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Los trescientos y algunos más

  • Los Trescientos: Carlos González Gamio

  • Recordando sitios de encuentro donde citábamos a las madres

Hoy que es Día de la Madre, valdría la pena recordar todos aquellos puntos de encuentro que tuvimos los capitalinos únicos e inolvidables para vernos con nuestras madres o con nuestras mamacitas para celebrarlas. ¡Mejor nos vemos en Bellas Artes! Excepcional punto de encuentro. Las citas menudearon en su frontis, bien para ir a otro lado o tal vez para penetrar en su recinto.

Seguro que en repetidas ocasiones usted esperó sobre los mármoles de Buenavista y Carrara, bajo la mirada impresionante de Chac, el dios de la lluvia, la llegada de su acompañante. Inaugurado en 1934, el Palacio de las Bellas Artes está por cumplir 83 años. A lo largo de ocho décadas todos los capitalinos nos hemos dado cita ahí.

¡Nos vemos en Sanborns!.Nuestra ciudad ha cambiado radicalmente su fisonomía. Ya no es la misma. Su arquitectura dejó de ser aquella que tanto fue admirada. Fueron construcciones soberanas, de las que quedan algunas muestras; entre ellas, la que fue la mansión de los condes del Valle de Orizaba, ubicada entre las calles de Madero, La Condesa y 5 de mayo, incomparable construcción que data de la segunda mitad del siglo XVIII, y que sin duda fue la única en la Nueva España que imitó la construcción poblana con sus muros de talavera. Todo México la conoce como la Casa de los Azulejos, fue sede del aristocrático Jockey Club y hoy es asiento del primer Sanborns que tuvo nuestra ciudad.

¡Nos vemos en la cafetería del Regis!. El elegante, bohemio e inolvidable Hotel Regis fue una de las joyas arquitectónicas que perdió la Ciudad de México durante el sismo del 19 de septiembre de 1985.

Su cafetería fue famosa por ser la mejor de aquel México. A ella asistían las más refulgente estrellas del cine mexicano, las damas “popis” de la ciudad y las más bellas mujeres de ese tiempo. Fue la primera en montarse al más puro estilo americano. Y fue el punto de encuentro más animoso de los capitalinos de los años 50s y 60s.

¡Cuando el reloj de Bolívar marque las 10, ahí estaré!

También fue costumbre inveterada del capitalino reunirse “en el reloj de Bolívar-ignorando los más, que los menos sí lo saben-que se trata del reloj Otomano, que los hijos del imperio de Turquía residentes en México regalaron a esta ciudad con motivo de las fiestas del primer Centenario de la Independencia… Y ahí nos dábamos cita para acudir a la Flor de México en la contra esquina del reloj de Bolívar y Venustiano Carranza, sitio famoso por la exquisitez de su chocolate y por la sabrosura incomparable de sus panes y pastelillos.

¡Nos vemos en el Palacio de Hierro! Al Palacio de Hierro llevaban las familias acomodadas a sus respectivas “cabecitas blancas “ a efectuar las compras de su regalo de Día de las Madres, y su estratégica ubicación en pleno centro de la ciudad-también propició todo tipo de citas. Ahora bien, será conveniente que mis queridos lectores sepan que el nombre del Palacio de Hierro se debe a que fue el primer edificio que se levantó en México de estructura completamente metálica. El primer edifico del palacio se destruyó completamente en un incendio. Y el actual con la misma estructura metálica data de 1921.

¡Nos vemos en el cine Roble! El cine estuvo ubicado en Reforma #133 y fue uno de los cines más bellos, espectaculares y elegantes que tuvo la Ciudad de México. Era amplio y cómodo y contó con lunetario, anfiteatro, y galería. Se inauguró en mayo de 1950 y se cerró cuando resultó dañado por el sismo de 1979. 15 años después fue demolido, y al desaparecer se fueron con él los mejores recuerdos de nuestra juventud dorada.

¡Te espero en el Correo!. El Correo fue un punto de encuentro para las parejas, indubitable para los capitalinos. Ahí se daban cita los estudiantes, las parejas, los amigos; y del Correo se tomaba rumbo a otro lugar; al cine, al café, al restaurante o a un compromiso de negocios.

Sin duda el edificio del Palacio Postal-su nombre real- es uno de los más bellos de Latinoamérica y representa la muestra más acabada de arquitectura de la época. Por cierto que este edifico con sus 28 metros fue el más lujoso de la ciudad por centurias.

Nos vemos en el Café Tacuba! En los años 50s la vida de la Metrópoli se encontraba en el centro y desde luego ahí se encontraban los mejores sitios para comer. Una de las más antiguas hosterías es el Café Tacuba, famoso por su tradicional comida mexicana, que sigue haciendo las delicias de sus fieles parroquianos en medio de un ambiente colonial, con sus azulejos y sus óleos de virreyes y marqueses… punto ideal de encuentro para la gente de aquellos años… y para la de hoy también, si nos hacemos de paciencia para ir al centro… Cosas para recordar!…

Y hasta los próximos 300… y… algunos más con un abrazo para todas las mamacitas del país…