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Lucifer, Satanás y todos los demás | ¿Cómo dijo? | Ricardo Espinosa

  • Cómo dijo: Ricardo Espinosa

Diablo es una de esas palabras que en nuestro idioma tiene muchos usos y muchos nombres: diablo, demonio, chamuco o maligno, si solo lo decimos en términos genéricos pero luego vienen todos los nombres que se le han asignado al jefe de los diablos y que ya se han convertido también en genéricos como Satanás y su apócope Satán, Lucifer, Luzbel, Mefistófeles y de éste último también la forma corta que es Mefisto, y si le seguimos, encontraremos otros.

En algunos casos se le llama “el íncubo”, de quien se decía popularmente que era el mismísimo diablo personificado en un guapo varón, quien andaba por el mundo conquistando a las mujeres más bellas para tener comercio carnal con ellas.

Seamos o no apegados a la tradición y a las creencias judaico-cristianas, el diablo tiene mucho qué ver en nuestra vida cotidiana. Usted como yo y como todos, tuvo alguno o varios amigos que llevaban por el mundo su apodo de “el diablo”. A alguno le llamaban así porque era muy mal intencionado en sus acciones y todo mundo le sacaba la vuelta. Otro se ganó el apodo simplemente por tener las orejas o las cejas puntiagudas o porque hizo el papel de Lucifer en la pastorela de la Iglesia, pero fueron y son diablos y diablos se quedan.

El chamuco es una forma creo que muy mexicana de llamarle a mr. Diablo y el nombre deriva de “el chamuscado”, porque chamuscarse para nosotros es quemarse y requemarse y el diablo ya está más quemado que algunos miembros de la política en este sufrido país.

Los niños malosos son diablillos porque hacen diabluras y un diablito puede ser un “puente” eléctrico diabólicamente instalado para robarse la energía sin pagar el recibo, o simplemente puede ser una especie de carretilla vertical para trasladar cosas pesadas.

En el escenario teatral hay unas baterías de lámparas que se llaman diablas y eso no tiene nada qué ver con una salsa riquísima con el que se aderezan precisamente unos camarones a la diabla.

“Pobre Diablo” es como calificamos a un tipo que no tiene recursos o que no destaca para nada. Sin embargo, cuando se suceden o amenazan con suceder consecutivamente una serie de desventuras se dice que “el diablo anda suelto”, aunque no alcanzamos a saber si de lo que anda suelto es del estómago porque entonces de pronto saldrá corriendo al baño velozmente “como alma que lleva el diablo”.

De la misma forma, cuando uno se siente atacado vilmente por la mala suerte, exclama ¡Me lleva el diablo! y habrá quien sea más descriptivo diciendo ¡Me lleva patas de cabra! identificando así al diablo con un fauno que es un ser lascivo que –efectivamente- tiene las extremidades inferiores como las de una chiva.

Hay muchas expresiones más que recurren al diablo para enfatizarse pero ya se nos acaba el espacio y tendremos que dejar eso para una futura ocasión.

Consultorio Verbal

Comodijo2@hotmail.ne

Monterrey, N.L.

PREGUNTA DEL PÚBLICO: Mi duda es acerca del verbo mecer –dice Anahí (sin apellidos) ¿cómo se debe decir “no me mescas” o “no me mezas”? Acá he escuchado que dicen “mescas” pero es una palabra rara y no se si exista,

RESPUESTA. Efectivamente, la forma mescas no existe. Lo correcto en ese caso sería “no me mezas”. Curiosamente a casi todos los verbos terminados en “ecer” en una situación similar se les aplica el sufijo “ezcas”, como del verbo crecer, “ya no crezcas”, del verbo agradecer, “no me agradezcas”. Sin embargo, el verbo mecer es la excepción y en ese caso lo correcto es “no me mezas”.

AHORA PREGUNTO: En lo relativo al blasón, que es el arte de describir los escudos de armas, aparece con frecuencia el “león rampante”.

¿Qué significa la palabra rampante”

a.- Rugiente / b.- Atacante

c.- Trepante / d.- Expresivo

RESPUESTA c.- En español existe el verbo rampar que es trepar: el león rampante está en actitud de trepar o de asir algo con las garras.

Ya me voy y me voy recordando lo que decía el existencialista Jean Paul Sartre: algún día, en alguna parte, te encontrarás a ti mismo y ése, solo ése, puede ser el más feliz o el más amargo momento de tu vida. ¿Cómo dijo?

/arm