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Los Trescientos y Algunos más

  • Los Trescientos: Carlos González Gamio

* Un recorrido por el Centro Histórico

* Reflexiones sobre la Universidad Nacional

n Ya se acerca la sucesión

Invitado por la Fundación Centro Histórico a un recorrido por esa entrañable porción de nuestra ciudad capital, en compañía de esas dos lumbreras históricas que sobre el centro saben todo y más, como son el abogado don Ramón Llarena y del Rosario y el escritor, ingeniero y ensayista Gonzalo Martré, me encontré saliendo del Casino Español a otro apasionado de la historia de nuestra gran ciudad, como lo es el doctor Leopoldo Paasch Martínez, a quien conocí hace muchos años cuando fue uno de los mejores directores que ha tenido la facultad de veterinaria de la UNAM.

Grande fue nuestra sorpresa cuando nos enteramos que el catedrático e investigador Paasch se encuentra, para fortuna de la comunidad universitaria, en la lista de los prospectos a sentarse en la silla que pronto dejará el rector José Narro Robles, eficiente y simpático quien deja una Universidad trabajando con nuevos proyectos, un lugar preponderante entre las mejores universidades del mundo y en paz.

Perseverante como lo demuestran sus más de tres décadas de docencia sin parar, el doctor Paasch ha sido también secretario administrativo de nuestra máxima casa de estudios, fundada por don Justo Sierra en 1910, y actualmente es presidente de la Academia Veterinaria Mexicana, sólida institución con medio siglo de ofrecer servicios académicos y de investigación agropecuaria en el país.

Antier se dio a conocer la lista de los 16 tiradores a suceder al doctor Narro a la rectoría, que ha tenido al frente a hombres de la talla de Luis Chico Goerne, Ignacio Chávez, Javier Barros Sierra, Pablo González Casanova, Guillermo Soberón, Francisco Barnés de Castro, Arturo Sarukán Kermes o Juan Ramón de la Fuente. Creemos que Leopoldo Henri Paasch sería un rector idóneo.

Cada cuatro años, cuando se presenta el proceso de designación de un nuevo rector, surgen las voces que reclaman la democratización del proceso de designación llevado a cabo por la Junta de Gobierno de la Institución. Esta exigencia no toma en cuenta el origen histórico de los principios universitarios que han probado su eficacia durante 70 años.

El año 2010 festejamos el centenario de la Universidad Nacional, ya que fue durante los festejos del centenario de la Independencia de México cuando el ministro de Educación, Justo Sierra, logró realizar la propuesta de reunir en un solo cuerpo, la preparatoria, los institutos de educación profesional y la Escuela de Altos Estudios creando así la Universidad Nacional.

La tricentenaria Real y Pontificia Universidad desapareció entre la dictadura de Santa Anna y el triunfo definitivo de Benito Juárez. La preparatoria y los institutos de estudios profesionales se crearon de acuerdo con la ideología de Gabino Barreda y así se sustituyó el dogma religioso por el dogma positivista.

El Constituyente de 1917 genera la idea de la Universidad libre de dogmatismos como un organismo del Estado mexicano encargado de la educación superior. Para defender los principios de la libertad de cátedra, se decretó la autonomía universitaria en 1929, alejando a la Institución del dogmatismo religioso, del positivista, así como de cualquier otra supeditación.

La responsabilidad constitucional que tienen las instituciones de educación superior a las cuales el Estado les otorga autonomía es de gobernarse a sí mismas y ejercer sus funciones sustantivas de educación, investigación y difusión de la cultura, bajo los principios de la libertad de cátedra y
de investigación.

La Universidad Autónoma bajo la Ley Orgánica de 1933, no era capaz de gobernarse a sí misma y en 1944 surgió una crisis sin precedentes en donde a través del voto secreto y directo se eligieron a dos rectores que presidían dos Consejos Universitarios y todos se proclamaban legítimos. El rector interino que fue electo para enfrentar ese problema, Alfonso Caso y Andrade logró que el Presidente de la República hiciera suyo el proyecto de Ley Orgánica de la institución, y así esta fue decretada en enero de 1945 y es la que nos rige hasta el presente, confiriendo a la Junta de Gobierno la responsabilidad de designar al rector.

Y me dice Paasch.-“ Es por ello, que considero que quien aspire a ser designado rector de la Universidad Nacional debe tener la plena convicción y respeto por la forma de designación que ha probado ser la idónea desde 1945”.

Aceptar ser candidato a la Rectoría de la UNAM significa un ejercicio profundo de autoevaluación, en el que se deben contestar dos preguntas. Una, si realmente se cuenta con el perfil idóneo para coordinar la vida académica de la Universidad en el momento histórico presente y también, si se cuenta con la aceptación general como la persona prudente, capaz de conjuntar la voluntad de la comunidad universitaria para construir un proyecto de desarrollo institucional, con base en el trabajo de los cuerpos colegiados, ya que la participación de la comunidad universitaria en el proceso de planeación, ocurre en el seno del Consejo Universitario.

En el actual proceso de cambio de Rectoría es imprescindible reconocer y valorar la aportación de un legado de estabilidad que deja la administración del dr. José Narro Robles y que es preciso conservar y fortalecer. Para ello, el nuevo rector deberá procurar resolver todos los asuntos de la Universidad a través del consenso con las autoridades colegiadas, deberá ser el garante de la acción armónica entre las demás autoridades universitarias y deberá mantener los asuntos laborales y académicos cada uno en su esfera para garantizar la tolerancia y sana convivencia en la comunidad universitaria compuesta por estudiantes, académicos y trabajadores.

Después de estas sesudas reflexiones, dejamos al catedrático sumido en profundas cavilaciones mientras continuábamos caminando hacia el Palacio de Iturbide para disfrutar de la espléndida exposición de ese arquitecto genial Mathias Goeritz y sus diseños vanguardistas, y de ahí cerrar el recorrido en museo de la Tolerancia a ver los horrores de los que es capaz la raza humana.

Y hasta los próximos 300… y… algunos más…