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Los Trescientos y algunos más | Carlos González Gamio

  • Los Trescientos: Carlos González Gamio

– Recuperando la memoria

– Los recuerdos del porvenir

– Jenkins, un pleito de película

El tener una charla con un personaje de otra época resulta un ejercicio reconfortante de memoria y calidez. Nos remonta a historias maravillosas, plagadas de recuerdos, de anécdotas, de un México lleno de luces y de esperanza.

Alberto Becerril, abogado destacado, juez en las Islas Marías, polemista de polendas, escritor, sibarita y amigo de presidentes, me expresa que siempre el tiempo pasado fue mejor, y a sus noventa y pico camina enhiesto, hace deporte, maneja su vehículo y recuerda con picardía sus andanzas por el centro histórico, durante los lejanos años 40 y 50, y como ha desmerecido.

Le recuerdo que hoy, al frente del centro histórico, se encuentra Jesús González Shmall, un apasionado de la historia, un hombre culto y comprometido con esa porción de la gran ciudad, cosa que lo deja satisfecho. Y me recuerda que, en la mayoría de las calles del centro histórico, hay dos placas en las calles: una con el nombre antiguo y otra con el actual. Me recuerda que fue en 1928 cuando cambió la nomenclatura de dichas calles.

JESÚS GONZÁLEZ Shmall.

JESÚS GONZÁLEZ Shmall.

Así, por ejemplo, la calle de Plateros es hoy Madero; la calle de la Acequia es hoy Corregidora; la calle de los Alguaciles Mayores es hoy Bolívar; y la calle de la Callejuela es hoy la av. 20 de Noviembre. Una arteria citadina, por la que hemos transitado seguramente los capitalinos muchas veces, es la calle de Balderas, que parte de la av. Hidalgo y llega hasta Arcos de Belén. Su nombre nos es familiar. Pero porqué se llama “Balderas”? Lucas Balderas fue un héroe que murió defendiendo a la Ciudad de México de la invasión de los gringos, en 1847. Su últimas palabras fueron, de acuerdo a lo dicho por el culto tío Beto:- “¡Pobre patria mía!…”, justamente el reclamo de 120 millones de mexicanos en la actualidad.

El buen amigo, Leopoldo Laurido, hombre de letras, ávido lector y estudioso constante, tuvo la gentileza de mandarme las historias de los 31 Estados de nuestro país, cuya ficha bibliográfica es:

Monroy Castillo María Isabel, Calvillo Unna Tomás. “Breve Historia de San Luis Potosí”. Fideicomiso Historia de las Américas. Serie Breves Historias de los Estados de la República Mexicana.

La historia de cada entidad abarca desde los tiempos prehispánicos hasta épocas recientes, las gubernaturas de Gonzalo M. Santos y la actual. Lo tienen en la biblioteca Gonzalo Castellanos en av. Tamaulipas, en la colonia Hipódromo. Cada libro y los capítulos correspondientes tienen los nombres de los autores responsables. Tratan con amplitud los tiempos virreinales de la Independencia Imperio de Maximiliano, Guerra Cristera y Revolución.

El libro correspondiente al Estado de Durango, trata con amplitud sobre los latifundios de los López Negrete en Cuencamé, los tiempos de violencia al inicio de los años 20, los abusos inducidos por Pastor Rouaix y cometidos por Pancho Villa. Narra la destrucción y saqueo, completos, de la Hacienda de mis antecesores, don Ladislao López Negrete. El incendio del mobiliario, aperos, herramientas, equipos, robo y matazón de ovejas, caballos, ganado mular, vacuno e instalaciones fabriles.

La alta calidad de la obra, su buena edición, la producción de los libros con el aval del Colegio de México y del Fondo de Cultura Económica, la cual es la última
instancia para adquirirlos.

Resulta de primera necesidad adquirir lo que enseñan esas historias, porque hay ignorancia, hay tantas historias inventadas. Las historias son imparciales y objetivas, no toman partido, solamente destacan las cuestiones importantes.

En una ocasión anterior, réferi la búsqueda de conflictos judiciales de padres contra hijos, lo que resulta contra el buen gusto y las buenas costumbres. Ahora, una importante revista política publica la inconformidad de Fundación Jenkins, que lo lleva a acusar penalmente no solo a sus hermanos, sobrinos del benefactor Guillermo Jenkins, famoso más que nada por el secuestro que tuvo una altísima difusión y terminó como secuestro. Dicho proceso en el que se dictaron ordenes de aprensión, no solo contra el Cónsul de Estados Unidos en Puebla, sino también contra el lic. Eduardo Mestre, quien fuera su abogado defensor y yerno del general Mucio Martínez, a la sazón del gobernador de Puebla, y a quien atribuyen la muerte de Aquiles Serdán el 20 de noviembre de 1910, en el principio de la Revolución. Resultó responsabilidad porque no encontraron ninguna huella de secuestro ni de malos tratos al secuestrado. Lo que fue indicio de su Emporio económico que comprendía la Cadena de Oro, los cines de todo México y el Banco de Comercio, el más importante hasta antes de la confiscación que decretó el presidente López Portillo, repugna que quien tiene conocimiento del deber de amar y respetar a sus padres y no lo hace, lo manda la Ley de Dios, por mera religiosidad, proteger a sus padres. Los está acusando no solo por diferencias monetarias, lo que puede explicarse, sino para poner en riesgo su libertad personal y el respeto social.

GUILLERMO JENKINS.

GUILLERMO JENKINS.

Escribimos la semana pasada la rareza de los hijos que tratan de tiznar a su padre, agresión excepcional que ha llegado a los tribunales de justicia, con la pretensión de que el padre agredido le desvirtuó los inmuebles que les dio.

Coludidos, los hermanos y la exesposa, en el ánimo de sacar ventaja de la ancianidad y estado de salud del padre, amontonándole conflictos.

Debemos admitir que los hijos entienden a los padres en la pérdida de su casa por negocios fallidos, pero no la agresión guiada por la voracidad económica.

En la sociedad plena, la ropa sucia se lava en casa, sin necesidad de recurrir a la justicia para pleitear contra quien les dio educación, comodidades que requieren apoyo y socorro. Cuando recibe lo contrario, ataques, aprovechando el estado desvalido más que pensar en la diferencia al rojo vivo, hay que calcular lo que será en 10 años cuando, como en el Miércoles de Ceniza: “polvo eres y en polvo te convertirás”.

Ganado el pleito o perdido, en modo alguno podrá ser timbre de orgullo la referencia de quien disputó judicialmente, con quien le dio vida, nombre de primer apoyo en la búsqueda de su patrimonio.

El patrimonio que dejo el autor de la herencia, el sr. Guillermo Jenkins, que por su obra emplea su nombre en español solamente como Guillermo y no William, está valuado en 720 millones de dólares (más de mil millones de pesos, que los últimos tres años paso de 10 a 18 pesos por dólar); en su ambición desmedida de los familiares del creador de la Institución de Asistencia Privada.

Así que, se quieren como hermanos y solo están de acuerdo unos en ayudar en el río de la fortuna para beneficios personales, abogados de dos millones de dólares.

Hay que recordar al siglo XVI, cuando el Rey Felipe II mandaba a los solicitantes apasionados: “sosegaos”, que al fin y al cabo llevan todas la misma sangre y la misma encomienda de respetar la voluntad de su familiar.

Viven en el mismo ámbito social y financiero, donde está prohibido escupir al cielo. Que no fue lo mismo cuando el acusador le dio contra don Manuel Espinosa Iglesias, director de Bancomer, y ahora sea contra sus padres, imputándoles delitos y responsabilidades penales.

Otra muy diferente fue la conducta de la hija del Chapo Rodríguez, quien, por vía de una entrevista, refirió la relación con su padres y la disposición de defenderlo. El dicho popular “que poca madre” tiene aplicación.

El tiempo pasará y las aguas volverán a su curso y así lo deseamos para que la buena intención del familiar tenga cumplimiento. El testamento del excónsul de E.U., dispuso que: “siempre ha tenido la misma convicción que, en bien de sus hijos, los padres no deben dejarles grandes fortunas como herencia, sino más bien enseñarlos y ayudarlos a trabajar, para que ellos mismos ganen lo que necesitan, teniendo la creencia el propio señor testador que nadie, con capacidad para trabajar, debe gastar dinero que no haya ganado por su propio esfuerzo”.

Que pase la tormenta y salga de nuevo el sol y el arcoíris, es nuestro deseo. Pero hasta los próximos 300… y… algunos más…