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Los Trescientos y Algunos Más

  • Los Trescientos: Carlos González Gamio

  • Carlos González Gamio
  • La bella capital tapatía: historia y cultura  destilan por sus muros
  • Enlace Martín Moreno- Chapa

LA ciudad de Guadalajara, como una coqueta tapatía de bellos ojos modifica su fisonomía y luce radiante. Sus amplias avenidas se ven limpias y disfruta la mirada con sus macizos de bugambilias y jacarandas en flor. La gente es amable y buenos anfitriones. Mi mujer me decía en el taxi camino al hotel, que eran hostiles contra los “chilangos” pero ahora sí se equivocó por toda la línea. Son hospitalarios y el servicio de primera. Evocamos aquella ciudad a la que gocé hace muchos ayeres, de niño con mi padre, que era de Lagos de Moreno. Y hubo una primada en Guadalajara en una casona victoriana de un tío, miembro de la rancia aristocracia tapatía de comienzos del siglo XVIII, que se sentía
bordado a mano.

Con los años perdió la cabeza, el corazón… y la fortuna heredada, a manos de una bella jovencita de los Altos de Jalisco que salió más viva que un dolor de muelas, y se vino a la Ciudad de México a refugiar a una casa vieja en Clavería donde murió de pena y de alcohol.

Pues recordaba esa estancia en el recién inaugurado Camino Real de Guadalajara allá por mediados de los 60s. Nos fuimos toda la familia en un carro de tren convidados por el coronel García Valseca, a la sazón propietario de la cadena de periódicos de su apellido, hoy Organización Editorial Mexicana, y madre de nuestro querido Sol.

Nos paseó el tío Luis Felipe por la capital tapatía y sus alrededores. Mismo recorrido que hicimos en esta ocasión. Tlaquepaque en primerísimo lugar. Ahí en esos lejanos 60s mi padre y su compadre, Juan José Arreola, agarraron una jarra de pronóstico reservado con una bebida típica del lugar: el Tesjuino, de maíz pero con aguardiente y los fueron a sacar de una cantina en calidad de fardos.

Hoy ese increíble lugar conserva su belleza de centro turístico pintoresco, con tiendas de artesanía, restaurantes típicos, su parián legendario, música de mariachi, alegría en sus calles y hasta Voladores de Papantla a ristre para lo que se ofrezca.

Y al otro día, caminar por los parajes de su centro histórico al que han dejado reluciente con caminadores plagados de tiendas insertadas en edificios de una moderna pero magnífica arquitectura, que se lleva con los edificios antiguos sin desentonar.

Caminar después por el jardín de los jaliscienses ilustres entre sus sauces y robles eternos, y dirigirnos a visitar el histórico Teatro Degollado es un deleite, para cerrar con broche de oro en el supremo Hospicio Cabañas, ese orfelinato histórico en el que el más grande muralista latinoamericano de todos los tiempos, José Clemente Orozco, plasmó en muros y bóveda principal una de sus magistrales creaciones
“El hombre de fuego”; esa imagen cósmica que nos sigue conforme vamos caminando alrededor de ella. Impresionante juego visual que solo un genio como Orozco pudo lograr, no por nada es considerado el Miguel Ángel mexicano. También aparecen las figuras de Diego y Siqueiros si observamos con detenimiento el frontispicio.

Y de ahí a la espléndida Hacienda de La Escoba, en Zapopan para asistir al enlace de la preciosa Alejandra Martín Moreno con el afortunado Erick Chapa. Sitio de belleza inenarrable donde saludamos a viejos afectos que no veíamos muchos lustros atrás, y donde escuchamos anonadados una canción compuesta e interpretada por la desposada que le dedicó a su padre, el empresario Alejandro Martín Moreno. Suculento banquete, luces artificiales, islas con bebidas espirituosas para todos los gustos, y música hasta entrada la madrugada fueron los ingredientes para una noche inolvidable donde casi medio millar de invitados felicitaron a los novios. Pero hasta los próximos trescientos… y… algunos más