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Madurez democrática de Francia

  • Yolanda de la Torre Valdés

Entre las etapas más incipientes de una democracia se cuenta aquella en la que pareciera que lo único importante es conseguir votos. Por supuesto que es importante, es básico, pero lo que no resulta tanto es cuando se aplica aquello de “el fin justifica los medios” y con tal de conseguir sufragios que permitan ganar una elección se llega a lo que sea.

Es así que en diferentes países en los que la democracia aún no muestra una madurez de fondo, existen agrupaciones políticas que con tal de crecer y conseguir los sufragios que lo permitan se dan margen para todo, desde obtener financiamiento de forma ilegal, hasta favorecer acciones al margen de la Ley de grupos de toda índole, con tal de acceder a los votos que los líderes de éstos ofrecen sin mayor escrúpulo.

Pero quizá uno de los síntomas más claros de que una democracia comienza o bien ya ha logrado tener una madurez, radica en la disposición de los competidores a reconocer derrotas cuando las llegan a vivir.

Uno de los ejemplos que han sido más destacables en los meses recientes, se dio el domingo 7 de mayo, en la segunda vuelta electoral de las elecciones presidenciales de Francia, donde resultó triunfador el centroderechista, Emmanuel Macron, quien a sus 39 años se convierte en el presidente galo más joven de la historia, tras vencer a la política de extrema derecha, Marine Le Pen, hija del ex líder xenófobo francés, Jean Marie Le Pen. Se trata de una persona a la que hasta hace no muchos días se le señalaba como la Donald Trump francesa.

Marine Le Pen es una persona que dista de ser carismática, no solo por sus expresiones contra todo aquello que no sea francés, rechazando la inmigración procedente de Siria y otras naciones musulmanas, queriendo dejar atrás a la Europa unificada y además conduciéndose de forma burlona ante quienes no coinciden con ella, como llegó a mostrarse con Macron en un debate previo a la segunda vuelta electoral.

Pero aún con todas esas características, Marine Le Pen se mostró respetuosa de la tradición democrática francesa y tras ser derrotada por Emmanuel Macron, quien logró el 65.1 por ciento de los votos, procedió sin dudar a reconocer su derrota y desearle éxito al que será el nuevo mandatario galo.

Tal reconocimiento, inevitablemente hizo pensar en Donald Trump, cuando en uno de los debates que sostuvo con la entonces candidata presidencial demócrata, Hillary Clinton, expresó que él solo reconocería los resultados electorales si éstos le eran favorables, dejando en suspenso la forma en que procedería si resultaba perdedor.

Ante un panorama como el descrito, no falta quien tras el triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos de noviembre pasado, la democracia de ese país pueda correr el riesgo de retroceder. Pero, por otra parte, el ver la reacción ante la derrota de una persona como Marine Le Pen, lleva a ver consolidada una democracia como la francesa una vez más.

Finalmente, la democracia es como la amistad, que se demuestra no solo en las mejores circunstancias, ya que se consolida cuando se viven condiciones que no son las mejores, como ocurre con una derrota. Así como una amistad se muestra en plenitud cuando se acompaña al amigo en condiciones adversas, la vocación democrática se vuelve cierta al aceptarse resultados que no favorecen. Es algo que se demostró en Francia para bien y que aún en naciones como Estados Unidos, al no procederse en ese sentido, puede ponerse en riesgo hasta la democracia más añeja.
* Senadora de la República

yolandadelatorre@senado.gob.mx

YolandaDeLaTorreV

@Yoladelatorre