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Los trescientos y algunos más

  • Los Trescientos: Carlos González Gamio

Tertulia cultural con la máxima autoridad del Centro Històrico

Un recorrido por nuestro pasado

Después de un azaroso recorrido por Paseo de la Reforma por Metrobùs, llegamos por el antiguo Paseo de la Emperatriz proyecto de Maximiliano que en medio de la guerra y la penuria económica logró terminar camino directo del Castillo de Chapultepec al Palacio
Nacional, donde atendía los asuntos del Imperio, seguía por la antigua calle de Plateros hoy Madero y vuelto
peatonal.

Llegamos a la sede del coordinador de la Autoridad del Centro
Histórico, el experimentado político y abogado Jesús González Schmal, en la reconstruida Casa de las Ajaracas esq. con Guatemala y Argentina.

El anfitrión nos recibió en el último piso de su oficina desde el que contemplamos a simple vista el pasado lejano, el intermedio del
actual.

En México rumbo al oriente está la Plaza Gamio en honor de mi abuelo el arqueólogo don Manuel Gamio que descubrió el Templo Mayor, mismo que fue continuado y reparado por el también arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, al frente tenemos la Catedral Metropolitana, a un costado el Palacio del Arzobispado también repleto de historia antigua.

Como nos encontramos en el cuarto piso, las torres de Catedral se ven menos altas de lo que son, así del México prehispánico tenemos el Templo Mayor que se extendía hasta el subsuelo de la Secretaría de
Hacienda.

De la época colonial, tenemos la Catedral y El Sagrario Metropolitano, y la serie de casas que corren frente a la calle de Guatemala del siglo XVI, reconstruidas y conservadas de la Independencia.

Tenemos El Palacio Nacional residencia y oficina de los presidentes, cuya Puerta Mariana hecha por el presidente Mariano Arista da entrada al patio de la Secretaría de
Hacienda.

Recordamos que el mismo recorrido que hizo Maximiliano emperador, de Chapultepec al Palacio Nacional lo seguía el ministro porfiriano José Ives Limantour de elegante figura que solo manejaba una volanta, carreta ligera de dos ruedas para un solo caballo.

En la época alemanista , hacía este recorrido el ministro de Hacienda don Ramón Beteta Quintana, abogado y economista, diplomático que iba en su Packard de dos puertas convertible destapado.

Desde el mandato del presidente Adolfo Ruíz Cortines, el secretario de Hacienda don Antonio Ortiz Mena, manejaba solo su Buick azul marino hasta el patio de la Secretaría para tomar el elevador y llegar a su oficina.

Al sexenio siguiente don Antonio repitió con el presidente Díaz Ordaz que fuera el más joven del grupo de don Miguel Alemán, tuvo brillante desempeño como director de
Banobras, director de profesiones y dos sexenios titular de Hacienda.

El Grupo del Rincón de Antaño exhibió la hospitalidad generosa del titular de la Autoridad del Centro Histórico.

Nos sentamos en la terraza en torno a la mesa, en la cabecera el invitante, el costado con vista al espléndido paisaje.

El aguerrido jurisconsulto maestro emérito de la Facultad de Derecho y consejero de la UNAM, Eduardo López Betancourt, con su bella esposa Elba.

Viajeros incansables pues para compensar años en la brega de difíciles conflictos, ahora imparte clases y conferencias por todo el mundo, acababa de llegar de Argentina.

Los dos prominentes peritos echando carreras en silla de ruedas, quienes muchos ayeres tuvieron sendos despachos en el Centro Histórico y estudiaron también en las históricas calles del centro capitalino en la antigua Escuela
Nacional de Jurisprudencia, hoy
Facultad de Derecho.

En la esquina de Argentina y San Ildefonso contigua al Templo de la Encarnación de cuyo convento
Vasconcelos hizo la Secretaría de Educación Pública, en muros pintados por el genial Diego Rivera.

Llegó también el ministro de la Corte y expresidente, Mariano Azuela Güitrón, un poco tarde porque previamente pasó revista a la exposición de la librería Porrúa en Justo Sierra y Argentina.

Felizmente, la reunión fue doblada haciendo coincidir las apretadas agendas de los concurrentes cuestión dejada para la próxima junta que tendrá lugar con los calores y lluvias del mes de agosto, con múltiples celebraciones para quienes llevan el nombre de Enrique y Carmen. No hay familia mexicana que así como tiene Lupes también cuenta con Enriques o Carmelas.

Como fin de fiesta, fuimos invitados por ese señorón que es José
Antonio Pérez Porrúa (papá) y el Lic. José Miguel Pérez Porrúa (hijo) a la Exposición de la Librería Porrúa, en cuyos muros aparecen los nombres de autores publicados.

Los techos parecen nuevos de tejamanil de la misma madera, con vigas de madera labrada muy largas que no las hay actualmente, son
hechas de árboles muy altos.

En perfecto orden están las conexiones de las series publicadas, pues la familia Porrúa tiene más de 100 años en la publicación e impresión de libros que ahora hacen con la
Secretaria de Educación. Por cierto que nos obsequió una edición original de
La sombra del caudillo, de Martín Luis Guzmán, libro del que mucho hemos hablado en la Ibero.

Por cuanto hace al día de hoy, complace que en el pasaje desfilan muchachas y muchachos muy jóvenes interesados en la cultura que vienen del Zócalo y del Metro al Templo Mayor.

La juventud es la esperanza de la patria y más quienes están conscientes  de que previamente hay que saber para después hacer. Y hasta los próximos Trescientos y algunos más.