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Los Trescientos y Algunos Más

  • Los Trescientos: Carlos González Gamio

  • Carlos González Gamio
  • Cultura y música en las tertulias saulianas
  • Doctorado Honoris Causa a Silvia García de Alba
  • Una vida al servicio de la comunidad

Parece que fue ayer cuando el ínclito jurisperito, don Saúl Uribe, nos abría las puertas de su señorial casona de las calles de Homero en Polanco a un grupo de profesionistas de todas las áreas de la actividad productiva, sibaritas, cultos y bohemios. Buena comida, buenos vinos, charla culta y… música y canciones que hacían de éstas unas veladas inolvidables, con la guitarra de Miguelito Apud, acompañando a Silvia de Alba o a Queta Navarro.

Hace un cuarto de siglo entre personalidades de la talla del culto notario Ignacio Morales Lechuga, del magistrado José Luis Caballero, del escritor Gonzalo Martré, del catedrático y ombudsman José Luis Sobernes, del ínclito bardo chiapaneco Roberto López Moreno, del abogado genial Juan Mijares, de ese charlista incorregible, crisol de innumerables historias de la vida nacional, Ramón LLarena y del Rosario y otros notables personajes, conocí a una bella dama de voz sensual que cantaba boleros de manera inimitable: Silvia García de Alba, quien habiendo estado casada con Jorge Rojo Lugo realizó una obra sin precedente como primera dama del Estado de Hidalgo, que no ha sido
superada en tres décadas.

La espléndida casa de don Saúl con su mesa bien montada para 40 comensales se abría mensualmente con esa hospitalidad característica de los espíritus de grandes alas para estas tertulias, y entre copas y tarros rebosantes con el mejor pulque del mundo; el de Apam, y entre risas, escuchábamos cantar maravillosamente y declamar a esta musa cuyas coplas en contra de los infieles y mujeriegos hombres desataba la franca carcajada, dichas con ingenio y picardía por el talento
inagotable de Silvia.

Pues la vida siguió su curso y Silvia, conservando eterna juventud y vitalidad, siguió viendo por sus semejantes, ayudando a sus prójimos aquí y allá, desde la agrupación “Gilberto” entre las poblaciones indígenas, sin hacer alharaca, en silencio, en otras agrupaciones asistenciales o por su cuenta.

Hoy una docena de instituciones públicas y privadas, entre fundaciones, la Comisión de los Derechos Humanos, organizaciones de derechos civiles, universidades y consejos académicos le han rendido un merecido homenaje en reconocimiento a su incansable labor altruista de décadas. Poco ruido y muchas nueces que han beneficiado a comunidades completas, labor que continúa hasta la fecha, y que combina con su participación en programas televisivos enseñando con música las tradiciones y costumbres de su amado México, enseñando una de las más impresionantes colecciones de vestidos regionales y cultivando a sus televidentes.

Hoy ese Doctorado Honoris Causa, por los beneficios aportados a favor de la educación, la salud y el desarrollo sustentable es un pequeño reconocimiento a una vida fructífera ejemplo a seguir para las próximas generaciones. ¡Muchas felicidades mi admirada doña Silvia!
Y hasta los próximos
trescientos… y… muchos más