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Los Trump como fenómeno social / Rosamaría Villarello Reza

  • Rosamaría Villarello

Se definieron como decisivas las primarias de ayer en Estados Unidos. Fuera del ya previsto triunfo de Donald Trump y de Hillary Clinton por sus respectivos partidos, de los cinco Estados votantes el más emblemático fue Florida, por el sentido de los votos.

Ha sido tal el encono que ha producido Trump que se ha despertado una alerta máxima sobre su actuar, que el propio presidente Obama ha tenido que hacer un llamado a toda la nación para calmar los ánimos exaltados que están llevando a una confrontación no vista en otros procesos internos.

Lo doméstico se ha convertido en una preocupación internacional como nunca antes, por lo que se esperaría, de cumplirse con lo que los estadunidenses llaman su destino manifiesto, de controlar el mundo, pero ésta vez a través de las manos de Trump. Todos opinan y todos se sienten o nos sentimos involucrados en lo que pasa en Estados Unidos. El famoso principio de no intervención en los asuntos internos, por ejemplo, que enarbola México, ha quedado inoperante ante la serie de ataques que ha esgrimido el republicano contra los mexicanos en particular.

Y no es para menos, pues aún con su posible derrota en noviembre próximo, se han desatado una serie de émulos en personas o partidos en el país del norte y en varias partes del planeta, toda proporción guardada, que han tomado la misma actitud de la ofensa y excitación a la violencia como campaña política, ya sea de izquierdas o de derechas.

Así lo ven analistas, señalan que Trump, de llegar a la Presidencia, aún como independiente, dicen que actuará de manera diferente a como se está comportando ahora frente a sus rivales que no distan mucho de su mensaje: Cruz y Rubio. Parece ser que este argumento lo han asimilado muchos de los propios latinos de Florida: no les importa si hablan en contra de sus raíces, de sus costumbres y de su cultura; contra los migrantes y en los términos más despectivos. Puede ser que con todo y la segregación racial que existe, incluso antes de Trump, estén convencidos que su vida es así.

Jair Bolsonaro es un aspirante de extrema derecha a la Presidencia de Brasil para el 2018, que ya hizo su aparición como tal. Metido a la política como diputado su discurso se ha centrado contra los homosexuales, y los que “no deben tener derecho a votar”: los analfabetos y los que no tienen un salario. Por lo mismo, una gran proporción de los brasileños quedarían fuera por no contar con estas últimas condiciones.

Las elecciones regionales en Alemania ganadas por la ultraderecha, y las actitudes en Gran Bretaña y España dejan ver, también, cómo el horror que sienten por la política migratoria de Merkel se ha posesionado del discurso político que sin duda cambiará el espectro social tanto para la UE, como para los refugiados.

Y ni hablar de aspirantes mexicanos que le llevan años anticipados a Trump, hoy agudizados con discursos de odio pero disfrazados de humildad y de bondad. Los buenos contra los malos.