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“Mamá por siempre” en el Wilberto Cantón | Teatrikando | Benjamín Bernal

  • Teatrikando: benjamín Bernal

Acudimos al edificio sede de la sociedad General de Escritores, Sogem, para ver a Rebecca Jones y Manuel Ojeda en una obra que ya estuvo hace años en la cartelera; el texto y las actuaciones fueron diferentes sin duda. En aquel Momento, 2011, la interpretaron Héctor Suárez Gomíz al lado de Beatriz Martínez, se llamaba “Por el placer de volverte a ver”, en un hotel de la Zona Rosa. Ese nombre no me decía con exactitud lo que contenía el texto de Michel Tremblay, canadiense, ese montaje me gustó quizá porque entendí lo que pretendían -y casi se logra.- Ahora le cambian detalles, momentos, situaciones, con la dirección de Manuel González Gil, también con un elenco estelar, a prueba de bomba.

Así que me dio gusto ver que el autor aborda un tema universal y vigente; la adaptación de Manuel González Gil permite una evolución minuciosa para que veamos un niño-joven-adulto en sus diferentes etapas y psicologías. Al finalizar la función de estreno, el productor Sergio Gabriel recordó que apadrinaron hace varios años Made in México Armando Manzanero y otras personalidades, lo que dio suerte al legendario montaje; para “Mamá por siempre” invitó a Ana María Alvarado, Fabián Lavalle, Luis Magaña, Gustavo Adolfo Infante y el autor de Teatrikando, cada uno fue expresando su sentir y deseando una larga temporada. Alguno de ellos opinó que la madre de la obra era limitante de alguna forma, lo que yo no comparto, entiendo sí, que la mamá tiene mente de novelista, cuentista, inventora de sucesos que llevará al pequeño a vivir (crear) su realidad, solo cuando dibuja palabras en su cuaderno.

REBECCA JONES y Manuel Ojeda en “Mamá por Siempre”.

REBECCA JONES y Manuel Ojeda en “Mamá por Siempre”.

¿Así nacen las vocaciones? ¿es genético el asunto? ¿A todos nos ha inoculado, contaminado, enamorado alguna persona, madre, padre, maestro, figura pública? si, para decidir una línea vivencial. Esa es la parte medular de la obra, reír con todas aquellas charlas que nos han dejado huella imborrable. Si, quizá esa madre que interpreta Rebecca inventa historias imposibles de ser reales: la tía que se dejaba atrapar por la lavadora el brazo y era llevada al hospital, para recibir decenas de puntadas del cirujano. O cuando un suceso pequeño es elevado a la N potencia, terminando el niño en una imaginaria correccional, como suele decirse ahora en redes sociales: “si tu mamá no te amenazó con llevarte a un orfanato o correccional es que quizá eres huérfano” detecto algunas diferencias incidentales, en algún momento se hablaba de pedradas, ahora son cohetes, el guiso para los invitados era filete término medio, ahora son chiles en nogada -no afectan la mente y simpatía de los personajes-.

Esta obra tiene un fuerte mensaje de amor, ternura y buen humor del que estamos ayunos, en el siglo XXI gozamos de más tecnología y múltiples diversiones y vamos olvidando que somos seres necesitados de recuerdos dulces.

/arm