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Los trescientos y algunos más

  • Los Trescientos: Carlos González Gamio

  • Un viernes productivo Chez Mijares
  • Nostalgia con los matusalenes
  • Chava Flores en los colores de mi tierra

Un viernes productivo es aquel que nos invita al aprendizaje. Nunca acabamos de aprender; ni jóvenes ni viejos. Pero algo nos hermana a las generaciones, y es la sed y el hambre de saber. Algún colega maestro de la Ibero, cuando le pregunté el secreto de su eterna juventud me confió que se conserva entre el vino y los libros.

Así que le tomé la palabra a mi querido mentor y eminente jurisperito don Saul y nos dirigimos, invitados por el lic. Juan G. Mijares a comer en su casa de Lomas Hipódromo, la asistencia fue de lo más selecto, el arq. Antonio Villaseñor, de la familia del filántropo Amaro Ferrer Donde, cuya escuela en la colonia Anáhuac tuvo oportunidades de vida y progreso a numerosos alumnos encarecidos de
funcionamiento.

El lic. Luis Everaert, que lleva la sangre de su natal Coyoacán, cronista desde hace muchos años de la delegación Coyoacán y que guarda en la memoria todo lo concerniente a aquel refugio de Coyoacán de Hernán Cortes, después de la toma de Tenochtitlán en 1521 y ha quedado con leyendas que no concuerdan con la realidad, pues ni las oficinas donde están las autoridades citadas fueron del conquistador, ni su capital Ordaz fue el dueño de la casa de Francisco Sosa, con el Parque de Coyoacán, que fue reconstruida por don Alfredo Harp, que ha escrito libros sobre esos antecedentes, un ferrocarril que iba de Tlalpan a las Fuentes Brotantes, atravesando Coyoacán y seguía hasta topar con el Acueducto Xochimilco, la actual arriba de División del Norte, el que da platicas instructivas a los niños cada semana, en la Casa de la Cultura, imparte conferencias y participa en televisión, ilustrando sobre su tema.

Los manjares servidos fueron exquisitos, sopa de frijol con totopos, esa popular semilla sirve para todos los gustos aun los más refinados como el que degustamos para no olvidar.

El lic. Mijares habitualmente fue anfitrión de las señoritas Ayala, nombre de champaña francesa de la mejor calidad y que, en el cambio, parece equivalente de la sidra de la zona manzanera de Puebla, Huejotzingo.

La cereza del pastel fue la llegada de don Mariano Azuela Güitron, presidente jubilado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que orgullosamente el nombre de su abuelo Mariano Azuela González el más famoso escritor de la Revolución de la historia de Demetrio Macías en “Los de Abajo”, con múltiples impresiones y traducciones en varios idiomas de su padre, don Mariano Azuela Rivera, quien también fuera ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y de él mismo Mariano Azuela Güitron, quien hizo la carrera judicial desde secretario de estudio y cuenta hasta el más alto cargo del Poder Judicial Federal, nos menudea anécdotas deliciosas sobre las peripecias del novelista Azuela, quien el mismo decía “médico de pueblo de pobres es pobre” y como escribió el nieto de cuando la familia Azuela vivió en Santa María la Rivera, en la calle de Naranjo, la misma que fue médico de profesión y novelista.

Hubo referencia a que el dr. Azuela estuvo en Guadalajara y fue director de Educación en el Gobierno Villista y cuando se dio esta tuvo que dejar la Perla Tapatía, regresar a su lugar de natalicio Lagos de Moreno para exiliarse con la familia en Estados Unidos, que cuando volvió, quiso radicar en esta metrópoli y fue a vivir a la casa de un pulquero rico y de poco gusto el sr. Nabor Islas, de Tulancingo, que rechazó por dos veces pertenecer al Colegio de México y tuvo vida austera y sencilla hasta su fallecimiento en 1852. Que su padre, el ministro Azuela Rivera, gran amigo de Pancho Liguori y de brillante mente, por algún despistado lo elogió desmesuradamente, respondió exagera, pero poco.

Pancho Liguori, acompañante suyo frecuente, le dedicó una cuarteta, destacando que le molestaban las preguntas de si era autor de “Los de Abajo” y tenía que manifestar que era su padre.

Ya se rumora en la escuela / en son de chunga y relajo, / que el caro maestro Azuela / pesan mucho los de abajo.

La amistad del orizabeño fue pendular suspendida el trato cuando le escribía alguna mordacidad y luego olvidaba la molestia.

Que el ilustre don Mariano Azuela Rivera, escuchaba que no le hacía como escritor porque si lo hacía mal tiznaba a su madre… y si lo hacía bien a su ilustre progenitor.

Por lo que la comida transcurrió con los abogados, vinos franceses, y el brebaje descubierto con el fraile don Perignón.

Un buen recuerdo por los tiempos estudiantiles, esos cultos Matusalenes recuerdan que la Universidad cobraba doscientos pesos por el año profesional o sea mil pesos por los cinco años de las carreras clásicas previa a la de ingeniería. Los estertores del infierno pues la luz disminuye por la tarde, propiciaron la despedida con la firma convicción de repetir tan gratas reuniones.

Ahí los presentes nos felicitaron por el programa “Los colores de mi tierra” de TV Mexiquense donde entrevisté a Maru Flores, hija de esa leyenda que fue Chava Flores, el cronista musical de México, con el cual varias generaciones de mexicanos han disfrutado. Un ingenio fuera de serie; una radiografía del mexicano, sus costumbres, sus hábitos, sus placeres, sus tristezas, sus barrios. Un verdadero narrador creativo con nadie de la vida urbana musicalizada.

Maru, encantadora, versátil, platicaba anécdotas que iban fluyendo como cascada de su ingenioso padre. Y en seguida acompañada de ese grupo fabuloso denominado Los Piratas del Puerto, Irma Infante, hija de la guapísima Irma Dorantes y de otro ícono nacional, como lo fue Pedro Infante-amigo entrañable de Chava Flores, y que le inmortalizara canciones como “Peso sobre Peso”, (La Bartola), “Yo tenía un chorro de voz”, interpretó haciendo dueto con José Antonio Hernández “El Pelao de México”, que no tiene nada de “pelao”, pues es todo un caballero, las más famosas e icónicas canciones de Chava como:

“México Distrito Federal”, “Cerró sus ojitos Cleto”, “A que le tiras cuando sueñas mexicano”, “Boda de vecindad” y “La tertulia” entre otras melodías de este genio orgullos de México.

Mi generación que se asomó por primera vez al mundo en los años cincuentas del siglo pasado comenzó a disfrutar de la música de Cri-crí, se enamoró y enamoró con canciones rancheras y de tríos, y saboreó la ciudad de México y recreó sus personajes con Chava Flores, como comentaba un diplomático famoso. Por eso cuando estoy melancólico o con cierta nostalgia por esa ciudad de México maravillosa que no ha de volver pongo un disco de mi consentido Salvador Flores Rivera, con el alias de Chava Flores Y hasta los próximos 300 y… algunos más