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Maduro: bajo asedio pero en combate 

  • Miguel Ángel Ferrer

Desde el 1 de enero de 1959, el gobierno revolucionario cubano ha estado bajo ataque. Lo mismo que el gobierno revolucionario de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro desde 1999. Luego de casi sesenta años de inmisericorde asedio económico, militar, diplomático y mediático, el movimiento encabezado por Fidel y Raúl ha permanecido y avanzado.

Pero la agresión no cesa.Y no hay visos de que pueda cesar. Recuérdese que el bloqueo económico, comercial y financiero continúa inflexiblemente. Inclusive sigue vigente la posibilidad, nuca descartada y jamás descartable de una invasión militar directa por cuenta de Estados Unidos. A este respecto conviene recordar que el mismo día de la toma de posesión de Donald Trump, el gobierno cubano puso en marcha ejercicios militares de gran envergadura. Una señal indudable de que la isla está preparada para la eventualidad de una agresión militar.

La lección es nítida. A pesar de las agresiones y el peligro permanente, Estados Unidos no ha logrado sus propósitos de derrocamiento del gobierno revolucionario. Con las salvedades del caso y guardando todas las proporciones que haya que guardar, Venezuela enfrenta la misma situación que afrontó Cuba durante décadas y que, con un perfil menos beligerante, continúa enfrentando.

El gobierno de Nicolás Maduro se encuentra bajo asedio pero está en combate. Y mientras haya esa disposición para no rendirse, no hay razón para el pesimismo. Son ya casi veinte años de batallar. Y hasta ahora el gobierno revolucionario ha sorteado con éxito la embestida derechista. Lo mismo en el plano interno que en el exterior. Siempre con base en iniciativas audaces y adecuadas a las cambiantes circunstancias de la agresión siempre presente.

En el ámbito exterior, la salida de Venezuela de la Organización de Estados Americanos (OEA) fue una de esas jugadas audaces y, podría decirse magistrales, del gobierno de Maduro. Y en el plano interno debe consignarse la convocatoria a una Asamblea Constituyente que ha dejado a la derecha y a Estados Unidos frente a una situación nueva e inesperada, para la que no han encontrado respuestas, salvo la descalificación y el aislamiento. Nada de esto, desde luego, elimina el peligro. Pero un balance objetivo de los hechos da pie al optimismo.

Por ahora la clave está en la Asamblea Constituyente. Maduro y su gobierno han devuelto el conflicto a un nuevo plano democrático. Se trata de una iniciativa altamente movilizadora de las bases sociales y populares del chavismo. Y no parece que la derecha tenga la fuerza suficiente para enfrentar en las urnas al chavismo en movimiento.

A la derecha, por lo demás, se le agotan las municiones. La violencia irracional y desmedida ha mostrado sus límites. Y ahora mismo la opción está entre la Asamblea Constituyente y la violencia desaforada y sangrienta. De modo que a pesar de la agresión interna y externa, con la salida de la OEA y la convocatoria a la Constituyente, Maduro y su gobierno han retomado la iniciativa.

Lo esperable en consecuencia es, como en el caso cubano, la continuación del asecho derechista e imperialista y la continuación de la defensa del proceso revolucionario. Sólo que a partir de aquellas dos audaces iniciativas de Maduro, el chavismo ha reagrupado sus fuerzas y mejorado sus condiciones para el combate de los próximos años.

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