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Los Trescientos y algunos más | Carlos González Gamio

  • Los Trescientos: Carlos González Gamio

– El exilio español… enriquecedor

– Festejo para doña Lolita Rengel

– Las modernas cenicientas

La semana pasada recibí una carta -algo rarísimo pues ya nadie envía cartas- de una maravillosa nonagenaria (mi condiscípula de la primaria diría mi editor) que fuera mi casera durante mi estancia en Barcelona, allá por los lejanos comienzos de los años 70.

Doña Rosario Castells fue, durante un año, como una segunda madre mientras estudiaba un diplomado en las escuela superior de estudios en marketing de esa impresionante capital cultural de España. Nos regañaba, nos curaba la cruda con “tintorro de verano” y “pan tumatu”, que era un trozo de baguette con tomate embarrado, ajo y jamón serrano, y nos ponía a barrer la calle como castigo. A una cuadra de Las Ramblas.

Me dice que en estos días recuerda con nostalgia que, a finales de este 2016, se cumplirán 80 años del exilio español en nuestro país, pues gran parte de su familia se vino a “hacer la América”, en aquellos álgidos días de la sangrienta guerra civil española.

Entonces comenzó el éxodo de ciudadanos republicanos a México entre cuyos integrantes salieron el 7 de junio de 1937, 500 niños ibéricos que llegaron a nuestro país como una especie de inocente embajada infantil a la ciudad de Morelia, por instrucciones precisas del presidente de la República Mexicana, el general Lázaro Cárdenas del Río. Aquí se les llamó cariñosamente como los niños de Morelia.

Después de esos pequeños, comenzaron a llegar cientos de españoles que adoptaron México como su segunda patria y se fundieron en uno solo con los nacionales, proporcionándole nueva sangre a nuestro país con su presencia, con su trabajo, con su cultura.

Así, en las áreas comerciales, crearon miles de fuentes de trabajo en panaderías, vinaterías, abarrotes, baños públicos, hoteles, cantinas, restaurantes; pero también enriquecieron a nuestra nación en los aspectos del alma. En la vida académica, cultural, intelectual y artística.

Los nombres, sería imposible apuntar todos: Bernardino Morán, Eulalio Ferrer, Enrique Martín Moreno, León Felipe, Carlos Velo, Rafael Segovia, Fernando Gamboa, Emilio García Riera, Héctor Rebaque, Paco Ignacio Taibo y tantos otros.

Y así, una mujer ejemplar, miembro distinguido de ese exilio enriquecedor, que ha vivido con el arte de vivir, cortó una hoja más a su calendario de vida hace unos días. Se trata de doña Lolita Rengel, viuda de Alonso.

Lolita Rengel, rodeada por sus nietas.

Lolita Rengel, rodeada por sus nietas.

Y es que el arte de vivir, no me canso de repetirlo, merece un lugar entre las bellas artes con el mismo derecho que la literatura puede ser colocada entre las humanidades; es el arte de obtener las mayores ventajas de la vida y sacar de ella su mayor fruición, con sus más altos resultados.

Para vivir se requiere de no poca proporción de arte. Lo mismo que la poesía y pintura, procede principalmente de la naturaleza, pero todos pueden cultivar y desarrollar el arte de vivir.

Hay seres que tienen la inteligencia y el arte de obtener goce y felicidad de la existencia, de ser felices ellos mismos y de hacer felices a aquellos que los rodean, y otros que no han cultivado su inteligencia y nada, conocen del arte de hacerse felices ellos mismos y a su familia.

Doña Dolores es de las primeras, por lo mismo, en días pasados, esta encantadora dama recibió una muestra de lo que ha sembrado, de ese cariño que ha otorgado a raudales durante su vida, llena de retos, de logros, de consolidar una familia estructurada, y unida, además de que son todos como personajes de Hollywood y amantes del arte en todas sus manifestaciones.

LOLITA ReNGEL y familia.

LOLITA RENGEL y familia.

Un banquete en la residencia de sus hijos, Alejandro Martín Moreno y su cónyuge Mariana Alonso Rengel, menú oriental, música espléndida y abundancia de bebidas espirituosas, hicieron una velada increíble en la que constaté que la edad no existe, cuando doña Concha Díaz Peinado se recetó de memoria una poesía de Machado de media hora y de memoria.

EL ANFITRIÓN, Alejandro Martín Moreno e invitados.

EL ANFITRIÓN, Alejandro Martín Moreno e invitados.

Por ahí, entre la verde vegetación, saludé a Leny Ruif, Libertad Farga, Eulalio Ferrer, Leandro y Ana Payró, Antonio Aspe, Angeles Barresgoiti, Aurora de Haddad, Mario Bautista O’farrill, Alejandra Ortíz Mena, Susana Linares, Federico Bautista, Gloria Rodríguez, Francisco Martín Moreno, Francisco Cano y señora, Fernanda González, la pléyade de nietas todas como modelos europeas, los otros dos retoños, el amigo de medio siglo Héctor, excampeón de automovilismo y actual empresario inmobiliario y la bella Lolita, también exitosa desarrolladora, con muchos invitados más…

Ahí, degustando sushi de pronóstico, estuve recordando ancestrales vivencias con el amigo Toño Aspe, que aquí en México, mientras pasábamos veladas de eternas libaciones, vivió ejerciendo el periodismo la actual reina de España. Y me vino a la mente que la conocí en Guadalajara y me impresionó su belleza e inteligencia. Cruzamos palabras pero no me peló demasiado. Creo que le fue mejor en su vida actual que si se hubiera matrimoniado conmigo.

Con la boda de Leticia Ortiz Rocasolano y Felipe de Borbón, príncipe de Asturias, la historia de la Cenicienta vuelve a cobrar vigencia, pero le comentaba al gran Aspe que Leticia no ha sido ni la primera ni será la última, antes que ella hubo otras cenicientas. El rey Eduardo de Inglaterra se casó con la plebeya Wally Simpson el 3 de julio de 1937; el príncipe Rainiero de Mónaco contrajo nupcias con la plebeya Grace Kelly el 19 de abril de 1956; el príncipe AlíKhan unió su vida a la de la plebeya Rita Hayworth el 27 de mayo de 1949, entre otras bodas reales similares… por cierto, todas ellas casadas previamente, divorciadas y con vidas azarosas… Pero el tema es amplio y el espacio corto, así que nos vemos hasta los próximos 300… y… algunos más…

/arm