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Los trescientos y algunos más / Carlos González Gamio

  • Los Trescientos: Carlos González Gamio

* Comida en la Hacienda de Huapalcalco

* Don Eduardo del Villar, anfitrión

* Con el agua no se juega

Salir de esta macrocefálica ciudad, en un día soleado y entre semana, además de ser más cómodo, resulta terapéutico, por ello atendí la invitación del ingeniero Eduardo del Villar, con quien me une, además de una amistad de toda la vida, un querido sobrino en común, y más de una anécdota inverosímil.

Llegué a su preciosa Hacienda de Huapalcalco, en las inmediaciones de Tulancingo, Hidalgo, al medio día. Me recibieron centenas de saludables y vigorosos ovinos y el anfitrión, con una vitalidad de adolescente y el mismo entusiasmo por la solución de los problemas del campo como hace 53 años, que se hizo cargo del feudo familiar, que por cierto, data de comienzos del siglo XVIII, siendo su primer propietario don José del Villar Gutiérrez.

Los orígenes de la Hacienda de Huapalcalco datan de antes de la época de la colonia, perteneciente al centro ceremonial Tolteca de Huapalcalco, que significa lugar de almacenamiento construido a base de madera. Está localizado sobre una zona muy fértil del valle de Tulancingo, a poco más de 100 kilómetros de la Ciudad de México.

Llegué al mismo tiempo que el maestro Mateo Linaza, otro hacendado de Hidalgo y un apasionado del campo, de su historia y de la productividad de las haciendas.

Ahí me enteré de que la familia Del Villar Kretchmar donó 22 hectáreas de fértiles tierras a la Universidad Politécnica de Tulancingo, hoy una institución generadora de mexicanos y mexicanas de primera.

La interesante comida-reunión versó primordialmente sobre la problemática del agua y sus soluciones en la cuenca de esa enorme región del país. Todo un estudio hidrológico desmenuzado detenidamente por los expertos ahí presentes como el ingeniero Santiago Arellano, la doctora Miriam de Ita, rectora de la UPT, la experta Sonia Ortiz Camacho, la licenciada Blanca Soto, Manolo Vega, el eminente jurisperito Saul Uribe Ahuja, el maestro Mateo Linaza y el propio ingeniero Eduardo Del Villar Kretchmar. Una tarde redondaen la que aprendí que con el agua no se juega. El ing. Mateo Linaza, durante la reunión, destacó las coincidencias de los comensales espléndidamente atendidos por d. Eduardo del Villar, en su afición y amor al agua, que la admiración de Cortés cuando divisó por primera vez desde las alturas del Monte de Rio Frio, la inmensidad del Valle de México, lo dejó absorto.

El grandísimo valle cerrado, equivalente a un mar de interior, con una isla pequeña aunque grande, la Tenochtitlán con su Templo Mayor, grandes palacios, trazos estupendos, vías de agua y de tierra para transportación.

Las calzadas para la transportación, por vía terrestre, a Texcoco, Tepeyac y Tacuba; el gran lago de Texcoco conectado con los demás,con aguas saladas y dulces. Chalco, Tláhuac, Zumpango, que permitían viajar por barca o canoa por todos los confines.

El ing. Linaza se echó a cuestas nada menos que la herencia del padre Francisco Tembleque, el generoso y genial constructor del Acueducto de Zempoala, 50 kilómetros que hizo correr por gravedad por varios ramales desde el cerro de Tecajete, volcán apagado que como en otras ocasiones, después de más de 400 años de absoluto abandono por los Gobiernos, sufrió daños mal intencionados que lo hicieron dejar de funcionar para robo y desperdicio del agua.

Siguiendo la obra hidráulica más importante del siglo XVI, otro sacerdote, el padre Ángel Cerda, hizo el Patronato Acueducto Tembleque, A.C. no lucrativo para rescatarlo, lucha sin cansancio a la que dedica su mejor empeño don Mateo, y que clamó al cielo y no lo oyó, pero alcanzaron a provocar el interés de los extranjeros que muchas veces ven más y mejor que
los mexicanos.

Consiguieron un millón de dólares del Gobierno de Hidalgo y, lo más trascendental, iniciaron gestión ante la Unesco formada con los estudios y documentos trabajados y almacenados largos años, para que el maestro Francisco Javier López Morales, director de la oficina especializada del Gobierno mexicano en materia de Bienes
Excepcionales de Patrimonio Mundial.

Con el feliz final el año pasado, esa rama de las Naciones Unidas declaró Patrimonio Mundial el Acueducto del Siglo XVI, que esas aguas se juntan bajo tierra, con lo que fue un sistema hidráulico colonial ordenado antes de la llegada de los españoles.

Mantenido por los virreyes. Descuidado por el México Independiente, con deterioro creciente en particular desde
principios del siglo XX.

Así, la Laguna de Apan, que iba desde Ometusco en el Estado de México por todo el llano hasta la tierra del pulque, más de 30 kilómetros por lado se rascaron por el gobierno federal, para hacer un dren que llevó esas aguas subterráneas.

Quedaron y pasaron los mantos freáticos bajo la laguna de Tecocomulco, tan grande en longitud que iba desde adelante de Tepeapulco, hasta la orilla de Tulancinco, el Valle fértil por la calidad de la tierra y la abundancia de agua. Con sus lagunas a Alcholoya y otras, rumbo a la tierra de mis amores, Huasca de Ocampo y con agua para el Conde de Regla

Sus lagunas de San Miguel, Santa María, hoy delicia de paseantes que como todas las aguas llegan al mar. Todas se juntan como Cuenca del Río Pánuco,
empresa protegida por el anfitrión.

Bajo tales auspicios quedó iniciada y fortalecida firme amistad y recordamos Huasca ahora que el flamante secretario de Turismo Enrique de la Madrid ha retomado el tema de los pueblos mágicos, pues esta pintoresca población hidalguense está catalogada como pueblo mágico.

Efectivamente, ese es un bello rincón de Suiza enclavado entre los bosques de Hidalgo, con acogedores bungalows, jardines y manantiales en abundancia.

“El Conde de Regla”, Pedro Romero de Terreros, hombre que hizo fortuna con las minas de plata fue además un benefactor de los indios y creador del Monte de Piedad; pero además construyó las más bellas haciendas de esa zona hidalguense como San Miguel Regla, San Juan Hueyapan y Santa María de Regla, donde en compañía del genial Tulio Hernández, degusté regios pulques curados, acompañando la mejor barbacoa del orbe hace ya muchos ayeres.¡Cosas para recordar!.

Pero hasta los próximos 300… y… algunos más…