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Maltrato en el aeropuerto capitalino (III) / Razón de Estado / Joaquín Narro Lobo

  • Joaquín Narro Lobo

Veinticinco horas después de lo planeado, por fin comenzamos nuestro viaje hacia Houston, Texas. En medio de una incertidumbre que duró tres cuartas partes de todo un día, lo que más nos lastimó a los pasajeros fue la mentira y el engaño de una aerolínea que jamás tuvo la capacidad de enfrentar un problema reconociendo la realidad y la verdad, así como la falta de apoyo y solidaridad de las autoridades del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y la Procuraduría Federal del Consumidor. La primera de plano nunca hizo nada por más de 150 pasajeros que lo único que queríamos era llegar a nuestro destino. La segunda apareció a través de dos funcionarios que se limitaron a tomar algunas notas generales sobre la situación en la que nos encontrábamos.

En cuando menos un par de ocasiones, un servidor utilizó su cuenta de Twitter para hacer un llamado desesperado a las autoridades del Aeropuerto y de la Profeco. La única respuesta que obtuve fue más de 60 horas después de mi mensaje, indicándome que si tenía alguna queja, debía solicitar una cita para presentarla formalmente. “@JoaquinNarro Hola. Haz cita en #Procitel bit.ly/1lsn8DV si quieres presentar tu queja y te ayudaremos. ¡Saludos!”. En épocas en las que la tecnología debiera servir para estar en contacto con nuestras autoridades, es imposible dar crédito a la displicencia con la que la Profeco se condujo. Más aún si consideramos que las fechas decembrinas son de alta demanda en servicios turísticos como los aeroportuarios y que ello implicaría contar con personal suficiente para atender a los consumidores.

Seguramente la que entonces era titular de la Procuraduría Federal del Consumidor y que hoy aspira a gobernar el Estado de Aguascalientes, Lorena Martínez Rodríguez, no estuvo al tanto de lo sucedido ni del personal a su cargo y desplegado en las instalaciones del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, como tampoco lo estuvo de las omisiones institucionales que llevó a varios a sentirnos engañados y maltratados por United Airlines e ignorados por autoridades cuya principal función es la de cuidar y procurar la calidad de los servicios hacia los consumidores. A esas horas, mientras a los viajeros nos hacían la vida imposible y unas vacaciones se transformaban en un martirio, probablemente la entonces titular de Profeco ya hacía sus maletas para buscar conquistar una nueva aventura en las lides político-electorales.

Sirva esta reflexión como una queja contra United Airlines, el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y la Procuraduría Federal del Consumidor, institución que en poco más de tres años de la presente administración va por su cuarto titular, después de Humberto Benítez, Alfredo Castillo y Lorena Martínez. La queja debió de iniciarse en el momento en que dos jóvenes con identificación y chaleco de Profeco tomaron nota de lo sucedido, y no el día del fin de año mediante una “alegre” invitación tuitera a hacerlo después de solicitar una cita. Las autoridades que no actúan con oportunidad ante los problemas de los ciudadanos son omisas e ineficientes. Este, cuando menos en mi viacrucis decembrino, es el caso de la Profeco.

* joaquin.narro@gmail.com

Twitter @JoaquinNarro