, las cazuelas de barro y los trastos sucios de
aquellas familias numerosas.

Las clases marginadas desde luego carecían de ayuda doméstica, pero en los hogares ricos y clasemedieros la lavandera de ajeno llegaba invariablemente el lunes para lavar sobre la piedra del lavadero, a mano y en jornadas interminables la ropa sucia de todos los miembros de aquella familia tan prolífica. ¡Pobres mujeres!, el fregar y tallar la ropa con jabón 1-2-3 o con lejía destrozaba las manos. No tenían punto de reposo, pues después de la lavada la ropa había que tenderla en los mecates colocados en los patios, en la azotehuela o en la azotea de las casas para asolearla, (sobre todo la ropa blanca) después recogerla de los tendederos y disponerla (rociándola levemente para plancharla) en algunas casas con planchas de carbón, lo que ameritaba que tuviera muy cerca de si un anafre con carbón encendido para alternar el calentado de aquellas viejas planchas de fierro, y en otras, con aquellas primeras planchas eléctricas que eran muy pesadas y que daban toques. Faena que en innumerables ocasiones trastornó la salud de aquellas mujeres.

Las familias numerosas fueron orgullo de los padres; en tanto más hijos tenían eran más felices. Entre esas familias de muchos hijos era clara la solidaridad familiar.

Generalmente en éstas familias numerosas los hijos mayores solían apoyar económicamente al padre, para que los hijos más pequeños tuvieran la oportunidad de un mejor desarrollo, y en tanto que las hijas se tornaban solidarias de la madre, a la que ayudaban en el aseo de la casa (que se hacía a diario), y en las labores culinarias. Cuántas hijas no superaron-aprendiendo desde chiquitas-la buena sazón de la mamá.

Hoy lo que abundan en las familias son los hijos únicos. Aquellos tiempos de las familias numerosas ya pasó. Ya no hay mujeres dispuestas a dar a luz 15 veces, mucho menos varones que se avienten ese tirito.

La ciudad de México se caracterizó por sus familias numerosas, en las que las mujeres gustaban de la cocina, de la repostería, de tejer a gancho, de tocar el piano en las reuniones de familia, y en las que los hombres se manifestaban como eso, como hombres cabales, cumplidores de los compromisos familiares y amantísimos de sus padres y hermanos. ¿En estos tiempos, cuándo? Casi les tenemos que pedir permiso a los “juniors”,.

pero hasta los próximos 300… y… algunos más…