imagotipo

Lula decepciona / Punto de Vista / Jesús Michel Narváez

  • Jesús Michel

Allá en el año 2003, “la revolución obrera” había triunfado con el arribo de Luiz Inácio da Silva a la presidencia del país más grande de América Latina, sumergido por décadas en el autoritarismo y corrupción que, inclusive en 1992 obligó a Fernando Collor de Mello a renunciar por sus actos ilegales. Desde entonces y hasta que Lula terminó su mandato, todo parecía fortalecer a la democracia. Por el impedimento de un tercer Gobierno consecutivo, el obrero impulsó a su pupila Dilma Rousseff quien ganó las elecciones de 2010 para asumir en enero de 2011.

En los primeros dos años de Dilma todo se movía como reloj aceitado. Seguía el dinero fluyendo para los pobres. Sin embargo, la economía comenzó a descomponerse y dos eventos globales: el mundial de futbol y las olimpiadas obligaron al gobierno a realizar inversiones cuantiosas, unos 30 mil millones de dólares. Construcción de estadios, de instalaciones deportivas para atletismo y demás, se erigían en tiempo y forma. El ingreso por la exportación de petróleo comenzó a disminuir y por tanto dejó de entregarse a los que habitan en las favelas. Los pobres reclamaron. Dilma acudió a la inauguración del Mundial 2014 y fue abucheada. Lula comenzó a vivir el viacrucis. Fue acusado de proteger a directivos de Petrobras. Las indagatorias fueron avanzando y todas tomaron un solo camino: Lula era responsable.

Ante el evidente encarcelamiento, Lula convenció a Dilma de que lo nombrara Jefe de Gabinete. Lo hizo. Protestó. Un juez suspendió las funciones. Dos veces más le anularon el nombramiento. Lula está en la calle. Defiende a Dilma. ¡Qué decepción!

E-mail: jesusmicheldir@oem.com.mx