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Lujos de burócratas / Cuchillito de Palo / Catalina Noriega

  • Catalina Noriega

La que se armó con el reportaje de Reuters. La agencia de prensa extranjera publicó un artículo sobre los gastos de viajes de empleados de la Secretaría de la Función Pública, que sacó espuma de la boca de centenares de aztecas.

Los comentarios impresos y los de las redes sociales escupieron insulto tras insulto a un PRI que, según ellos es el mayor símbolo de la corrupción. ¿Creerán estos indignados compatriotas, que quienes sirven en los gobiernos encabezados por otros partidos, entregan mejores cuentas?

Todos, sinvergüenzas y siempre dispuestos a aprovecharse de los dineros ajenos (al fin y al cabo salen del erario, de la impresionante recaudación que hace el “talentoso” Aristóteles Sandoval).

La periodista Elinor Comlay se refirió a cuatro funcionarios por su nombre, uno de los cuales aparece como un ente responsable, que sólo comió sándwiches y devolvió gran parte de los viáticos. Los demás cayeron en el fango de los cínicos y descarados parásitos que viven a nuestras costillas.

La peor, una tal Hilda García, que cenó en el piso superior de los reconocidos almacenes Harrods de Londres, “caviar, salmón y champán”. Al cuestionamiento de la entrevistadora, la “servilleta pública” de marras contestó, que “no todos los días se tenía el privilegio” de comerlo.

Me queda claro que la tal damisela no sobresale por sus neuronas, o, ¿se le ocurriría a un político salir con semejante respuesta? Según se dijo, había dejado de colaborar en la SFP, desde hacía algunos meses, aunque de acuerdo al Secretario del ramo, el inefable “ricitos de oro Andrade”, se le despidió de inmediato, tras la nota.

Caviar va, salmón viene, el punto es que se les dota para los viajes con unos viáticos diarios, de 450 dólares, sin que se tengan que comprobar a conciencia, como sucede en otros países del mundo, por ejemplo, Estados Unidos.

El hilo empieza a romperse por lo más delgado. La sociedad se injerta en pantera, por el nuevo avión presidencial y pone al tlatoani como lazo de cochino, aunque ni siquiera él hiciera la adquisición (se compró durante el Calderonato).

El derrame de bilis da inicio con el destape de la Casa Blanca y la de Malinalco. De entonces a la fecha, cualquier denuncia que huela a corrupción, sea o no verídica, agravia a extremos de potencializar la ira ciudadana.

El Gobierno despierta sospechas, pierde toda credibilidad y se les designa con los peores adjetivos. Se reniega del regreso del Tricolor y se les generaliza la etiqueta de rateros.

La oposición le saca raja a cualquiera de estos asuntos, mientras entierra trastupijes de los tamaños del exgobernador Padrés, o de las cuentas enrevesadas de tantos de sus militantes.

Poco se condenan los hurtos mayores, como los de las denuncias de la Auditoría Superior de la Federación, en las que la danza de los millones es interminable y auténtico espejo de la podredumbre.

Menos se condenan los horrores de la presunta porqueriza de OHL y sus benefactores. Tampoco se habla de los contratos a HIGA (Constructora del señor Hinojosa a quien se conecta con la faramalla de la Casa Blanca). Las masas enloquecen por una señora que comió caviar y dejan pasar negociazos en lo oscurito, creadores de fortunas ilimitadas.

Es indignante que se malgaste y despilfarre el dinero público. Que, hasta el menor de los funcionarios se trate a cuerpo de rey, con los haberes que provienen de los impuestos. Lo que no se vale es satanizar a cuatro genízaros, mientras en las alturas se forran de oro y como que nadie se entera.
catalinanq@hotmail.com

Twitter: @catalinanq