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Los Trescientos y Algunos Más / Carlos Gonzalez Gamio

  • Los Trescientos: Carlos González Gamio

  • Un remanso de cultura en Tepoztlán
  • La Unesco y el padre Tembleque
  • Il divo, gran espectáculo

Un evento con toda la barba, el ocurrido el jueves por la tarde de La Sombra del Sabino allá por los rumbos de Tepotztlán, Morelos, esa región inmortalizada por la magnífica pluma de aquel cónsul alcohólico y genial que fue Malcom Lowry en su magistral novela “Bajo el volcán”, una de las obras cumbres de la literatura
oscurantista del siglo pasado.

Efectivamente, ese remanso de paz, arte y literatura en que se ha convertido La sombra del Sabino y que es manejado por Ethel, la viuda del enorme Víctor Urquidi, quien fungiera como el corazón del Colegio de México durante lustros interminables da espacio a las inquietudes de nuevos talentos y así una lectura de un poemario de Mark Hill se convirtió en una verdadera tertulia literaria que se prolongó hasta la madrugada del día siguiente.

Tepozotlán, la población pintoresca de las bugambilias y las jacarandas en flor, cambia su fisonomía día tras día, pero no pierde su encanto.Ahí han fincado sus casas de campos innumerables intelectuales y artistas de tendencias liberales, y también gente de muchos recursos a quienes le gusta darse sus baños de cultura e invitan a los primeros a sus casonas y les presumen sus Tamayos y Toledos, mientras éstos se burlan de las ostensibles falsificaciones mientras degustan el fino cognac que solamente ahí ingerirán.

Raúl Anguiano, Humberto Peraza, Adolfo Aguilar Zínzer, Jorge Castañeda, Chela Braniff, Kukxi Von Vutenhaw, Joffre y Gay de La Fontaine, son solo algunos botones de muestra de gente de letras y arte que son poseedores de fincas rústicas en esa población
mágica.

Ahí, a las faldas del Tepozteco asoman los enormes techos de teja colorada de una mansión propiedad del ínclito líder minero Napoleón Gómez Urrutia y otras residencia de otros ínclitos ciudadanos que la prudencia me impide recordar. Ahí, en ese rincón tropical de uno de los Estados más bellos del país, vislumbraban los talentos televisivos Carlos Cornejo y otros la posibilidad de grabar un programa más de “Llénate de México”, una producción maravillosa de la televisión mexiquense que versará sobre los valores, la música y las tradiciones más arraigadas de nuestro México.

No cabe duda de que las televisoras estatales y oficiales hacen más con menos. Ahí el caso de la mexiquense, con una guapa mujer de empuje y talento al frente o los nuevos proyectos del evolutivo Gustavo Lomelí, mandamás de TV Educativa de la SEP, y que decir de canal 11 donde por cierto se aventaron recientemente un magnífico programa sobre la máxima obra hidráulica del continente americano del siglo XVI como lo es el acueducto del padre Tembleque, y que ha sido considerado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, mientras aquí la máxima autoridad de la flamante secretaria del Cultura aún lo le presta la atención debida al robo de agua del que está siendo objeto.

Recordé con los anfitriones del Sabino, Mark y Estela la última vez que coincidimos en la graduación de nuestros respectivos hijos, y como ha variado las costumbres.

Las ceremonias de fin de cursos son altamente emotivas. Los niños reciben sus medallas o listones como un sabio recibe el premio Nobel, un periodista el Pulitzer o una rubia hermosa la corona de Miss universo. La emoción del acto se contagia a los adultos. Los padres lloran de orgullo y tal vez de preocupación, al pensar en los sustos y corajes que pasarán con los enanos (léase niños) en total libertad durante dos meses de vacaciones y para mis amigos con varios hijos la perspectiva es de las que dan infarto. Los maestros- esos mártires del analfabetismo- también derraman furtivas lágrimas; sin duda de alegría, pues descansarán de la marabunta durante algunas semanas.

Y todo un espectáculo resultó la presentación de ese cuarteto de voces privilegiadas denominado Il Divo en la Arena de la Ciudad de México, allá por los rumbos de Azcapotzalco, enorme centro de espectáculos del grupo Azteca que preside Ricardo Salinas Pliego.

Fuimos convidados a un palco por la encantadora María Ocampo, y la peregrinación hasta esas lejanas tierras valió la pena; los cuatro tenores son geniales.

Interpretan una versátil variedad de composiciones internacionales destacando boleros de nuestros mejores compositores mexicanos. Traen un equipo de luces, de escenógrafos y de músicos de lo mejor del mundo. Una magnífica opción para relajarme de los problemas cotidianos aunados a la salud mermada por las nuevas variedades de virus y bacterias que nos acechan. Ahí en el amplio palco saludé a Javier y Mercedes Bay, Sergio Peralta, Gaby González Gamio, Silvia Caballero, Javier González y Natalia Castelló, la güera Adame, Manuel Symansky, Javier y Bertha Martínez, y mi admirado primo Gus, que recordó cuando el famoso cuarteto de Mozart se presentó en Bellas Artes.

Al terminar su actuación un ranchero bien intencionado observando solamente cuatro músicos se aproximó al director y le regaló 10 mil pesos diciendo:- “Tome maestro, para que aumente su pequeña orquestita”.

Dicen que un cuarteto de cantantes está integrado por un magnífico artista y tres cuatitos a los que quiere ayudar. Pero este no es, definitivamente el caso de Il Divo, estos son cuatro auténticos artistas en todo sentidos….Y hablando de arte, una señora que estaba en el palco aseguraba que su hijo pinta al óleo de “oído”, cosas del nuevoriquismo… Pero hasta los próximos 300… y…
algunos más…