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Los Trescientos y Algunos Más

  • Los Trescientos: Carlos González Gamio

  • Carlos González Gamio
  • Reunión sabatina Chez Fernández-Senderos
  • La época inmortal de la samba
  • Aquellos personajes célebres de antaño

Se han convertido ya en un ritual las reuniones sabatinas en el jardín de esa encantadora pareja de excelsos anfitriones, quienes son Serapión Fernández y Cache Senderos, allá por los rumbos de Bosques de las Lomas.

Entre botanas y mojitos salpicados de chascarrillos, fluye la nostalgia de aquel México añorado, pues los comensales pertenecen a otra época ya lejana, con decir que el benjamín del grupo es quien esto escribe se darán una idea de cómo están las cosas. Los otros Billy Sprowls, Tere Basave, Felipe de Teresa, Maru Valenzuela, Poncho López Negrete, Mónica Rivera Torres, y los anfitriones recorrieron los lugares de moda de los sesentas.

Recordamos que México bailó la Samba en los años 50 y comienzo de los 60. La euforia de ese sabroso ritmo en la Ciudad de México la propició el éxito mundial de las sambas “Brasil”, “Bahía” y “Tico Tico” del compositor brasileño Ary Barroso, que alcanzó la fama y la fortuna con estos magnífico números.

Ary Barroso llegó a México en 1952 y filmó películas con Ninón Sevilla, para después actuar para el público capitalino en el teatro Lírico y en el inolvidable cabaret Waikiki. La samba enloqueció a la Ciudad de México en los años 50 y 60.-igual que la apetitosa grupa de
Ninón- Y seguramente usted querido lector, si ya es orgulloso miembro de la tercera edad, se contagió de la alegría con sus notas alegres y despreocupadas que marcaban el ritmo a la exuberante cadera de la jovial y radiante cubana, que fue la primera en vender caro su amor en el cine y cuyo nombre verdadero era Neé Emelia Pérez.

La época de las rumberas en la CDMX fue de euforia y desenfado. El ritmo trepidante de la rumba enmarcaba las noches de cabaret y a sus acordes estas místicas mujeres causaban furor, no solo en las pistas de los centros nocturnos, sino también en los escenarios de los teatros de revista, pero sobre todo en las películas que filmaron- que fueron para ellas escaparate y pasarela-en las que protagonizaron a mujeres siempre en busca de amor, pero irremediablemente abusadas y abandonadas y después redimidas.

Mapy Cortés, María Antonieta Pons, Ninón Sevilla, Meche Barba, Amalia Aguilar, Rosa Carmina, Mary Esquivel, Lilia Prado, Dinorha Judith, fueron las rumberas que en los años de su reinado cobraron fama a base de caderazos de alarido y meneítos de verdadero infarto, a pesar de que casi ni el ombligo enseñaban, provocando entre el público de entonces multitudinarias avalanchas de lujuria. Sin embargo, dados los extremos morbosos a los que se ha llegado en la actualidad -que vemos en cualquier esquina o en la televisión-, sin duda, la rumberas de aquellos años fueron auténticas hermanas de la caridad.

También recordamos aquellos inicios de la televisión a comienzos de los 50, dando al capitalino una nueva forma de diversión a través de programas familiares aún gratamente recordados y conducidos por auténticos profesionales de capacidad reconocida, clara inteligencia, y manifiesto respeto al incipiente telespectador.

Nos acordamos de la prestancia y elegancia de León Michel, con su bigotito recortado y su agradable sonrisa; de Rubén Zepeda Novelo, destacado locutor y trovador de innata simpatía; De Paco Malgesto, quien siempre le habló al pueblo con su propio lenguaje- sin estridencias y palabras accesibles-en sus programas musicales y en sus maravillosas crónicas taurinas y deportiva; Agustín Barrios Gómez, otro pionero de la tele, conduciendo con categoría “Mesa de Celebridades” y “Duelo de Dibujantes”; el culto bachiller Álvaro Gálvez y Fuentes, se distinguió por la conducción de programas de debate, disertación y coloquio; Carlos Amador fue imaginativo y cordial, emprendedor y entusiasta, cualidades que lo convirtieron en exitoso empresario de la farándula y la exhibición
cinematográfica.

El público lo recuerda con simpatía en su carácter de conductor televisivo, haciendo felices a muchas parejas en aquel que fue el celebérrimo programa “Reina por un día”. Y Pepe Alameda fue un incomparable narrador taurino, talentoso analista de temas profundos y animador de programas de concurso. Y quién no recuerda a don Pedro Ferriz Santacruz, como adalid del gran “Premio de los 64 mil pesos”, y de las más importantes emisiones de noticias. O Daniel Pérez Alcaráz, insustituible; Luis Manuel Pelayo, simpático y diverso; Raúl Astor creó programas con encanto especial con gracia y donaire, y Raúl Velasco dejó huella en programas de entretenimiento y animación.

Como han cambiado los tiempos. En los programas de la actualidad, ya sean de variedades, en las telenovelas, los de concurso, los talk shows, y en los reality shows, la crisis de valores es evidente, como los agresivos escotes que muestran grotescos implantes de silicones. No hay quien substituya con verdadera mística profesional a quienes fueron la punta de lanza de la televisión nacional. Cosas para recordar!… Pero hasta los próximos 300… y… algunos más…