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Los Trescientos y algunos más / Carlos González Gamio

  • Los Trescientos: Carlos González Gamio

* Manuel Tolsá, talento múltiple, ingeniero, arquitecto, escultor, benefactor

* Su escultura del caballito resistió los siglos, pero no pudo con estulticia de limpieza

Llegamos más molidos que una albóndiga al desayuno secular del club de industriales y esta vez para mi sorpresa tuvo la presencia del maestro Alberto Madrid, antiguo mentor que lee esta bien peinada columna, ya sea en esta capital o en donde sea.

Refiere que vino a ver la estatua de Carlos V, a raíz de la publicación de nuestro cuadro de la problemática surgida respecto a la dañosa restauración que sufrió.

Con el dicho de “aquí yace un gran señor / en un ataúd de palo / no murió por estar malo / sino por estar mejor /. Mal lograda restauración resultó destructiva. El propósito fue limpiarla de polvo y moho.

Y dedujimos que Manuel Tolsá concibió, hizo molde y fundió una de las dos mejores esculturas ecuestres de Europa y de América. Destaca la estética de la figura del caballo que según cuentan fue tomada de ejemplar de la Hacienda del Jaral en el Bajío.

El Virrey Branciforte lo encargó para alagar al Monarca Carlos IV, Borbón, lo mandó representar sobre el equino portando en la mano derecha un rollo representativo de la Constitución de Cádiz recién promulgada y que reconoció derechos de las colonias a estar representadas e intervenir en las decisiones del Gobierno.

México mandó a Don Servando de Teresa y a Don Andrés Quinta Roo, con otros personajes que preparaban la Independencia como muchos interpretaron el Monarca Español cuyo gesto no era apoyador de esa Carta Magna. Sino al contrario tal como su sucesor Fernando VII, la derogó. Aunque después fue obligado a volverla vigente.

En esa línea de pensamiento las malas lenguas dicen que Carlos IV, lo que expresa con el contenido de su mano derecha es “tengan su Constitución”. Equivalente a los cuernos que ponemos levantando dos dedos de la mano con significación de rechazo. Con todo y ser de bronce El Caballito ha recorrido varios sitios de esta capital.

Primeramente, en el Zócalo, escalón de la Plaza Mayor hoy de la Constitución que de ahí tomó el nombre, de la Independencia fue al patio de la Universidad que todavía era real y pontificia. Pues se volvió nacional de México hasta 1910, con Porfirio Díaz y Justo Sierra.

En las celebraciones del primer centenario de la Independencia, después pasó a la esquina de Reforma y av. Juárez. En lo que fue Plaza del Caballito próxima al Templo, convento y panteón de San Fernando. Donde reposan don Benito Juárez y otros próceres patrios. Con la remodelación de la Plaza Tolsá en la calle de Tacuba. Entre Motolinía y callejón de la Condesa. La obra del valenciano Tolsá fue a dar al centro de la nueva plaza.

Teniendo atrás en Palacio de Comunicaciones Porfiriano, del arq. Silvio Contri para el centenario de 1910.

Con vista al costado derecho del Palacio estilo Veneciano de Correos, directamente al Palacio de Minería, obra también del artista español. Pero aunque sabido, no practicado, tenemos que recordar. Que la iniciativa de los tontos resulta perjudicial. Que más mal les causa ideas de buena voluntad. Que mejor tener a los ignorantes y a los limitados de capacidad en la sombrita, dar preferencia a pagarles por no trabajar, que darles oportunidad de meter la pata. La institución de los aviadores en la burocracia origina dispendio de recursos públicos. Pero con todo y que fueran millones despilfarrados. Hay males que no tienen reposición.
Causación de daños irreparables.

A esos tipos tenemos que recompensarles levantarse tarde, dilatar mucho en las comidas, dormir siesta, ir a la cama temprano. Porque así tienen menos oportunidad de meter la pata. Así fue con que metieron mano a la estatua. Encargados carentes de experiencia y de capacidad. Le echaron chorros de acido que como al jorobado cuyo médico le aseguró quitarle la jiba. Así lo hizo pero el operado murió en el tratamiento. El reclamo de los
familiares fue respondido.

“Mi obligación fue quitarle el defecto de la columna vertebral y así fue el fallecimiento quedó fuera del compromiso”. Todos humanos cometemos errores. Pero tenemos que entender cuando y como sucedieron. Para poner remedio correspondiente. Aquí la perseverante metida de pata. Hizo necesarias múltiples quejas. Particularmente su publicación en los medios, como en nuestro querido El Sol de México.
Largo tiempo ha pasado.

La persistencia en el error es que después de que el acido se llevó con el polvo la patina y el pavonado del bronce, que solo puede recuperarse con tenerlo limpio como al principio. Y dejarlo así más de un siglo. El daño causado tiene muy difícil reparación pero sí la tiene y hay abandono para la continuación.

Pues el ácido corrió por el metal y quedó en el pedestal dañando la cantera del mismo. Produce la misma desintegración de la figura metálica. Igual en la piedra caliza.

Siguen pasando los días y el acido permanece sobre el monumento y continuación de los efectos destructivos. Estamos a tiempo de hacer la corrección posible. Comenzar con lavar el material destructivo. Llevar personal idóneo, científico experimentado para diagnosticar el mal y su remedio. Esa plaza representa la historia nacional.

El Palacio de Comunicaciones sobre el convento y hospital de San Andrés, colonial. La obra porfiriano repetidora del estilo neoclásico iniciadora de construcción con vigas de acero el Palacio de Minería que fue Colegio, Tribunal durante la dominación española. Que con la Independencia fue despacho gubernamental. Oficina de los secretarios de Agricultura, Escuela Universitaria, ingeniería.
En cuyo templo, capilla o salón principal tenían lugar los exámenes profesionales. Llamado el paradero “por el sufrimiento sufrido durante el examen”. Con las exigencias y preguntas de los
Sinodales.

Muy cerca, la Cámara de Senadores. Recinto centenario que siendo todavía útil sirve para las grandes ceremonias. En el Centro Histórico punto de arranque de las obras hechas por Tolsá en las cercanías, la Iglesia de Santa Veracruz donde fue inhumado. La terminación de la Catedral Metropolitana. El altar y otras partes de la Profesa, originalmente jesuita.

En la que el Canónigo Monteagudo inició la confabulación que originó con el abrazo de Acatempan. El fin de la Colonia y la Independencia Nacional. Cesación de la guerra destructiva comenzada por Hidalgo en 1810 y que llevaba más de 10 años.

Que no tenía para cuando acabar pues aunque la guerra armada concluyó en 1815, con la muerte del caudillo José María Morelos y la efímera participación de Francisco Javier Mina.
Continuaba acabando con la producción. Con la tranquilidad.

Con el auge del bandidaje y del vandalismo. Con los efectos de la mercadotécnica el conocimiento y la fama de los personajes resultan según la discusión Santo que no es visto no es adorado. De Tolsá la mayoría sabemos que existe una calle próxima a la Ciudadela y nada más. El valenciano artista merece reconocimiento justo y difusión de sus múltiples tareas.

Profesor de las Academias de San Fernando en Madrid, de San Carlos en México, cuna de los mejores artistas y arquitectos de ambos países.

Tenemos que contribuir al rescate de la estatua ecuestre de la Plaza Tolsá. Cabe mencionar que entre las obras señeras de Tolsá está el Palacio de las Ajacaracas esquina de Guatemala y Argentina hecha. Para alojar el Rey Fernando VII, por sí venia a la Nueva España huyendo de Napoleón. Como h hicieron los Reyes de Portugal que fueron a vivir a Brasil haciendo la Ciudad de Petrópolis.

Ese Palacio frente por un costado al Templo Mayor, a la Plaza de la Constitución y a la Catedral, actualmente alberga las oficinas de Don Jesús González Schmal, Autoridad del Centro Histórico al que corresponde coordinar e intervenir para la corrección y curación de la Estatua hechura del múltiple constructor, artista y maestro.
Pero hasta los próximos 300… y… algunos más…