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“Mamá te construye… o te destruye”

  • Mente abierta: Tomas López

Esta es una frase llena de verdad, pues si bien el padre tiene una parte de responsabilidad en la formación integral de los hijos, son, sin duda las madres, las que desde la concepción, es decir, nueve meses antes del parto, son quienes ejercen una influencia determinante en la formación del carácter, personalidad y psicología de los hijos, especialmente en los primeros años de existencia.

Vayamos a un ejemplo concreto: Las madres castrantes. Y es que sin duda, hay cariños que incluso llegan a matar y en este sentido podemos encuadrar a las madres que someten a sus hijos desde el inicio de la vida, creyendo o no que “es por su bien”.
Nada más falso

Son madres, más que vigilantes, escrutadoras y, por ende, obsesivas, inquisidoras que vigilan todas las actividades de sus hijos, aún a distancia; estas mamás hoy vienen aumentado su poder gracias a la tecnología moderna que nos ha dado el teléfono celular, instrumento de sometimiento para unas y otros.

Es a través de este aparato, que le siguen todo el tiempo los pasos a sus hijos, para apenas dejarlos respirar con dificultad. Les llaman varias veces al día, les preguntan dónde y con quien están, les piden que les comuniquen con sus amigos, e incluso que les manden fotos de dónde y con quién se encuentran. Es claro que no confían en nadie y menos en sus hijos. No importa si ellos avisaron a dónde iban, lo importante es vigilarlos de cerca y los métodos despegados van desde el acoso, la injuria y la amenaza con represalias, hasta una mala señal de “amor y preocupación”, por sus vástagos…

”Solo quería saludarte”… “Es que solo quiero decirte que ¡te quiero!.. “Cuídate mucho”… “No llegues tarde”… “De regreso a casa, ¿me traes pan?”.

Estas y muchas otras frases son las que emplean las mamás inquisidoras… y castrantes.

Y si los hijos son adultos que salieron huyendo de la casa maternal,  llegando incluso al matrimonio como una ruta de escape, la cual al final solo será otra trampa, no importa. Mamá siempre estará presente, pasando incluso por encima de la intimidad de la nueva pareja o sus intenciones de soledad; restando claro autoridad a nueras o yernos… Lo importante es mantener el poder sobre los hijos, en esta necesidad insana de control sobre todo y sobre todos, familia, vecinos, compañeros de trabajo…

Otras veces exigen a sus hijos que la visiten con frecuencia, si no es que obligadamente en el descanso semanal.

También los culparán de todos los males físicos, sentimentales, económicos, e incluso psicológicos, como la depresión por la que pasa la madre, por la lejanía de los hijos.

El problema se dispara dramáticamente cuando se trata de hijos únicos, porque le será muy difícil rebelarse a esta autoridad extrema directa o indirecta disfrazada de amor maternal.

Para someter a los hijos, todo se vale: amenazas, gritos, groserías, golpes, llanto, chantaje, manipuleo físico y verbal, engaño, incluso llegar al extremo de enfermarse leve o gravemente:

Lo importante es tener a los hijos cerca, muy cerca, pues solo su felicidad y tranquilidad es la que vale, piensa ella.

Recuerde: una madre castrante es aquella que de manera inconsciente anula la autoridad del padre y ejerce una influencia negativa sobre la educación de sus hijos. Suelen ser contemplativas, generosas, dadivosas, amables, serviciales, con espíritu de sacrificio, en resumen, son las madres que viven por y para los hijos, siendo madre de ellos para toda la vida.  Este tipo de madre genera en los hijos unos lazos afectivos (cordón umbilical nunca cortado psicológicamente que los unirá hasta la muerte) muy difíciles de cortar, de manera que el desarrollo psicoemocional de los mismos se retrasa porque se produce una fijación del amor y del deseo hacia la madre, provocando un rechazo inconsciente hacia todo hombre o mujer del mundo exterior.

El resultado no puede ser más devastador para los hijos, pues en grandes términos generales, los hijos de madres castradoras o castrantes, tienen las siguientes características. Se vuelven introvertidos y, por lo general son reservados y tímidos.

No son capaces de manejar los conflictos y resolverlos de manera sana porque están acostumbrados a que sus padres arreglen todo por ellos.

Es común que tengan baja autoestima, poca confianza en sí mismos y les cuesta trabajo
tomar sus decisiones.

Pueden volverse perezosos y totalmente dependientes; pierden su sentido de la individualidad, ya que todas las decisiones las toman sus padres, especialmente mamá.

Cuando es necesario que tomen una decisión se sienten totalmente perdidos y preguntan a su mamá sobre lo que deben y no deben hacer. Tienden a aplazar la toma de decisiones importantes.

Viven bajo mucha tensión debido a las expectativas poco realistas de sus padres y si no cumplen con ellas (o les parece que no cumplen) se deprimen. Miden su valía desde el punto de vista de su mamá.

Tienen grandes dificultades para manejar situaciones difíciles, pues no tienen herramientas para hacerlo, sus padres siempre lo han hecho por ellos.

Recuerde: El único remedio es la desobediencia, el alejamiento físico y no ceder al chantaje. Y, claro, acudir unos y otros a psicoterapia… Urgente.