imagotipo

Los Trescientos y Algunos Más / Carlos González Gamio

  • Los Trescientos: Carlos González Gamio

  • La visita pontificia y sus antecedentes
  • Benito Juárez y los liberales
  • Los cambios por la visita del Papa a México, país hospitalario y generoso

Nuestro país está en pleno cambio favorable por la inminente visitad el Pontífice Romano. El memorioso Ramón Llarena nos recuerda que no siempre fuimos huéspedes generosos para los extranjeros a raíz de la Independencia y, desatadas las pasiones, fue decretada la expulsión de los españoles. El pretexto es que perdieron la guerra y con ella el carácter de conquistadores. No fue así, pues estaban arraigados a nuestros lares. Establecieron negocios permanentes, emparentaron con los aquí nacidos, criollos y mestizos.

Eran hombres de bien, no participantes en la guerra que inició el Cura Hidalgo en septiembre de 1810, la cual originó una grandísima destrucción del país. La nula producción y cero productividad, la inseguridad, el auge del bandidaje, que duró hasta que los criollos y mestizos, además de los españoles de América, hicieron a confabulación de la Profesa para terminar en definitiva la mala
situación.

Las grandes batallas dejaron de existir y solo quedaron partidas aisladas más de asaltantes que de luchadores por la libertad. Desatadas las pasiones y ya sin posibilidad de defensa, dejaron colgados de la brocha a los hispanos residentes, tal como sucedió a los colonos franceses asentados en Marruecos y que salieron después de la Segunda Guerra Mundial y con ello finalizó del protectorado. Perdieron casi todo, capitales, casas, industrias, ranchos, los malbarataron o los abandonaron.

El triste destino de los vencidos, la lucha de Benito Juárez de su partido, el liberal, contra los conservadores, terminó con la guerra de tres años en 1850.

Las Leyes de Reforma y la Constitución de 1857, los jerarcas católicos, en su mayoría conservadores, tuvieron que salir al exilio en Europa; la mayor parte fueron a Roma o a Italia. Entre otros, de los más famosos el obispo de Oaxaca, monseñor Gillow; el Arzobispo de México, Pelagio Antonio de Labastida y
Dávalos.

Como los hechos y las realidades están sobre las intenciones, la cosa fue calmada. La Iglesia Católica soportó la confiscación de sus bienes. Las leyes no perdieron vigencia, pero como tantas otras aquí, son promulgadas con el dicho para los Virreyes de “Obedézcase pero no se cumpla”.

En el Cerro del Cubilete, Guanajuato, el entonces centro de la República, hubo actos de culto público que fueron violentamente reprimidos por el presidente Plutarco Elías Calles en 1926.

Estalló la guerra cristera que abarcó mucho territorio central, especialmente Jalisco, Zacatecas y Michoacán.

El Nuncio Apostólico, embajador del Vaticano, fue expulsado, así como numerosos prelados. Fueron desconocidos elementales derechos como obligarlos a pedir licencia, limitar el número y hasta exigir que fueran casados.

Con el arzobispo José María Martínez, quien era michoacano, la violencia y la oposición tuvieron calma en plan vergonzante, además fueron recibidos los primeros Cardenales. El cardenal Villanueve de Canadá en 1945, quien vino a casar a varios de nuestros trescientos, también con el Cardenal de la Habana, junto con el papa San Pablo, la apertura fue mayor. El presidente López Portillo lo recibió en público.

Para celebrar misas multitudinarias en Cuinalapan, Oaxaca, en Ecatepec, Edomex. bajó del avión a besar tierra mexicana con sus vestiduras papales, confirmó su devoción por México “creyente fiel” y ahora asistimos a un giro de 180 grados de extremo a extremo, con el comienzo de la invitación del presidente Peña Nieto, que viene seguida de
preparativos trasformadores.

Por su propio interés y no ser meramente protocolario, el papa Francisco tiene programadas visitas en los puntos neurálgicos. De Oaxaca, Chihuahua, Michoacán, advertido de las dos caras de la moneda águila o sol. Partes tranquilas y zonas de guerra, lleva mensaje de justicia y de paz.

Partiendo de la imparcialidad, defensor de la verdad y de la razón, fuera de fanáticos sectarismos y todo al compás de grandes mejoras materiales, despeje de las superficies, organización de las visitas, aunque los Papas tienen el don de lenguas, pueden expresarse
sucesivamente en varios idiomas.

El papa Francisco nació en Argentina y el primer idioma que habló es el
nuestro, el español.

Podemos anticipar el saldo positivo de la percepción a tan distinguido visitante. Como que después de que nuestra Ley Suprema la Constitución, el Art. 130, desconocía como personalidad a las asociaciones denominadas iglesias y a sus sacerdotes, ahora vamos a dar un recibimiento al Obispo de Roma.

Casi por el estilo de lo que postularon Hidalgo, Allende, Aldama y los primeros Insurgentes de esperar a Fernando VII, expulsaron del trono en aquellos días con Napoleón, que impuso como rey español a su hermano José Bonaparte.

Recibimos al emperador de Etiopía Haile Elaise, al presidente Tito de Yugoslavia, de la izquierda europea que supo triunfar sobre opositores poderosos como sus testigos, lo mismo con italianos, alemanes, ingleses y americanos, que no se sometió Stalin y supo subsistir como opositor suyo, que expulsó a los nazis de su país aunque fue a ocupar y a vivir en el
palacio de los reyes.

A los Presidentes de Estados Unidos, Truman o Kennedy, con su bella consorte Jacky de gran glamur y simpatía, a últimas fechas el presidente Omar. También hospedamos a Nehe y a su esposa, a su hija, gobernantes de la India, sucesores de Gandhi.

Pero todas las visitas sumadas, no alcanzan para comparar la que tendrá el Sacerdote Franciscano que encabeza a la grey católica. Así México asienta con hechos firmes la calidad hospitalaria abierta y respetuosa de todas las creencias.
Pero hasta los próximos 300… y… algunos más…