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Los yerros de la política

  • Jaime Alcántara

Jaime Alcántara Silva

 

“Calumniad con audacia; siempre algo quedará”:

FRANCIS BACON
“La victoria tiene muchos padres, la derrota es huérfana”.

REFRÁN

Los enemigos del Presidente deben estar de plácemes; los de Manlio Fabio, igual.

Los peores escenarios para las elecciones del domingo pasado, eran que el PRI pudiera retener/conquistar ocho o nueve gubernaturas; lo que ocurrió no estaba en las consideraciones del mejor pitoniso.

Nuevos liderazgos asoman en el panorama nacional. El PAN en los Estados, Morena en la Ciudad de México.

¿Y, cómo le hicieron para llegar?

Todo parece indicar que hay una fórmula que no falla: atacar, atacar y atacar. Alguna vez, en una plática a servidores públicos, les decía que el mejor lugar para ganar una batalla legal era el Gobierno. Allí, donde todo mundo dice que hay arbitrariedad, malos tratos, prepotencia, un mediano abogado puede poner a sufrir al Jurídico mejor pintado.

En política es lo mismo.

A los golpes que le asestan al presidente Peña, solo oímos el silencio. Nada más. Sus malquerientes lo pueden poner peor que a Sonny Liston, cuando lo dejó para el arrastre el entonces Cassius Clay. Y, con él, todos aquellos que prestan sus servicios en aquellas entidades.

Todos “los sambenitos” colgados, los pasean los funcionarios, cual monje devoto, sin fruncir el ceño. Es una constante. Lo mismo si se refieren a la esposa del Presidente que al secretario de Hacienda o al director de Pemex.

Y de allí, poco a poco, cual castor construyendo su represa, el prestigio de los destinatarios es víctima de los venenosos dardos.

Lo mismo ocurre con los diputados y senadores, en lo particular. Cuando a estos integrantes del Poder Legislativo los golpean, se miran unos a otros para saber quién recibió el golpe. Ellos, los de las miradas, no, por supuesto. Siempre creerán que sus vecinos. Por eso nunca se defienden. Basta con que uno solo de los 500 diputados cometa una tontería, para tipificar a todos. Y ¿la defensa? nada.

Lo mismo pasó en estas elecciones.

A César Duarte lo acusaron hasta de haberse robado los clavos de la cruz del Mártir del Gólgota ¿y, él?, lo mismo, nada.

Así le estuvieron machacando a lo largo de las campañas, cuando los acusadores tenían más pecados que cabellos, pero la estrategia funcionó.

Difícilmente se verá una obra tan monumental como la que legó a los chihuahuenses el todavía gobernador, pero eso ni se vio en la jornada electoral. Lo único, los ataques por quién sabe qué pecados. Misil enviado, misil que daba en el blanco.

Con ello, los autores, Corral como “ave que cruza el pantano y no se mancha”, se la pasó acusándolo de todo, aunque nunca presentó un documento contundente en contra del gobernante. Pero funcionó la calumnia, la difamación. La constante exhibición de Duarte, a todas horas, en todos los medios, dejó una huella que salió al descubierto con la inusual derrota en la gubernatura, una de las consideradas como de menor riesgo.

Lo que sí salió en un cúmulo de memes y notas, fue la ostensible cercanía de él con el crimen organizado. ¿Y? nadie lo acusó de tener esas ligas. Quizá no hayan sido ciertas, pero el Gobierno del Estado, el candidato Enrique Serrano, pudieron usar tales informaciones para atacar, para defenderse.

Y a las derrotas, las culpas.

¿Qué le espera al presidente Peña y a su Partido? Eso está muy claro. En tanto él siga como va, “poniendo el huevo sin cacaraquearlo”, seguramente el PRI seguirá “en picada”.

Ahora bien, a la crisis, las oportunidades.

Lo veremos en los próximos días.

jaimealcantara2005@hotmail.com