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Los Trescientos y Algunos Más

  • Los Trescientos: Carlos González Gamio

  • Carlos Gonzalez Gamio
  • Otro éxito de Lupita Appendini
  • Presentación de la vida de Guadalupe Victoria
  • Reivindicación de un verdadero héroe

Más de 150 invitados se dieron cita en la fundación cultural Miguel Alemán Valdés en días pasados, a pesar del chubasco y el tráfico intenso, para la presentación de uno más de los libros que esa dama encantadora, toda luz, amabilidad y cultura que es Guadalupe Apendinni, “Lupita” para sus amigos, que hemos gozado de su amistad por tantos años. Lupita se ha esmerado durante su ya larga trayectoria, de recordarnos que tenemos una historia, y que los pueblos que no conocen ésta, tienden a repetir los hierros del pasado; y así, ha puesto manos a la obra, escribiendo con su estilo delicioso crónicas, documentos, reportajes, libros, artículos sobre anécdotas de barrios, colonias, ciudades, personajes conspicuos, leyendas de nuestro México en sus diversas épocas.

En esta ocasión esta nueva publicación editada por el editorial Porrúa versa sobre la vida y trayectoria de unos de los grandes héroes que le dieron forma y vida a nuestra nación, que ni por mucho ha sido reconocido como se merece por la patria.

Me refiero al primer presidente de la naciente República Mexicana, Guadalupe Victoria. Ese caudillo nacido en San Ignacio de Tamazula, entonces antigua provincia de Nueva Vizcaya, hoy Estado de Durango, en 1786 y que abandonara sus estudios para incorporarse a las fuerzas del Generalísimo y cura José María Morelos y Pavón a los 24 años, y así se abre el capítulo de su vida como insurgente que duraría 10 años… y hasta la posteridad, pues esa clase de hombres nunca muere.

Pues Lupita toma la estafeta de la reivindicación de esa figura histórica, cuando a decir de otro paisano, distinguido duranguense como lo es el abogado Eduviges Fragoso, me narra en ese evento que un antepasado del general Guadalupe Victoria, el también jurisconsulto Armando Victoria fue a visitar a la periodista y escritora con algunos documentos sobre el personaje y le dijo: “Va mi espada en prenda”, frase célebre del libetador. Ella le tomó la palabra y puso manos a la obra.

Una historia magníficamente documentada que atrapa al lector de principio a fin y es que los hombres y las mujeres que contribuyen a definir el destino de una nación tienen el privilegio de trascender, así como permanecer en la memoria de un pueblo, sin embargo, en muchas ocasiones la imagen que permanece de ellos, dibujada por aquellos que escriben la historia, es apenas una sombra de lo que fue su vida, una vaga silueta que simplifica sus defectos y virtudes, que los convierte en seres de ficción rodeados de mitos carentes de toda
dimensión humana.

El caso del personaje del que se ocupa este libro no es la excepción. El nombre de Guadalupe Victoria permanece grabado en la historia nacional como uno de los héroes patrios que nos dieron la libertad, la efigie del general reproducida en pinturas y grabados de su época nos mira con gesto estoico, pero poco conocemos sobre lo que hay detrás de su leyenda, sobre los detalles de su existencia, sobre los hechos que forjaron su carácter, y los llevaron a defender con valentía y bravura sus ideales hasta
su muerte.

Esta obra escudriña en la fascinante vida del general Victoria, en el período histórico del cual no fue un simple espectador sino también un actor incansable y decidido. Así conocemos a profundidad su primeros años y los acontecimientos, que lo llevaron a convertirse en un caudillo que luchó por la independencia de su país, su desempeño como primer presidente de México, así como sus últimos años, en los cuales, a pesar de su frágil salud continuó comprometido, en pie de lucha, desempeñándose como senador, gobernador de Puebla, y general del ejército.

En los pasajes de su biografía que se relatan en estas páginas conocemos al héroe, pero sobre todo al hombre que se entregó completo por el bien común. Gracias a hombres como el general Victoria hoy tenemos una nación, hay que honrarlo siendo mexicanos a carta cabal sin quejarnos todos los días de nuestros infortunios, y pongamos todos nuestro granito de arena antes de ver la paja en el ojo ajeno.
A trabajar se ha dicho…

Pero hasta los próximos 300… y… algunos más…