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Macron, presidente de Francia

  • Javier Oliva Posada

Como en el pasado 8 de noviembre de 2016, espero no equivocarme en mi pronóstico. En aquélla ocasión, el electorado estadunidense y sus complejas reglas dieron el triunfo a un candidato que lo fue, a pesar de la propia estructura de su partido. Así, que ahora, pasado mañana, cuando se realice la segunda vuelta electoral en Francia, deberán imponerse las experiencias y consecuencias de los resultados en Estados Unidos y del Brexit en el Reino Unido.

Como recordaremos, el domingo 23 de abril se realizó la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia. Se presentaron cinco candidatos. Emmanuel Macron, que obtuvo el 24.01 por ciento, Marine Le Pen alcanzó el 21.30, François Fillon, el 20.01, Jean-Luc Mélechon, 19.58 y el oficialista Benoit Hamon, con un alarmante a la baja, 6.36, que representa el peor resultado del Partido Socialista en su historia. La primera reacción de dos de los tres derrotados fue expresar sin reparo, su apoyo al centrista y exministro de Economía y Finanzas del Presidente François Hollande.

Jean-Luc Mélechon (izquierda radical) no se ha decantado por la opción de centro que representa Macron, lo cual sin duda, beneficia las posibilidades de Marine Le Pen y de su organización. el Frente Nacional. También es muy relevante considerar, que por primera vez en la historia de la V República Francesa, fundada en 1958, ninguno de los partidos políticos que se han alternado el poder, lograron pasar a la segunda vuelta. Así que tenemos a un candidato y muy posible Presidente (el más joven en la historia reciente, 39 años, por cierto) contra una aspirante que encarna los sentimientos más profundos del radicalismo xenófobo y racista de ese país.

Cuando en 2002 el padre de Le Pen también logró pasar a la segunda vuelta, fue derrotado 80 contra 20 por ciento ante Jaques Chirac. En donde por cierto el aspirante presidencial derrotado del Partido Socialista, Lionel Jospin, se abstuvo de llamar a votar por la derecha moderada contra la derecha extrema. Ahora, desde luego que son otras condiciones, pero no por ello, menos peligrosas, la posibilidad de las regresiones sobre la democracia, libertades y futuro de la Unión Europea.

Así como en el siglo XVII, Estados Unidos, Reino Unido y Francia, cada uno con sus movimientos y revoluciones, daban inicio a la era moderna del liberalismo y la democracia, también de forma sincrónica en el siglo XXI, enfrentan riesgos y ponen a prueba desde distintos ángulos aunque con argumentos similares, la fortaleza de sus instituciones, leyes y prácticas democráticas. De allí que pese a que se dé por descontado el triunfo de Macron, lo relevante será la diferencia de votos y porcentajes respecto de Le Pen.

Pero también qué líderes políticos y con qué argumentos, se sumen a la causa que representa un candidato que puede derrotar las aspiraciones anti europeas del Frente Nacional y a la vez, encarna la posibilidad de que la democracia francesa pueda recomponerse después de una verdadera sacudida. Por ejemplo, un Presidente sin partido ¿cómo y con qué aliados gobernara desde la Asamblea Nacional (o Congreso de la Unión para nosotros)? Por otra parte, no debe dejarse de lado ni menospreciar, esta consistente inercia de sólidas expresiones antisistema que observan las democracias fundacionales de nuestra época. Sobre todo en México cuando estamos en la víspera de nuestros comicios presidenciales.

javierolivaposada@gmail.com