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Los trescientos y algunos más

  • Los Trescientos: Carlos González Gamio

Como reza el viejo lugar común; los viajes ilustran .Así nos lanzamos a viajar. De carreterita pueblerina a nueva autopista, adelantos de la modernidad, para cumplir agradable encomienda, enfilamos para la Angelópolis, llevamos a una pareja de amigos canadienses a una de las mejores ciudades de Latinoamérica

El aglomerado Viaducto Miguel Alemán a la antigua calzada de Puebla construida sobre espacio de la vía angosta del FF.CC. Interoceánico para Texcoco la vía fue ampliada para facilitar el libre paso.

John Wilcox y Nancy, sorprendidos por el periplo, fue una experiencia grata, pues la última vez que vinieron a nuestro país fue hace un cuarto de siglo. Poco más adelante está la caseta de cobro del peaje, son varias cajas recaudadoras y el cruce no dilata mucho.

Otro trazo cambió. De la antigua carretera construida por el presidente Calles en 1926, no queda más que el recuerdo.

También pasó a la historia la antigua carretera angosta, con pendientes para demandar la sierra, a partir de Ixtapaluca las curvas estrechas que abrían el compás casi a 90º hasta llegar a Rio Frío, -ahí donde el buen Sergio Peralta ha realizado una labor enorme con su escuela de pastores- a las que tenemos ahora, las curvas cerradas pendientes suaves y apenas se ven las poblaciones que antes cruzaban la carretera; muy a lo lejos podemos contemplar la Megalópolis y su constante crecimiento que viene a más, sin
esperanza de mejorar.

Es increíble la de nuevos desarrollos habitacionales de nivel medio y medio bajo que proliferan día a día en la periférica de la gran Megalópolis.

Ya no cabemos más, porque la explosión demográfica sigue incontenible y cada día salen más vehículos nuevos y viejos productores de contaminación en las paradas.

En San Martín Texmelucan, vimos a lo lejos los bosques que fueron
reforestados.

Sin darnos cuenta pasamos a un lado de la Volkswagen y entramos a la Angelópolis. Anchas y modernas vialidades inundan la capital poblana. Su museo barroco compite con los mejores del mundo, y su gastronomía igual. Las antigüedades del callejón de los sapos son fuera de serie. Y el museo Amparo, donación de don Manuel Espinosa Yglesias, es una maravilla del arte contemporáneo.

En el nuevo pavimento que corre al costado poniente de la capital poblana en unos momentos llegamos a la salida a Amozoc, muy afamado pueblo desde la lucha del siglo XIX recordada como el Rosario de Amozoc, cuna de orfebres que trabajan la plata haciendo filigranas de gran belleza.

Entre sus clientes habituales están los charros consumidores de frenos, recubrimiento de las cabezas de las sillas de montar, herrajes, estribos, ahí también pueden encontrarse joyas del pasado. Seguimos hasta Tepeaca, que para los conquistadores cambió su nombre a Villa de Segura de la Frontera cuyos campos reciben agua de la presa de Valsequillo, también la primera gran obra hidráulica del sexenio Ávila Camachista.

A la distancia son visibles los yacimientos de mármol ahora consumido en cantidades industriales por quien los emplea en las obras grandes y chicas que por todo México están haciendo.

Uno de los compañeros de viaje, el célebre Gonzalo Martré personaje de gran cultura, expresó que aunque dan por similares, hay la diferencia entre mármol y granito, pues aunque también lo venden en grandes volúmenes tienen diferencias mayores.

El granito tiene fragilidad, absorbe manchas de grasa, ovino, que quedan impregnadas, en cambio es más duro que el mármol, no tiene la porosidad de éste y la calidad radica en que una vez pulido, tiene reflejos de espejo.

En nuestro México, el granito alcanza precio mayor y en otros países apunta de tal manera que hasta las banquetas, las cercas multiformes están hechas por ese material.

Ahora no importamos de España, Brasil y a últimas fechas, de China, resulta particularmente útil para mesas y cubiertas de cocinas; puesto en pisos y muros luce espléndido en las mansiones de los Trescientos que disponen de ricas
escarcelas y lo lucen en sus convivios.

Seguimos rumbo a Tecali en cuya calle principal antigua carretera a la capital del estado, encontramos múltiples tiendas que tienen a la venta preciosas figuras en tallas sobre mármol; imágenes religiosas, labradas en los bloques y gracias a las maquinas ojeadoras tienen ejemplares hasta de cuatro metros de
largo por tres metros de alto.

El Tecali ónix, en otros sitios, permiten el paso de la luz puesto en los espacios libres de las antiguas iglesias.

Nuestro encargo nos llevó a buscar por qué llaman tapetes, que son toda clase de figuras hechas con minúsculos trozos de mármol donde hay toda una gama de surtido, pues aunque el material tiene alto valor, las manos del artista le dan mayor realce.

Lo mismo tiene figuras de caballos, toros, águilas, que representaciones religiosas, la mayoría de la Virgen de Guadalupe, estandartes de los mexicanos desde que la utilizó el padre Miguel Hidalgo en septiembre de 1810 y que estaban en el convento de Atotonilco en Guanajuato, sitio que recibe múltiples generaciones, celebraciones, peregrinaciones y hasta dan alojamiento que deja intenso olor a humano.

Puntual el retorno a nuestra morada, recorrimos de nuevo la autopista que ya parece como los autos VW alemanes, donde no hay límite de velocidad, pues los habitantes son educados de tal manera que no solo conocen sino tienen
absoluto respaldo a los señalamientos.

El pavimento totalmente liso y limpio, por el que nuestro automóvil parecía deslizarse. Pasado el tramo federal seguimos por la nueva Calzada de
Puebla, también recién pavimentado tramo que corresponde a la Ciudad de México. Para variar todo, también tiene baches,
menos que antes.

La entrada al Viaducto Miguel Alemán conduce rápido y fácil a nuestro destino final en Lomas Hipódromo por el Periférico, Avenida Conscripto, que también tiene sus baches.

Contentos y satisfechos por la experiencia vivida, en este viaje de un día, volvemos reflexionando que los hermanos Serdán, el general Zaragoza, el recién desaparecido general y doctor Rafael Moreno Valle, o el empresario polifacético Carcho Peralta, poblanos distinguidos, se sentirían orgullosos de ver la
funcional belleza de su ciudad capital.

Y hasta los próximos Trescientos
y Algunos Más.