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Trabajando con el agua, no contra ella | Ma. Esther Estrada M.A. | Corresponsal

  • María Esther Estrada

“Dios creó al mundo, los holandeses crearon Holanda”, reza un refrán popular en los Países Bajos.

Esto tiene mucho de verdad, puesto que hace siglos gran parte de este territorio estaba ocupado por lagos y lagunas que con paciencia e imaginación los neerlandeses han sabido secar y así irle ganando terreno al agua de ríos y del mar.

Ya el nombre del reino lo dice, por ello no sorprende saber que más del 25 por ciento de su superficie se encuentra bajo el nivel del mar.

Para proteger su línea costera han optado por defensas blandas donde se pueda y duras donde se requieran. En otras palabras, menos diques de piedra o esclusas y más dunas para reducir los riesgos que traen consigo el cambio climático y el incremento en el nivel del mar.

Con esto en mente, Marcel Stive, profesor en la Universidad Tecnológica de Delft, en conjunto con otros especialistas, diseñó lo que se conoce como el “Motor de Arena”, que no es otra cosa que apoyarse en la propia naturaleza para evitar la erosión costera.

Se lo voy a poner en palabras muy sencillas: Debido a las corrientes marinas, las olas y los vientos, cada año se pierde millones de metros cúbicos de arena en las playas.  El costo de reponerla es enorme, pero hay que hacerlo.  Una de las maneras tradicionales es periódicamente acarrear arena y depositarla “de un jalón” en la costa, con las consecuencias fatales que esto tiene para la flora y fauna marina que ahí vive.

Este proyecto busca aprovechar esas mismas corrientes que se llevan la arena poco a poco para que la “cojan” de un lugar y la vayan reponiendo también poco a poco en otro lugar, sin dañar a los seres que habitan la costa del Mar del Norte. Además es más económico llevar arena a un solo lugar y en una sola ocasión.

¿Cómo lograrlo?

Empezaré por decirles que este es un programa piloto.  Un experimento que de tener éxito se podrá usar en otros lugares de la misma Holanda y de mundo.

Otro aspecto importante es que es un proyecto en el que participan muchas instancias públicas y privadas, de universidades como la Tecnológica de Delft y la de Wageningena importantes centros de investigación como Deltares.

Parte de los recursos se obtuvieron del Fondo Europeo de Desarrollo Regional.  En total se estima un costo de 70 millones de euros (1,381 millones de pesos mexicanos).

Ahora así, entremos en materia

En 2011 crearon una península artificial entre el puerto de Róterdam y La Haya.  Para ello usaron 21.5 millones de metros cúbicos de arena que recogieron 10 kilómetros mar adentro.  La forma y su ubicación estaban muy estudiadas.  En ese momento ocupaba 128 hectáreas.  La idea es que un 30 por ciento de la arena se mueva al sur y un 70 por ciento al norte.  Muy importante, el objetivo es que la playa en su ámbito de influencia se mantenga “en buen estado” y que no sea necesario “resurtirla” de arena durante 20 años.

 

A cinco años de distancia, en 2016 están evaluando el comportamiento de la península y su arena.  Para ello cuentan con información diaria que obtienen de las 8 cámaras colocadas en un mástil de 40 metros de alto ubicado sobre la misma península además de otras mediciones que se hacen en la costa (vía jet ski y próximamente con ayuda de drones).

Su conclusión inicial: el Motor de Arena se está comportando casi como lo habían proyectado y, lo más importante, las defensas costeras han mejorado comparadas con las de hace cinco años que se inició este proyecto.  Como efectos colaterales ha creado opciones recreativas para quienes viven alrededor, especialmente  quienes practican el windsurfing, y se ha convertido en hogar para focas y muy diversas aves.

Es interesante ver cómo ha cambiado su forma. Tuve oportunidad de mirarla desde las dunas cercanas en una tarde con bastante viento, de ese que colabora para repartir la arena en la costa. Aunque hacía mucho frío (a pesar de estar en la primavera) éste se compensó con la intensidad de las explicaciones de Bert van der Valk, consultor senior de Deltares, y de Miguel de San Lucas, investigador del mismo instituto.

Construyendo junto con la naturaleza

Autoridades de países vecinos como Bélgica, Francia y Reino Unido, además de otros como Estados Unidos, Perú, Sudáfrica y del Sureste Asiático han seguido de cerca y con mucho interés los resultados de este Motor de Arena, un proyecto único en el mundo que se basa en el principio de construir con la naturaleza.

Los resultados de este quinquenio (2011-16) se presentarán al público en un congreso internacional que se llevará a cabo en Septiembre en La Haya.

Mayor información en: www.dezandmotor.nl

La experiencia de vivir bajo el nivel del mar

¿Se imagina vivir bajo el nivel del mar y no tener que usar traje de buzo?  Para mí sigue siendo motivo de admiración que mi casa esté 1 metro por debajo y yo viva tranquila… y por supuesto sin escafandra.

La confianza en las medidas que los neerlandeses han tomado para proteger a su población y a buena parte de su planta productiva es total.  Eso no quita que cada vez que voy a la playa con mi bicicleta me reitere que es el único lugar en el mundo en el que para ir al mar hay que subir.

Su dominio de la ingeniería hidráulica se pone de manifiesto es proyectos como este Motor de Arena, que todavía dará mucho de qué hablar en los años por venir.

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