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Los Trescientos y algunos más / Carlos González Gamio

  • Los Trescientos: Carlos González Gamio

* Aquel México de los cincuenta

* Recuerdos del porvenir

Después de grabar unas cápsulas sobre el México de mediados del siglo pasado; aquella capital entrañable de los merolicos, los ropavejeros, los ciclistas voceadores que devoraban tortas de tamal para tener energía para repartir raudos alteros inmensos de periódicos de casa en casa, los vendedores de camotes, los pajareros agoreros, etc.

Ese México de cielos transparentes, en el que hasta los pillos eran finos; en el que en la Plaza de toros las bellas desfilaban con sus mejores galas, tiempos en los que el ciclón Carlos Arruza levantaba polvareda y a la pareja de moda formada por el flaco de oro y la Doña, le gritaba la raza con su ingenio característico: “María porque vienes de paraguas”, en referencia al espirifláutico Agustín Lara, que atildado con su traje obscuro sacaba chispas.

Esos cincuenta en los que frente al Excelsior, en el legendario Waikiki se reunían, después de echar copa en el Ambassadeurs, almas pías como Manolo Prieto, Carlos Denegri, Hugo Izquierdo, Bernabé Jurado y otros buenos cristianos para cerrar pista hasta la madrugada, siempre fumando sus cigarros “de carita” que era la moda entre la gente bien.

Esa gente que atiborraba el QUID, ese de las calles de Versalles, propiedad de Rogerio Azcárraga que regenteaba el simpático Jaime Rentería, todo un publirrelacionista. Comenzó años más tarde el auge de la zona rosa, hervidero de turistas bonitas con lo que dio comienzo el “boom” turístico de nuestra ciudad capital. Esa zona que era demasiado atrevida para ser blanca y demasiado recatada para ser roja, según el criterio del “infant terrible” José
Luis Cuevas.

Y entonces, inmersos en el tema turístico, ahí platicando con colaboradores amigos como Mayte Noriega enorme y culta periodista, Fernando Shutte, Carlos Ramos Padilla y otros colegas, la reflexión es sobre que la Secretaría de Turismo aconseja a los viajantes que no vayan a Egipto; ello debido a que ocho compatriotas fueron muertos y otros más, heridos, por un ataque aéreo en zona de guerra.

Hechos muy lamentables ya que la vida no retoña, familias quedaron desmembradas, tuvieron el consuelo de la visita que le hizo Claudia Ruíz Massieu, titular de Relaciones Exteriores y regresó en el avión presidencial, pero tenemos que ser congruentes, veraces y atender la dura y modificable realidad. l maestro Luis Ruíz, nos contó que en sus mocedades acabada la guerra, estudiante de preparatoria, acudió al aprendizaje de francés en el IFAL (Instituto Francés de la América Latina), benéfica Institución que difunde la cultura francesa y europea
entre nosotros.

Acabada la guerra, Europa maltrecha por los cinco años de contienda de 1939 a 1945, para revivir, lo más a la mano, para ganar dinero en el turismo.

EL IFAL organizaba excursiones por más de un mes y por mil dólares; París se salvó de la quema ordenada por Hitler en la demencia de saberse perdido.

Con sentido del arte y de la ética y aún a costa de su vida, el general responsable del país ocupado por los alemanes lo obedeció, gracias a esa hombrada subsiste integra la más
bella ciudad de estos tiempos.

Hace años que fue reconocida su valía al militar germano; Roma, con la intervención del papa Pio XII fue declarada ciudad abierta y tampoco sufrió los rigores de la guerra en cambio; Alemania quedó próxima a la destrucción total decretada por los aliados.

En el propósito del secretario de Hacienda americano Morgentau de volverla “un país de pastores”. Berlín, Colonia, Frankfurt, y las demás fueron arrasadas. Estamos viviendo que por la decisión la voluntad de los alemanes como el Ave Fénix, surgió sus cenizas que hoy disfruta de prosperidad plena y la más pujante economía del viejo continente.

De modo que, no es correcto negar las evidencias de que Egipto es muchísimo más que un lugar donde hubo injustos asesinatos y heridos. Egipto, así insistía el maestro Ruíz, junto con Mesopotamia, es el centro de la civilización moderna y anterior, según narran las Sagradas Escrituras, es mucho más que las Pirámides de Keops, el templo de Abúsimbel, el inmenso mar de la Presa de Asuán de cientos de kilómetros, albergando toda el agua del Lago Victoria Sudán en un volumen que si faltara el control el líquido barrería con el país. Egipto, como destacó Herodoto, es el don del Nilo, cuyo Delta en la desembocadura fertiliza el cinco por ciento de la superficie, el 95 por ciento es el desierto
del Sahara.

Es la tierra donde la hija del faraón rescató de las aguas a Moisés, no faltaron bromistas malévolos con la fábula de que Moisés era hijo de la faraonita, no se lo encontró de otra sino que lo presentó a su padre para evitar regaño.

Ahí también fue admirado por Napoleón, que al finalizar el siglo XVII, sostuvo ahí la Batalla de Abukir. Donde arengó a sus soldados destacando que “ahí cuarenta siglos los contemplan”, solados franceses que según cuentan, de un cañonazo quitaron la lengua a la Esfinge porque al pasar el aire por su hueco hacía ruido particular.

A mediados de la Segunda Guerra Mundial tuvieron batallas decisivas cuando Hitler dominaba Europa y envió al Mariscal Rommel. Se enfrentó con el Mariscal Montgomery y otros aliados. Y hasta con un pequeño contingente de la Francia libre, la Cruz de Lorena del general Charles De Gaulle.

En el aspecto musical, comercial, militar, la Compañía del Canal de Suez de Fernando de Less, abrió el Canal de Suéz, que fue vía directa al Mediterráneo en lugar del anterior recorrido por toda la costa africana.

Monarcas europeos vinieron a la apertura de la vía de agua frente a las Pirámides de Keops, Kefrenrren y Mikerinos; en la noche del desierto, Verdi estrenó “Aída”, la ópera más espectacular, con elefantes en el escenario.

Entre los asistentes estaba la española emperatriz Eugenia esposa del emperador Napoleón III.

Los periodistas colegas de tv educativa platicamos ampliamente sobre esto, llegamos a la conclusión de la necesidad de guardar las proporciones.

De conocer y dar a conocer las excelentes opciones para Turismo que tiene la Nación Mexicana, pero sin confundir que no es la misma confección la de los sastres de Picadilly circus, o de la vía Vittoria Emanuel de Millán, con las hechuras de sastre de pueblo.

Pirámides tenemos pero no igualables a las de la tierra de Cleopatra, donde enamoró a Julio César. Egipto tiene mucho más que ofrecer de estudiante interesado, para lo que mi próximo
invitado será el arquitecto Luís Ibarra.
Y hasta los próximos 300… y… algunos más…